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Las bebidas energéticas elevan el riesgo de sufrir arritmias malignas

Los cardiólogos alertan de los peligros a los que se exponen los jóvenes que realizan un consumo abusivo y además combinan estos productos con alcohol

Un adolescente consume una bebida energética. | | AGENCIAS

El consumo de bebidas energéticas ha incrementado con el paso de los años entre la población adolescente. Así lo desvela el último análisis de la Revista Española de Salud Pública (RESP), que recoge que las investigaciones realizadas a nivel mundial cifran hasta en un 50% el aumento registrado en la última década. Ahora bien, el problema radica en que estos productos no son inocuos, y menos aún cuando el alcohol o las sustancias psicotrópicas ilegales entran en juego. «Entre los jóvenes está de moda mezclar las bebidas energéticas con alcohol y estimulantes ilegales para combatir el cansancio y alargar las horas de fiesta, pero esto puede tener consecuencias adversas. De hecho, la combinación puede derivar en arritmias malignas», advierte el doctor Eduardo Caballero, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín.

Y es que el ingrediente estrella de estos preparados es la cafeína. Tan es así, que la cantidad mínima que contiene una lata equivale a la de un café expreso, si bien son muchas las que contienen dosis equivalentes a cuatro tazas de café y agregan otras sustancias estimulantes como la taurina o el ginseng. Por tanto, al conjugar estas bebidas con alcohol «se pueden producir daños cardiovasculares más graves».

Aunque los efectos dependen de la composición de cada bebida energética y de la cantidad que se ingiere, todas las que se engloban dentro de este grupo producen por sí solas una activación adrenérgica del sistema cardiovascular. «Esto se traduce en un aumento de la tensión arterial y de la frecuencia cardíaca», advierte el especialista. «Ya hay estudios que aseguran que pueden favorecer también la aparición de eventos trombóticos. Además, en caso de sobredosis, existe el riesgo de sufrir arritmias auriculares», añade.

Cafeína

Y es que el ingrediente estrella de estos preparados es la cafeína. Tan es así, que la cantidad mínima que contiene una lata equivale a la de un café expreso, si bien son muchas las que contienen dosis equivalentes a cuatro tazas de café y agregan otras sustancias estimulantes como la taurina o el ginseng. Por tanto, al conjugar estas bebidas con alcohol «se pueden producir daños cardiovasculares más graves».

Aunque los efectos dependen de la composición de cada bebida energética y de la cantidad que se ingiere, todas las que se engloban dentro de este grupo producen por sí solas una activación adrenérgica del sistema cardiovascular. «Esto se traduce en un aumento de la tensión arterial y de la frecuencia cardíaca», advierte el especialista. «Ya hay estudios que aseguran que pueden favorecer también la aparición de eventos trombóticos. Además, en caso de sobredosis, existe el riesgo de sufrir arritmias auriculares», añade.

Ante esto, el profesional apuesta por crear campañas que contribuyan a concienciar a la población en general, y a los jóvenes en particular, sobre el impacto que pueden causar las bebidas energéticas en la salud. «Es necesario realizar un esfuerzo importante para informar a la ciudadanía de los riesgos a los que se expone cuando decide tomar estas bebidas. Nosotros, desde los hospitales, debemos educar para que se haga un uso responsable». 

En este sentido, el doctor pone de relieve que el Ministerio de Consumo de España, diferentes sociedades científicas y otras instancias de la Unión Europea ya se han planteado la necesidad de regular estas bebidas, sus ingredientes estimulantes y su concentración máxima. «A día de hoy no existe una regulación. En países como Reino Unido, por ejemplo, han dado un paso más y ya se ha hablado, incluso, de prohibir la venta a los menores de 18 años». 

Cabe resaltar que los médicos desaconsejan consumir estos productos a las mujeres embarazadas, los pacientes cardiópatas o aquejados de hipertensión, los niños, los adolescentes y a aquellas personas que han sufrido algún tipo de trombosis. «El resto de la población tiene que tener claro que, aunque lo mejor es prescindir de ellas, no se deberá superar nunca el consumo de una lata cuya concentración de cafeína equivalga a la que contiene una taza de café», señala el experto.

Para más inri, estas bebidas tienen un alto poder adictivo. No hay que olvidar que la cafeína es una sustancia psicotrópica que, en dosis altas, puede llegar a producir dependencia. También es posible desarrollar tolerancia, por lo que para conseguir el mismo efecto que se lograba en un principio será necesario aumentar de forma paulatina la dosis de consumo. «Es probable que si una persona deja de tomar estas bebidas de forma abrupta experimente ansiedad o serias dificultades para concentrarse», informa Eduardo Caballero.

En concreto, en el estudio publicado en la RESP, participaron 135 menores entre 16 y 17 años. Los resultados fueron claros: Solo el 26% de los adolescentes –36– garantizó que nunca había consumido bebidas energéticas, frente al 73%, que aseguró haberlas tomado al menos una vez en su vida. No obstante, un 20% de los jóvenes describió un consumo regular.

Además, los últimos resultados de la Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (Estudes) del Ministerio de Sanidad muestran que más de cuatro de cada diez estudiantes de 14 a 18 años había tomado estas bebidas en los últimos 30 días, siendo mayor la prevalencia en los chicos que en las chicas –un 50,7% frente a un 39%–. El 16,1% de ellos había mezclado el preparado con alcohol en el mismo espacio temporal. La muestra estaba compuesta por 22.321 alumnos de 531 centros educativos del país.

Rendimiento deportivo

Las bebidas energéticas se promocionan entre los deportistas para mejorar el rendimiento físico. Pero, ¿qué hay de cierto en esta estrategia de mercado? «Estas bebidas suelen tener altos contenidos de azúcar y carbohidratos, por lo que puede aumentar el rendimiento de los deportistas. En cualquier caso, su uso también está totalmente desaconsejado para este fin puesto que el consumo a dosis altas combinado con el ejercicio puede provocar efectos cardiovasculares negativos», advierte el doctor Eduardo Caballero, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. «Hay que tener en cuenta que aunque se comercialicen libres de azúcar –un ingrediente que favorece el desarrollo de obesidad– el resto de efectos sobre el sistema cardiovascular persiste y el peligro se mantiene», agrega el facultativo. | Y.M.

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