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Violencia machista

Más allá del caso Waka: la violencia sexual digital se ceba con las menores

El 80% de las víctimas de ciberdelitos son menores y el 66% son chicas, según un informe del Ministerio del Interior

Dos chicas miran una pantalla de móvil en Barcelona. Zowy Voeten

El escarnio público al que se ha sometido a la menor de edad grabada sin su consentimiento mientras hacía una felación a un joven en la pista de la discoteca Waka -bajo los efectos de la sumisión química, según han denunciado sus padres- ha vuelto a poner sobre la mesa lo expuestas que están las chicas a las violencias digitales. "Es evidente que se trata de un problema estructural cuando la población, en vez de hacer de cortafuegos para proteger a la menor, ha actuado como correa de transmisión", apunta Alba Alfageme, psicóloga especializada en violencia sexual, quien insiste en que es importante subrayar de nuevo que no se trata de casos aislados.

A estas alturas, el 'caso Waka' ya es de sobras conocido. El pasado viernes día 23, cuando la polémica discoteca de Sant Quirze del Vallès permite la entrada a menores de 16 y 17 años, una adolescente practicó sexo oral con otro chico, mayor de edad. La familia de la menor denuncia que el acto fue en realidad una "agresión sexual" porque la chica ha explicado que, tras ingerir una bebida, no era consciente de lo que hacía y que no recuerda nada del episodio. El chico, por su parte, también ha interpuesto una denuncia por difusión de contenido sexual, ya que la escena fue grabada -sin que nadie, ni los acompañantes ni la propia discoteca actuara al respecto- y se ha viralizado en redes. Los Mossos investigan la presunta agresión, así como la grabación y la difusión del vídeo sexual.

"Es alarmante el pernicioso juicio social que ha habido contra la chica; porque es a ella a la que se ha puesto en la diana, no a él", prosigue Alfageme, quien señala que la gente tiene muy interiorizada la violencia sexual en la que existe una violencia física, pero no estas otras violencias, que no hacen más que revictimizar a las víctimas.

Aquella noche en el Waka, prosigue la especialista, falló todo, dejándonos en evidencia como sociedad. "Ningún responsable de la discoteca, sabiendo que allí había menores, hizo nada al ver que aquello estaba pasando allí en medio; el resto de mayores de edad allí presentes no hicieron nada; es más, alguien lo grabó y lo difundió, amplificando el daño hacia la chica", afirma Alfageme en alusión a la cadena de errores que acabó en la difusión del vídeo y "tendrá un impacto traumático gravísimo" en la menor.

"El suceso muestra la perversión del sistema, que por un lado te dice que no puedes enseñar un pezón en Instagram y por el otro deja circular libremente vídeos como el del Caso Waka"

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La psicóloga, además, señala otra cuestión relevante: "El sistema es perverso: por un lado te dice que no puedes enseñar un pezón en Instagram, pero por el otro deja circular libremente vídeos como el del Waka". 

¿Qué hacer?

¿Quién protege entonces a las menores ante el 'sexting[difusión de contenido sexual sin consentimiento]? En el ámbito legal, el código penal ya lo incluye como delito, así que, a ojos de Paula Narbona, abogada especialista en violencias contra la mujer del despacho Carla Vall Advocades, el foco hay que ponerlo en la prevención. “No siempre es fácil vincular los perfiles de usuarios a personas -apunta la letrada-. Por mucho que las plataformas cierren cuantas, automáticamente se abren otras, y no hay ley que pueda evitar toda esta serie de cambios tecnológicos y sociales”. “Una buena prevención pasa por una formación sexual y afectiva en las escuelas, desde bien pequeños”, asegura la abogada.

"Necesitamos incluir la educación sexual como una asignatura desde el inicio de la escolarización. Urge acabar con los tabús relacionados con el sexo, porque solo a través de la educación lograremos normalizar la sexualidad, y eso no solo implica unas relaciones más sanas y libres, sino también que las menores se sientan libres para hablar de ello -añade-. Si el sexo es tabú, si no se puede hablar de él y no se habla, no nos explicarán que alguien las acosa por redes, que recibe imágenes o que se las piden”. 

"La población, en vez de hacer de cortafuegos para proteger a la menor, ha actuado como correa de transmisión", cuestiona la psicóloga Alba Alfageme

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En esa misma línea, la abogada especialista en violencias contra la mujer insiste en que necesitamos que las niñas crezcan “sabiendo qué está bien y qué no, que los límites los pone cada una, que el sexo es, por encima de todo, respeto, y que si alguna cosa no ha ido como esperaban pueden hablar con nosotros, los adultos, porque las podemos ayudar”. “Si tratamos el sexo como algo prohibido, las estamos dejando solas y sin herramientas”, resume.

Responsabilidad de las plataformas

Sobre la impunidad que parece que gozan las grandes plataformas, Narbona afirma que "las nuevas tecnologías van mucho más rápido que el Derecho, que va siempre a caballo". "Es importante pedir a estas grandes compañías que cuenten con protocolos de actuación ante estos casos, donde se cancelen todas las cuentas que se hayan hecho eco, y se mejore la revisión de contenidos", considera.

Además de la educación, que todas las expertas consideran primordial, hay también consenso en la urgencia de los protocolos. “Protocolos en relación a las violencia sexuales, a las violencias machistas en todos los sectores, tanto públicos como privados. Protocolos bien hechos. No sirven los protocolos genéricos que un día cuelgas en la web o repartes sin más entre tus trabajadores, y estos son los protocolos que tenemos en muchos sitios”, prosigue.

La especialista en violencias machistas también apunta a que las menores deben saber que los CAP tienen servicios específicos para la adolescencia, donde pueden acudir sin acompañamiento de ningún adulto y donde las atenderán y orientarán, donde se les practicarán las pruebas necesarias y se recetará la medicación preventiva si es necesaria.

Los datos

El Informe sobre los delitos contra la libertad y la indemnidad sexual en España 2020’, elaborado por el Ministerio del Interior con datos facilitados por las fuerzas de seguridad estatales y autonómicas y hecho público en noviembre de 2021, señalaba que el 80% de las víctimas de ciberdelitos eran menores y el 66% de ellas eran chicas. En ese año, los delitos sexuales a través de internet crecieron el 12%, hasta los 2.029 hechos denunciados, lo que supuso casi el doble de los registrados en el 2014. Un incremento que, en su día, se relacionó, en parte, con el confinamiento.

El mismo estudio mostraba lo evidente: el 97% de los agresores son hombres, el 86% de edades comprendidas entre los 18 y 40 años, y el 67% de nacionalidad española.

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