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Baleares

Cuando en el trote de Ibiza se dopaba con ‘redbull’ payés

Vicent Marí presenta ‘74 años al trote en Ibiza, una mirada retrospectiva de su historia’, un libro en el que recuerda desde las primeras carreras oficiales celebradas en la isla hasta las apuestas clandestinas

Una carrera de trote en Can Bufí en 1971. Cedida por Vicent Costa

El 10 de julio de 1948 a las 18 horas. Es la fecha en la que Vicent Marí Torres sitúa "el inicio" de las carreras de caballos en Ibiza en el libro ‘74 años al trote en Ibiza, una mirada retrospectiva de su historia’, que será presentado el próximo viernes en el Club Náutico de Ibiza. Era el día de San Cristóbal, fiesta patronal de Vila, y por tanto una festividad que aquel 1948 se celebraba (ya no tanto) por todo lo alto. En aquel programa de fiestas aparecía un acto inédito: una ‘carrera de caballos al trote’. Antoni Marí Torres, Basó, enganchó a su ‘Luiset’ al cabriolet, como también hicieron José Cardona, Capelleta (‘Luncan’), Juan Torres, Cantó (‘Bicardí’), Francisco Costa Serra, Burgos (‘Niepce’), Juan Cardona, Torre Tombada (‘Exex’), y Francisco Ribas, Puvil, (‘Denise’). Sobre las 18.30 horas desfilaron por el paseo para luego dirigirse a Can Cifre, donde tuvo lugar la salida.

Cuenta la crónica que "miles de personas se situaron a lo largo de todo el recorrido para presenciar la carrera", según publicó Diario de Ibiza, del grupo Prensa Ibérica: "Nunca vimos multitud tan grande en esta isla para presenciar unas pruebas", escribió un redactor. El ‘circuito’ tenía unos dos kilómetros de longitud y pasaba por los puestos de control de Cases Barates, camino del Cementerio y Hospital. Acababa en el paseo de Vara de Rey, a la altura del Salón Ibiza. Ganó Juan Torres (al que se entregó una copa regalada por Domingo Viñets, presidente de la comisión de fiestas de San Cristóbal) con su ‘Bicardí’, seguido de Juan Cardona con su ‘Exex’ y de Francisco Costa con su ‘Niepce’.

"En aquella época había muchas apuestas, muchas y copiosas, por caminos vecinales que no estaban controlados por la Guardia Civil. Las apuestas eran muy fuertes"

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Pero al margen de aquella primera carrera oficial en Ibiza, en 1948 había otras clandestinas, según cuenta Vicent Marí en su libro. Se celebraban en caminos y no por motivos deportivos, sino por ese viejo vicio tan arraigado en Ibiza de las apuestas: "Se corrían al margen de la competición dominical. Con cabriol". Una de esas carreras se hizo "muy famosa". En ella "se batieron tres ibicencos", pero no por el honor de quedar el primero: "En aquella época había muchas apuestas, muchas y copiosas, por caminos vecinales que no estaban controlados por la Guardia Civil. Las apuestas eran muy fuertes. Había esos años sólo tres cabriols [donde va sentado el jockey] en Ibiza. Uno de ellos era propiedad de uno de los contendientes. Y lo que hizo este fue alquilar los otros dos, de manera que sus rivales tuvieron que enganchar los caballos a cabriols de paseo, que son mucho más pesados, 50 veces más pesados. Así que ganó".

Ahí no acabó la historia: "Luego los tres se juntaron en el Bar Can Noguera (en Vila), uno para cobrar a los otros dos. Alguien lo filtró a la Guardia Civil, que fue allí y los interrogó. Todos lo negaron, y al final, el que ganó, cobró".

El vicario general, José Riera, lo bendijo aquel día en representación del obispo, para que fuera "semilla fructífera de nuestra Sociedad y gloria de España"

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El primer recinto oficial fue inaugurado en Blanca Dona en 1949 "por iniciativa de Vicent Bufí Tur", cuenta Marí en su libro. Carecía aún de gradas y estaba delimitado perimetralmente por cuerdas. Tenía 500 metros. Otra década y media después, el 26 de septiembre de 1965, Bufí, a la sazón presidente de la Real Sociedad Hípica ibicenca, constituida por entonces, inauguraba el flamante hipódromo, ya bien equipado. Explica Marí que fue la primera instalación que contaba con "todas las dependencias propias de un hipódromo". Su "cuerda de competición" era de 360 metros. El vicario general, José Riera, lo bendijo aquel día en representación del obispo, para que fuera "semilla fructífera de nuestra Sociedad y gloria de España", indicó Bufí en su discurso. Resurgía aquel día, a las 16 horas, "este noble y bello deporte" en la isla. Antonia Gotarredona y el delegado del Gobierno, José Morey Gralla, apadrinaron la ceremonia. El ganador de la primera carrera (hubo cuatro) fue ‘Galopín’. "Después de diversas vicisitudes deportivas que acaecieron en este hipódromo, cerró definitivamente en 1974", relata Marí, que además es presidente de la Associació d’Apicultors d’Ibiza.

Hubo que esperar otros cuatro años hasta que a las 16 horas del 19 de marzo de 1978 fue inaugurado el hipódromo de Sant Jordi, con una cuerda de 430 metros, que tras cerrar en diciembre de 2007 se convirtió en mercadillo sabatino. Al frente estaba el empresario José Ribas Roselló. El siguiente recinto inaugurado para carreras de trotones fue el de Sant Rafel, este con una cuerda de 800 metros. Tuvo lugar el 30 de abril de 1984. El Consell lo adquirió en 2007.

Su padre, juez de salidas

‘74 años al trote en Ibiza, una mirada retrospectiva de su historia’, es un proyecto que Vicent Marí tenía hace años: "Por mi afición al trote. Mi padre, Vicent Marí Cardona, fue juez de salidas del hipódromo de Sant Jordi. Y mi hermano, Juan, ha sido propietario de caballos y sigue conduciendo cabriolets".

"No podemos apreciar lo que tenemos si previamente no conocemos de dónde venimos", comenta Marí. De ahí que se haya remontado hasta los griegos para contar en su libro la historia del caballo, así como que haya recordado lo presente que está ese animal en la toponimia pitiusa y su "tendencia a galopar, no a trotar".

"Una hora antes de la carrera, se mezclaba una botella de cava con otra de vino, se añadía algo de coñac, medio kilo de azúcar y unos huevos". Era la receta del 'redbull' payés

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Incluye este volumen, además, un anecdotario en el que habla del dopaje, esa "palabra prohibida, proscrita" en Ibiza. Sí, pero haberlo, húbolo: "Toda la vida se ha hecho dopaje. Que marque o no [en los controles], es otra cosa, pero siempre se ha hecho". ¿Y cómo? Explica el autor que "una hora antes de la carrera, se mezclaba una botella de cava con otra de vino, se añadía algo de coñac, medio kilo de azúcar y unos huevos". Y se daba de beber ese mejunge al caballo: "Aquello era una especie de Red Bull equino. El caballo se ponía súper alegre". ¿No fallecía ninguno? "Pues no".

En los años 50 otro descerebrado "se metió con su equino y el cabriol en el bar de Can Noguera (famoso por sus tapitas de riñones y asaduras).No lo hizo despacito, sino al trote"

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En ese anecdotario explica que, a diferencia de actualmente, "los caballos que al principio se utilizaban para estas carreras, se pasaban la semana trabajando en el campo. Cuando iban a competir a Blanca Dona les dejaban los cabriols. Acabada la carrera, se volvían a casa andando". También explica cómo en los inicios del trote en la isla "un conductor dio una paliza tremenda (previa a la carrera) a su caballo, que luego ganó. Hoy sería inconcebible". O cómo en los años 50 otro descerebrado "se metió con su equino y el cabriol en el bar Can Noguera (famoso por sus tapitas de riñones y asaduras).No lo hizo despacito, sino al trote". Al paso del caballo sillas, cervezas y clientes "salieron volando".

También se hizo famosa la historia "de uno que fue a pasear a ses Feixes con su cabriol desde su cuadra (la de es Coroner)", situada en frente de la actual estación marítima de Formentera. "Cuando llegó a la altura del actual hotel Nobu, volcó en una feixa. El caballo volvió solo a la cuadra, sin desbocarse". Eran tiempos en los que apenas había coches o camiones... Y los caminos de tierra a veces se convertían en hipódromos y los caballos bebían el ‘redbull’ payés.

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