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Historia

La cruda y desigual vida de las esclavas romanas

Un estudio de Ana Vázquez Lemos, doctora en Derecho Civil por la Universidad de Vigo, analiza su discriminación laboral y social través de los textos jurídicos del Imperio

Recreación pictórica de la venta de esclavos en la Antigua Roma.

Los esclavos constituyeron uno de los pilares del modelo económico de la Antigua Roma y, aunque hombres y mujeres compartían la condición de cosa o 'res' y estaban sometidos al poder absoluto de sus propietarios, existía desigualdad sexual en el trabajo que desempeñaban y en sus condiciones de vida. Ana Vázquez Lemos, doctora en Derecho Civil por la Universidad de Vigo, constata estas diferencias en un estudio con perspectiva de género a través de las fuentes del Derecho Romano.

Su investigación revela que si la vida del esclavo era dura, la de la mujer lo era “doblemente” y estaba “plagada de discriminación y desventajas”. En lo único en lo que existía plena igualdad, añade, era en el hecho de que tanto ellas como ellos constituían un importante activo económico para sus dueños.

Los textos jurídicos romanos hacen constar expresamente que las palabras ‘esclavo’ o ‘esclavos ‘aluden tanto a hombres como mujeres, lo que dificulta conocer si existía algún oficio específico desempeñado por ellas. Aún así, las escasas referencias encontradas por la autora permiten deducir que las mujeres se dedicaban, sobre todo, a las tareas domésticas y de cuidado.

En el Digesto, por ejemplo, se mencionan en masculino los oficios de tabernero, pintor, panadero, mayoral o trabajador del campo. Mientras que las referencias específicas a las esclavas las sitúan cociendo el pan, sirviendo en la casa, cuidando el fuego o trabajando la lana, una “labor de excelencia” que aparece mencionada en varios pasajes.

Las fuentes del Derecho también incluyen referencias a tareas exclusivamente femeninas como la confección de adornos, o las de camareras y acompañantes. Y relatan además la presencia de esclavas en las propiedades agrarias, por lo que quizá se podrían dedicarse a labores relacionadas con la transformación de alimentos, agricultura y ganadería. Lo que sí es cierto es que ellas, al contrario de los esclavos, no tenían una sola labor asignada sino muchas. “Trabajaban a demanda”, apunta la autora.

“En las fuentes literarias se encuentran más referencias sobre las tareas de las esclavas, que eran domésticas, sobre todo. Preparaban la comida y cuidaban de los enfermos, los niños y los mayores. Es decir, lo que hoy hacen las asistentas y las mujeres que trabajan en el hogar. Es algo que llama la atención”, plantea.

La capacidad de trabajo y su especialización en determinados oficios marcaba la valía de los esclavos, sin embargo, en el caso de ellas lo que se valoraba era la fecundidad y la maternidad. El nacimiento de niños aumentaba la riqueza de los propietarios, ya que pasaban a formar parte de su patrimonio. De hecho, aunque los esclavos no podían contraer matrimonio sí se permitía el 'contuberium' como forma de unión entre ellos.

“Es cierto que los hombres eran considerados fuerza bruta, mano de obra, y ellas eran valoradas por su capacidad de tener hijos y no eran destinadas a trabajos puramente físicos en galeras o minas. Pero no tenían la patria potestad sobre sus hijos. Su señor podía venderlos tras nacer si así lo quería”, explica Vázquez Lemos.

Perpetuar el sistema

La principal valía de la mujer era la fecundidad porque “perpetuaba” el sistema esclavista y la mayor parte de las menciones a las mujeres esclavas en las fuentes del Derecho Romano están relacionadas con su descendencia. Para los juristas eran más importantes los hijos, en su condición de activos económicos, que las propias madres. De hecho, referencias como las que definen la menstruación como síntoma de salud buscan en realidad proteger los intereses económicos del propietario.

La autora recuerda que la situación de las mujeres libres, salvando todas las distancias, también estaba supeditada en todo momento a la decisión del hombre. “No eran consideradas sujetos independientes. Las hijas de una familia estaban sometidas a la voluntad del padre y, una vez que se casaban, pasaban a estar bajo la tutela del marido y se integraban como hijas dentro de su familia”, comenta.

La consideración de la mujer en el Imperio Romano queda clara en sendos pasajes jurídicos relacionados con el oficio de banquero, ocupación que los esclavos podían ejercer si su dueño se lo permitía, pero de la que quedaban excluidas totalmente las mujeres pues, tal y como reza el texto original, “es cosa de hombres”.

“Da igual que fuesen adineradas o esclavas, la condición de mujer era lo que las inhabilitaba para ello”, señala Vázquez Lemos, que analizó para su estudio el Corpus iuris civilis, las Instituciones de Gayo y Justiniano, el Codex, y el texto literario “De Re Rustica”, de Columela.

"Estudios muy necesarios"

“La esclavitud en el Imperio Romano se ha estudiado en general, pero la perspectiva de género está poco explorada. Y estos estudios son muy necesarios, sobre todo, en el contexto histórico que estamos viviendo. Cuando analizas la historia del Derecho encuentras muchísima misoginia. Incluso en el Código Civil de 1851”, subraya.

Vázquez Lemos, que trabaja actualmente en el bufete vigués de Balms Abogados, se convirtió en 2018 en la doctora más joven de la Universidad de Vigo en el ámbito jurídico social con una tesis 'cum laude' sobre los herederos forzosos y el concepto de legítima desde el Derecho Romano.

Y ya en ese estudio dedicaba una parte a las viudas y su derecho a la herencia: “En las Partidas de Alfonso X se dice que si el marido muere mientras la mujer está embarazada sus parientes tienen derecho a “catar” su vientre, es decir, a toquetearlo para corroborar que la gestación sigue adelante. Y también tiene que haber testigos en el parto para que la viuda no dé el cambiazo si el bebé muere”.

Actualmente, Vázquez Lemos trabaja en otros dos artículos de cara a su publicación. Uno de ellos aborda el significado del carmen en el Derecho Romano, un cántico relacionado con el delito de injurias. Y en el otro continúa profundizando en el tema de su tesis.

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