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«Los planes generales muchas veces son más un problema que una solución»

El arquitecto tinerfeño Rodrigo Vargas plantea que las administraciones planifiquen con acciones y objetivos concretos, que se evalúen para saber si han tenido éxito o no

Rodrigo Vargas, arquitecto y máster en Desarrollo Urbano y Territorial por la Universidad Politécnica de Catalunya. | | E.D.

Rodrigo Vargas es un arquitecto tinerfeño cuyo trabajo se centra en intentar generar ciudades y zonas urbanas más habitables, donde los ciudadanos puedan relacionarse más entre sí, mientras que los vehículos, con sus efectos contaminantes y de ocupación del espacio público, pierdan protagonismo. Un ejemplo, cualquier persona debería poder comprar el pan sin necesidad de desplazarse en coche o en moto. Para Vargas, esos objetivos de asentamientos sostenibles también se logran con servicios públicos dignos y accesibles, en un entorno donde todo quede a mano de los vecinos.

Los cuatro retos que se deberían tener en cuenta a la hora de planificar los desarrollos urbanísticos son, a juicio de Vargas, luchar contra el cambio climático, proteger la biodiversidad, ocupar territorio de manera eficiente y gestionar de forma apropiada los recursos.

Comenta que en cualquier ecosistema natural se cierran los ciclos de consumo de energía, materiales y agua. Pero lamenta que en los asentamientos humanos de las grandes ciudades actuales se gasta mucha energía, materiales y agua, «que no somos capaces de gestionar adecuadamente». Por ese motivo, considera que «el urbanismo del futuro debe plantearse en base a dinámicas ecosistémicas».

Mucho tiempo

Respecto a cómo se aplican esos conceptos teóricos a la realidad de Canarias, comenta que, «por cómo hemos ocupado y planificado el territorio de las islas, tardaremos mucho tiempo en alcanzar esos objetivos».

Vargas es licenciado en Arquitectura por la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC) y máster en Desarrollo Urbano y Territorial por dicha institución. Hace algunos años participó en Barcelona en el desarrollo del proyecto de las Supermanzanas, dirigido por Salvador Rueda. Se trata de un concepto de urbanismo en el que se plantea como objetivo que un ciudadano pueda tardar lo mismo desplazándose a un punto de ese enclave concreto que si lo quisiera hacer en un vehículo motorizado. Para diseñar estos espacios vanguardistas en la trama urbana de una ciudad se debe contar no solo con arquitectos o ingenieros, sino también con expertos en materias como psicología, medicina o biología, por ejemplo, que sean capaces de poner en valor la posibilidad de restar protagonismo al tráfico rodado.

En opinión de Vargas, en las últimas décadas, la mayoría de las sociedades desarrolladas han vivido en la cultura del coche, donde este y el hecho de conducir «otorgan prestigio».

A esta circunstancia se añade la existencia de urbanizaciones «muy fragmentadas y dispersas, que obligan a coger un vehículo» para ir al trabajo, al supermercado, al médico, a las administraciones, los centros comerciales o a una actividad de ocio. «Esta dispersión hace muy poco eficientes los trazados del transporte público», indica el arquitecto. «Para evitar el coste energético hay que cambiar el concepto de ciudad y cómo se utiliza», señala.

Entorno próximo

Desde su punto de vista, uno de los desafíos de la planificación urbanística del futuro pasa por ser capaces de que, en un entorno próximo, el ciudadano sea capaz de hacer sus compras, llevar a sus hijos al colegio o resolver trámites en una oficina municipal, entre otras cosas.

Rodrigo Vargas manifiesta que las administraciones públicas deberían empezar a planificar en base al análisis de datos. Es decir, que se ubiquen infraestructuras y servicios en base al reparto de la población, características de los ciudadanos, procedencia, edad, género o su capacidad para acceder a los diferentes equipamientos y sus coberturas. También en las últimas décadas, el principio y el final del urbanismo municipal ha estado en los planes generales de ordenación urbana (PGOU).

En su opinión, estos documentos de planificación del desarrollo urbano futuro deberían tener elementos complementarios que les permitan ser más flexibles y adaptarse a la realidad cambiante de una determinada sociedad. Piensa Vargas que el Plan General «hace una foto fija en una época determinada» sobre cómo se quiere que crezca una ciudad o núcleo urbano. Sin embargo, no contempla los cambios de tendencias o preferencias de los ciudadanos. «El Plan General se queda como un fósil, que no se adapta a los cambios, que contiene una carga legal importante y que arrastra situaciones que tienen difícil adaptación a través del tiempo», explica Vargas.

Redacción lenta

Para este arquitecto tinerfeño, los citados proyectos de planificación «no permiten la flexibilidad necesaria», sobre todo porque su redacción no tarda tres o cuatro años, sino que se prolonga ocho o doce años en el tiempo, lo que provoca que, antes de aprobarse de forma definitiva, en muchos casos estén obsoletos. Considera, por tanto, que en muchas ocasiones «son más un problema que una solución».

Recuerda que, por ejemplo, en el municipio de Santa Cruz de Tenerife rige un Plan General que data de 1991 y este territorio tiene en la actualidad unas necesidades muy diferentes a las de hace 31 años. Pero es que, a su juicio, ni el que se quiso implantar en el 2003 estaba adaptado a las situaciones que plantea la sociedad actual. «Muy humildemente, propongo que las administraciones planifiquen de una forma estratégica; es decir, con objetivos y actuaciones concretas que se realicen y, sobre las mismas, hacer evaluaciones para ver si han tenido éxito o no», explica. En esa línea, sugiere la aplicación de determinados instrumentos que aporten «flexibilidad para responder a situaciones cambiantes».

Ante situaciones polémicas y complejas, como los casos de la construcción de un hotel cerca de la playa de La Tejita (El Médano, Granadilla) o el complejo Cuna del Alma (El Puertito, Adeje), este profesional considera muy necesario la implicación y participación de los políticos, de los técnicos y de los ciudadanos, así como que cada uno de estos grupos sea capaz de entender al resto, «pues sin consenso previo no hay consecución de objetivos». «La falta de consenso sobre un modelo territorial entre ciudadanía, economía y políticas públicas está detrás de los conflictos en proyectos polémicos como los de Granadilla y Adeje», manifiesta.

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