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Rafael Santandreu Psicólogo y autor del libro ‘Sin miedo’

«Los ataques de pánico son una trampa mental en la que todos podemos caer»

«El método es tan duro que si no estás muy seguro de que cura de verdad, no lo hace ni el Tato»

Rafael Santandreu

El psicólogo Rafael Santandreu visitó las Islas hace unos días para participar en un acto a favor de la Asociación Sindrome de Down Las Palmas con su último libro: ‘Sin miedo’. En esta entrevista habla del método definitivo para superar «la ansiedad, las obsesiones, la hipocondría y cualquier temor irracional» y de los motivos de que estos padecimientos se hayan convertido en algo tan común en los últimos años.

El miedo, en principio, es reacción natural y buena. ¿Cuándo se convierte en un problema?

El miedo es una herramienta maravillosa, buenísima, que nos protege de peligros y tiene una función muy clara. Pero solo es así si está bien calibrado. Si está mal calibrado –que es lo que sucede cuando tenemos ataques de pánico, TOC o hipocondría– es fatal. Es como la alarma del coche: que funcione mal y que suene continuamente durante el día y durante la noche a un volumen exagerado. Eso es una tortura. Eso es lo que le pasa a las personas que tienen ataques de pánico, TOC e hipocondrías. Tienen amenazas casi vitales, sustos vitales, cada día y sin control.

¿Por qué unos lo sufren y otros no?

Hay dos razones diferentes. En el caso de los ataques de pánico, es una trampa mental en la que cualquiera puede caer. De hecho, yo he tratado a policías condecorados, bomberos y políticos de primer nivel, deportistas y ejecutivos. Gente, todos, con una fortaleza acreditada y que cayó en una trampa mental. Esa trampa se produce porque, por la razón que sea –a veces un día y por casualidad– le coges miedo a una sensación interna. Imagínate que tu cuñado se ha muerto hace poco de un ataque al corazón fulminante y tú lo has visto. Eso te ha asustado. A partir de entonces, de manera un poco inconsciente, te quedas con miedo a que te pase algo en el corazón y caes en la trampa, en el círculo vicioso del temor agudo. El corazón va un poco deprisa y te pones nervioso y eso hace que vaya más deprisa aún y a la vez que te pongas más nervioso. Se forma ese círculo de retroalimentación que, en décimas de segundo, te puede poner la ansiedad por las nubes. Muchas veces es solo cuestión de mala suerte. Lo esencial es que se puede revertir esa sensibilización, puedes arreglar la alarma. En el caso del TOC, sin embargo, parece ser que sí que tiene que haber cierta disposición personal, al menos en muchos casos. Pero a efectos prácticos se sale de la misma manera, con el mismo método.

¿Usamos mucho y mal la palabra ansiedad?

Cuando generalmente hablamos de ansiedad, hablamos de unos nervios grandes y constantes. Pero los ataques de ansiedad son mucho más agudos. Son fenómenos relacionados pero no es lo mismo. Tener ansiedad alguna vez es totalmente normal pero no lo es tener ataques de ansiedad, no. Yo nunca he tenido uno y espero no tenerlo.

Lo que usted propone, y ha comprobado con sus pacientes, es que para superarlos hay un método infalible: provocar esos ataques y enfrentarlos.

Sí, tienes que ir a buscarlos activamente, de forma intensa, todos los días y con total aceptación. Tienes que vivenciar esa ansiedad todos los días e irás desarrollando una aceptación de esos síntomas que conduce a una desensibilización que lleva a su desaparición. Es un método duro pero el único que garantiza que te curarás completamente. Está más que comprobado, hay millones de personas lo han hecho con éxito. Por eso en mi libro hay 25 testimonios que además he recogido en vídeo en mi canal de Youtube. Cada semana añado uno diferente donde la persona cuenta cómo estaba, cómo está ahora y qué ha hecho para curarse. Llevamos más de cien. Estos testimonios son muy importantes porque el método es tan duro que si no estas muy seguro de que cura de verdad, no lo hace ni el Tato. Y lo entiendo.

Los tratamientos farmacológicos son solo una tirita, ¿nunca la solución?

Sobre todo, la mayor tirita que no cura son los ansiolíticos, los tranquilizantes. No solo no curan sino que a medio plazo se transforman en un problema porque tomar tranquilizantes es una forma de evitación. Vale que en el momento te pueden ayudar pero le estas diciendo a tu mente que hay algo que temer. Con lo cual, el miedo en realidad aumenta. Por eso se da tanto la paradoja de que la gente cada vez toma más tranquilizantes y cada vez tiene más ataques de ansiedad, no entienden nada. Otra cosa son los antidepresivos, que pueden ayudar. Pero la solución definitiva es la desensibilización de la mente.

Pero todos estos problemas han aumentado después de la pandemia. ¿Por qué?

Al doble, concretamente. Ya vivíamos un incremento década a década, pero con la pandemia se vivió toda una explosión. Ahora mismo se acerca al 20 por ciento la población que sufre algún malestar emocional. Hasta el punto de que, en estos momentos, faltan psicólogos en España. Hay más demanda de terapia que la oferta que podemos darles.

¿Quizás la terapia debería incorporarse de una forma más habitual a nuestra vida?

Vivimos en una sociedad cada vez más exigente y competitiva, más multitarea. Para estar saludable debemos trabajar en nuestra educación emocional: la inteligencia emocional. Solo así se puede manejar esta vida tan exigente. Nuestro sistema educativo, sin embargo, hace todo lo contrario: prima la educación tecnológica, no la educación en valores. Por eso se produce este descalabro. La pandemia ha sido una adversidad potente pero todas las generaciones anteriores han tenido adversidades peores como guerras y no se producían debacles emocionales tan contundentes porque tenían educación en valores, aunque viniese de la religión. Pero eso ya era mucho más sólido de lo que tenemos hoy en día. Eso te lleva a la conclusión de que la educación en inteligencia emocional es básica y no se está dando.

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