«Es una consecuencia de sociedades injustas y poco éticas»

El experto Felipe Lagarejo indica que el fármaco no cambia la forma de pensar

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Imagen de archivo. / E. D.

El psicólogo Felipe Lagarejo, del Colegio de Santa Cruz de Tenerife, insiste en que «tenemos que quitarnos la idea de que el suicidio es consecuencia de la depresión». Desde su punto de vista, «el suicidio es consecuencia de sociedades injustas, poco empáticas, que estigmatizan; en definitiva, poco saludables; la depresión también es consecuencia de esto, de sociedades poco éticas, poco igualitarias, sin compromiso, que es lo que tenemos». Para este experto, esta es «la era del aislamiento humano».

También se muestra crítico con el actual procedimiento generalizado. «Mientras medicalicemos la tristeza será un buen negocio para las farmacéuticas, pero un mal negocio para la vida», manifiesta. Ante situaciones de desesperanza, soledad o aislamiento de muchas personas, la depresión o el suicidio pueden considerarse como «un fracaso de la sociedad», comenta Lagarejo.

Desde su perspectiva, un medicamento puede hacer ver las cosas de otra manera, «pero no cambia tu forma de pensar; eso solo se logra con una buena terapia parte de un profesional y con una reflexión adecuada por parte de la persona afectada», señala este profesional.

«Es más importante saber qué persona tiene un determinado síntoma», afirma

Resalta que el malestar emocional de un individuo no se puede analizar como una enfermedad física ni tratar como tal. Y, como resulta obvio, hay que abordar de forma individual cada caso. Desde ese planteamiento, asegura que «es más importante saber qué persona tiene un determinado síntoma que saber cuál es el problema de una persona».

Aclara que «si me centro en el problema, veré problemas, mientras que si me centro en la persona veré personas». Está convencido de que al paciente que sufre depresión hay que enseñarle a gestionar su problema.

Para este especialista en Psicología, con el psicofármaco se trata de apartar el síntoma y, de esa manera, dejar de sufrir, «pero eso no es así».

Felipe Lagarejo estima que «el problema se resuelve cuando entramos en él, lo respiramos, lo convertimos en nuestro amante, hasta que forme parte de nosotros; entonces seremos capaces de aceptarlo y a eso se llama gestionar las emociones».

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