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Ciencia

La tercera tortuga más grande del mundo nadó en los actuales Pirineos

Los restos del “misterioso leviatán” fueron hallandos por un excursionista en Coll De Nargó en 2016

Por primera vez, se han hallado en Europa restos fósiles de una tortuga de tamaño colosal, como los que se habían encontrado solo en América hasta ahora. La nueva especie, que medía alrededor de 3,7 metros, es la tercera tortuga más grande del mundo. El animal nadaba en las aguas del archipiélago de lo que es el actual Pirineo, hace 80 millones de años. O sea, convivió con los últimos dinosaurios, poco antes de que un meteorito (u otras causas) desencadenara su extinción. 

El equipo del Institut Català de Paleontologia (ICP) que ha presentado la nueva especie en un artículo publicado en noviembre, la ha bautizado Leviathanochelys aenigmatica, en alusión al leviatán, enorme bestia marina de la Biblia, y a los enigmas que plantean su talla y su constitución corporal. 

En 2016, un excursionista alemán dio con unas rocas que le parecían uno hueso de unos 40 centímetros en Cal Torrades, una localidad del municipio de Coll de Nargó (Alt Urgell). “Es una zona donde se encuentran fósiles habitualmente. Debía tener la vista acostumbrada a reconocerlos”, afirma Óscar Castillo, geólogo y paleontólogo que sucesivamente identificó en esos restos una nueva especie de tortuga. El excursionista notificó el hallazgo y el servicio pertinente de la Generalitat extrajo y guardó el hueso fósil, clasificándolo como de reptil marino. No fue hasta 2020 cuando alguien volvió a mirárselo, en concreto Castillo en su trabajo de master. 

El joven investigador se fue al yacimiento para entender el contexto geológico del hueso y dio con más restos. En concreto, con una pelvis descomunal, de 90 centímetros de ancho, y debajo de ella, fragmentos de un caparazón: lo que quedaba del quelónido estaba con las patas hacia arriba. Tras separar el hueso de la roca y completar el puzle de los fragmentos, los restos han quedado expuestos en el Espai Dinosfera de Coll de Nargó, un centro divulgativo vinculado con el Museo de la Conca Dellà (Pallars Jussà).

Trabajos de excavación de restos de la tortuga' Leviathanochelys aenigmatica'. INSTITUT CATALÀ DE PALEONTOLGÍA / ÀNGEL GALOBART

¿Cómo era la tortuga?

La tortuga debía medir alrededor de 3,7 metros de largo, según una estimación basada en aplicar una regla de tres, comparando con restos más completos de otras tortugas gigantes. “Se habían encontrado tortugas gigantes en Europa, pero nunca tan grandes”, afirma Castillo. 

De hecho, la mayor conocida es la americana Archelon, otra especie marina que alcanzaba casi cinco metros, más o menos contemporánea del leviatán pirenaico, y de la cual hay esqueletos prácticamente completos. La segunda es la Stupendemys, también americana, que vivió en aguas dulces, decenas de millones de años después.  

El "misterioso leviatán" pirenaico convició con los dinosaurios, poco antes de su extinción

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Leviathanochelys aenigmatica está definida como una especie aparte por sus características únicas. En particular, tiene el injerto del fémur no tan de lado como las otras tortugas, sino hacia abajo. Además, tiene unas grandes protuberancias en la pelvis, quizás relacionadas con músculos implicados en la respiración.

En los huesos de caparazón no hay marcas de las escamas características de muchos quelónidos, así que probablemente debía tenerlo liso, como el de la tortuga laúd. Los análisis preliminares de la estructura interna de sus huesos sugieren que era acuática: tiene menos tejido esponjoso que las terrestres, para tener una densidad que facilita las inmersiones. La pelvis está muy fusionada, algo que sugiere que era un ejemplar ya adulto.

La tortuga vivió en el Campaniense Medio, entre hace 83 y 70 millones de años, según se deduce del sedimento que envolvía sus huesos. Esa edad forma parte del final del Cretácico, el periodo sucesivo al glorioso Jurásico de los dinosaurios, que a su vez sigue el Triásico. Los tres periodos conforman la era Mesozóica, la “era de los reptiles”, que se iba a concluir poco después de los tiempos de la tortuga pirenaica, con la extinción de los dinosaurios.  

“Entonces, Europa era un archipiélago, con aguas cálidas como las de la Polinesia”, explica Castillo. Se sabe poca cosa más sobre ese mundo. El investigador explica que seguramente debía haber mucha fuente de alimento en el mar, para sustentar un animal tan grande. A la vez, debía haber depredadores aún más titánicos, para que su población no se disparara, posiblemente los grandes reptiles Mosasaurus. 

¿Qué significa este descubrimiento?

La primeras tortugas documentadas tiene 220 millones de años, explica Adán Pérez García, biólogo evolutivo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), no implicado en el estudio. De ese momento hasta cuando vivió el quelónido hallado en Catalunya, la evolución tuvo tiempo de generar una enorme variedad de tortugas. Por eso Pérez García no está sorprendido por el hallazgo. “Tiene una talla coherente con lo que se sabía: que existían grupos de gran tamaño en Europa”, explica.

El investigador observa que las tortugas marinas pudieron desplazarse por todo el mundo, al contrario de las terrestres y las de agua dulce. Por eso, no se puede excluir que hubiera un intercambio faunístico entre las grandes especies americanas y las europeas. Pérez García aventura incluso que, de hallar restos más completos del mismo animal, se podría llegar a detectar parentesco con alguna especie americana.

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