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«No poder salir de mi casa me ha hecho caer en una depresión»

Benita M. espera por una prótesis de rodilla y, mientras tanto, se mueve dentro de su casa en una silla de escritorio | Cinco escalones la separan del resto de la sociedad

Fabiola Córdoba, trabajadora social y técnico de Cruz Roja en el proyecto de atención a la discapacidad. E. D.

«Si no es por Cruz Roja o por las ambulancias no puedo salir de mi casa». Esta es la realidad de una mujer con discapacidad, a la que cuatro o cinco escalones la separan de poder salir a la calle y su contacto real con la sociedad. Se trata de Benita M., una vecina de Santa Cruz de Tenerife que necesita ayuda para acudir a los servicios médicos, a comprar al supermercado o realizar trámites bancarios. Sufre discapacidad física desde su nacimiento, pero esta se ha agravado con los achaques de la edad y el desgaste que ha tenido su cuerpo por los esfuerzos de la actividad cotidiana.

Nació con un fémur más pequeño de lo normal, por lo que desde niña necesitó un realce para poder equilibrar sus caderas. Eso sí, desde siempre tuvo que «tirar de la columna» para caminar. En plena adolescencia, a los 15 años, a Benita le amputaron parte de la pierna más pequeña, de la rodilla para abajo, y le pusieron una prótesis para que pudiera andar con más facilidad.

A partir de ese momento, desarrolló una vida como cualquier otra persona y se esforzó para conseguir una existencia digna. Durante muchos años trabajó en una oficina y, después, ejercía como ama de casa en su vivienda. Se casó y tuvo dos hijos. Hoy es abuela de un nieto. «A pesar de la discapacidad, mi vida fue normal; he hecho lo mismo que mis amigas», apunta Benita.

Sin embargo, manifiesta que, «con los años, vienen los problemas». Ya superó una operación en la que le pusieron una prótesis de cadera. Y ahora espera por una segunda intervención en la que le colocarán otra en la rodilla. Esta articulación ha sufrido la sobrecarga generada por la limitación en el otro miembro inferior.

«Por ese motivo estoy todo el día en una silla de escritorio para poder moverme por la casa», asegura. Hace algunos años, desde su comunidad de propietarios le ofrecieron hacerle una rampa. Y ella declinó la invitación, puesto que pensaba que iba a tener mucha pendiente y que todavía podía subir la escalera sin dificultades. Pero ya la situación ha cambiado de manera significativa. Ahora es ella quien se ha dirigido al administrador de la comunidad para que se haga una adaptación en la citada barrera arquitectónica y la entrada al edificio sea accesible. Y está previsto que en la próxima junta vecinal se aborde el asunto.

14

meses lleva Benita dependiendo de una ambulancia o Cruz Roja para poder hacer cualquier gestión


15

años tenía esta vecina cuando le pusieron una pierna ortopédica

Benita lleva más de un año, desde septiembre del 2021, sin poder salir con independencia de su vivienda. Para acudir a su médico de cabecera, al traumatólogo o al hospital debe solicitar una ambulancia del Transporte Sanitario No Urgente (TSNU). Y para efectuar cualquier otra gestión (ir al banco, a comprar o a renovar el DNI, por ejemplo) depende de la asistencia que le presta Cruz Roja. Explica que «hay cosas que quiero hacer, pero que no está en mi mano gestionarlas».

«Estoy muy agradecida a Cruz Roja por la prestación, el atendimiento y el apoyo humano; lo que ellos hacen no se paga con dinero», apunta. Cuando se le pregunta cómo le ha afectado el no poder salir de su domicilio cuando lo necesita o lo desea, responde que «lo suficiente como para haber caído en una depresión; es muy duro querer pero no poder hacer cosas».

Desde su punto de vista, la administración pública necesita aportar más medios económicos para mejorar la calidad de vida y la atención a las personas con discapacidad.

Recibe una cantidad de dinero que le permite pagar un servicio de rehabilitación. Al principio recibía seis sesiones al mes, pero en la actualidad estas se han reducido a cinco. Ella desea que no sean menos en el futuro próximo. «Gracias a los ejercicios físicos que hago en la rehabilitación tomo menos medicación para el dolor», comenta. Y es que después de tantos años de consumo de fármacos con dicho objetivo, dice que «llega un punto en que no noto la diferencia entre tomarlos y no hacerlo».

Benita también valora de forma muy positiva el servicio de baño adaptado en la playa de Las Teresitas. Indica que, «dentro del agua, el cuerpo flota, no sufre la rodilla y ahí sí puedo hacer ejercicio; eso me ha venido del diez». De lunes a viernes, esta mujer se beneficia también de la prestación de ayuda a domicilio que ofrece el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Cada jornada, durante una hora y media, una persona la ayuda a diferentes tareas domésticas e, incluso, a otras gestiones. Benita comenta que «no pedí ayuda mientras no la necesité».

El papel de Cruz Roja

Fabiola Córdoba es técnico de Cruz Roja y desarrolla su labor con aquellas personas con discapacidad que requieren de los servicios de la ong para realizar tareas cotidianas. Según Córdoba, uno de los problemas más habituales de los usuarios de dicho recurso es la dificultad a la hora de salir del domicilio, al vivir en un tercer o cuarto piso sin ascensor, por lo que la única vía de acceso a la calle es a través de las escaleras. «Estos ciudadanos necesitan de nuestro apoyo para hacer sus gestiones», comenta dicha trabajadora social.

Los acompañan al centro de salud, a una administración o a renovar su DNI, por ejemplo. Estas situaciones se registran cuando la persona afectada por una discapacidad carece de familiares, amigos o conocidos que puedan hacerse cargo de dichos trámites.

La ayuda a estos vecinos con discapacidad se efectúa a través de medios técnicos que tiene la citada ong, como sillas de rescate (un asiento que cuenta con agarres por la parte delantera y trasera para coger al usuario en peso para bajar o subir escaleras), o bien la silla oruga, que es un salvaescaleras eléctrico, que consiste en un dispositivo con motor, manejado por algún trabajador y que permite desplazar al beneficiario en una silla de ruedas.

En algunos casos, cuando los técnicos de Cruz Roja detectan que la persona sufre un aislamiento o soledad involuntaria, esta se deriva a otros recursos, como es el caso de la asociación Coordicanarias, que no solo les ofrece apoyo, sino también actividades de ocio. Fabiola Córdoba manifiesta que, «cuantos más recursos haya, a más personas podremos llegar».

A veces, junto a la discapacidad, los técnicos de la ong detectan una serie de situaciones graves, como falta de higiene, de limpieza de la vivienda, de alimentación o de dinero. Y, muchas veces, como consecuencia de todo lo anterior, también existe «sobrecarga emocional» en la persona afectada.

Otro proyecto aplicado por el servicio de atención a la discapacidad de Cruz Roja es Préstamo de productos de apoyo, en el que «ofrecemos sillas de ruedas, muletas, andadoras, grúas o camas articuladas», por ejemplo. La intención de esta medida es facilitar la mejora de la calidad de vida a personas con discapacidad o movilidad reducida, señala Córdoba.

De forma paralela, en el municipio de Santa Cruz de Tenerife se ofrece el baño adaptado de personas con discapacidad o movilidad reducida. Así se facilita el acceso al mar de este colectivo a través de sillas, muletas o andadoras anfibias. En este ámbito también se efectúan talleres lúdicos, valoraciones sociales y orientaciones individualizadas, con el fin de complementar esa actuación y proporcionar una atención integral.

Según Fabiola Córdoba, desde dicho departamento de la ong existe un constante contacto con las administraciones públicas y otras asociaciones especializadas. Los usuarios de este colectivo atendidos por Cruz Roja llegan a esta institución a través de varias vías. Una de ellas es la derivación que realizan las administraciones a la ong. Otra se produce cuando el potencial usuario llega de manera directa a las diferentes sedes de la entidad, gracias a las indicaciones de familiares, amigos o conocidos. Y la tercera vía es una derivación interna que se produce desde otros proyectos de la propia institución humanitaria.

«Los casos que más nos impactan son aquellos en los que hay soledad no deseada», explica la trabajadora social. Se trata de ciudadanos que no tienen cómo ir al médico o a la peluquería. Según Córdoba, «no somos conscientes de la realidad que nos rodea hasta que trabajamos con estas personas». Pero, una vez que se inicia el proceso de intervención, «es muy gratificante» cómo esos vecinos valoran la ayuda que se les da.

Y es que, según comenta Fabiola, «crean vínculos con otros usuarios en una situación igual o similar». En esa labor humanitaria, resalta la técnico de Cruz Roja que «el trabajo de los voluntarios es muy importante y un elemento diferenciador a la hora de romper el aislamiento y la soledad».

Si los técnicos de la ong realizan las inspecciones, valoraciones y estudios, es el voluntario quien llama a esas personas, las anima a salir, va a verlas o les lleva actividades. De esa manera, «su red social de apoyo crece y su vida no se limita a ver la tele y a estar triste». Explica Córdoba que «algunos usuarios viven evoluciones muy grandes». Y, para participar en ese cambio, quienes deciden ser voluntarios solo necesitan «tener ganas de ayudar y vocación de colaborar».

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