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Ciencia
Ana María Crespo de las Casas Secretaria de la academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España

«Canarias es un referente científico mundial, la ciencia mira constantemente hacia estas Islas»

«Hay un problema de inversión y otro de cómo recuperar el talento que se marchó por la crisis de 2008»

Ana María Crespo de las Casas (1948, Santa Cruz de Tenerife), el pasado jueves en la Plaza Weyler de la capital tinerfeña . Andrés Gutiérrez

Aunque nació en Santa Cruz de Tenerife, Ana María Crespo de las Casas (1948) ha desarrollado su actividad científica lejos de un archipiélago al que da un valor estratégico para la investigación.

¿A qué se refiere cuando habla de los cambios de acento en las políticas españolas sobre biodiversidad?

A dónde hay que poner un acento para considerar que un tema es de actualidad o cuáles deben ser las líneas científicas del momento. En esa política siempre hay dos caras; una tiene que ver con lo que hace falta o se considera que no existe para desarrollar un proyecto en beneficio de toda la sociedad y la otra es la ciencia por la ciencia, es decir, la ciencia básica.

Un buen argumento para defender el Año Internacional de la Ciencia Básica.

Sí que lo es, pero eso no se puede entender como un menosprecio a la ciencia aplicada, entre otras cosas, porque esa ciencia estratégica es absolutamente importante... No quiero que se malinterprete lo que voy a decir, pero la ciencia básica es de donde surgen esas ideas que se aplican de manera inmediata o no para ampliar nuestro conocimiento. Una parte decisiva de esas políticas sobre diversidad está condicionada por los movimientos ecológicos que se han alineado cerca del mundo de la ciencia.

¿Hasta qué punto la biodiversidad está condicionada por los efectos del cambio climático?

Aún es pronto para poder analizar los acuerdos de la COP27, ¿veremos cómo termina todo y de qué manera se cumplen? Estas reuniones para lo que de verdad sirven es para impulsar los estudios más precisos de cara a consolidar unas políticas que partan del mismo patrón.

¿Llegamos tarde a esa reordenación o cambios de estrategias?

Esa es una pregunta muy difícil de contestar [silencio]. Lo que sí le puedo decir es que los informes del panel internacional son buenos, es decir, que los estudios que se van a trasladar a las delegaciones son de una pulcritud extraordinaria y tienen una base sólida para futuras citas. Cuando vuelvan a reunirse los mandatarios ya podrían tomar decisiones, si quisieran, teniendo como punto de referencia esas investigaciones. La gobernanza que trata estos asuntos es supranacional y ahí la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sí que está trabajando bien desde la Cumbre de Río de Janeiro. Sin esa referencia aún no se habrían desarrollado unos estudios que han demostrado tener un buen factor corrector. El problema es muy evidente, está medido y ya se están haciendo pronósticos.

¿Pero el «problema» al que usted acaba de referirse no parece que vaya a tener una solución rápida o a corto plazo?

Cuando se ha demostrado que el cambio climático ya era un problema antropogénico grave había mucho trabajo acumulado... Evidentemente hay que acometer una serie de compromisos, que ya le adelanto que no son nada fáciles, porque muchos de ellos están asociados a la guerra que aún se libra en Ucrania. Sabemos lo que hay, pero este tipo de contradicciones estratégicas son un freno para el resto de la comunidad internacional.

Hacen falta muchos compromisos, ¿no?

Los discursos populares, incluso abstractos, en los que parece que se dice algo de manera muy enérgica pero realidad solo hay humo no llevan a ninguna solución. En un momento en el que se está arriesgando tanto el futuro de la Tierra es necesario dejar claro y marcar hasta dónde llegan los compromisos de unos y de otros. Sin esas reuniones supranacionales que se llevan organizando desde hace años el futuro del planeta sería muy oscuro.

Esto, que hace unos años simplificamos con lo difícil que lo tenían las abejas en el medio natural y que supuso un toque de atención, se está complicando mucho.

El asunto de la ecología y protección de la naturaleza yo lo viví desde que era muy joven, pero lo que está dejando a la ciudadanía fuera de combate es la primera llamada de atención que hace el Club de Roma, que ahora no está de moda, a finales de los años 60. Hicieron unos modelos, algunos de los cuales no estuvieron afinados, pero sí que se dijo con claridad que la Tierra era un planeta limitado.

Mucho caso no hicimos al aviso del Club de Roma.

[hace una pausa]. Cuando entraron los americanos en todo lo que tiene que ver con la ciencia ecológica la actividad científica cambia pero aún no había movilizaciones sociales, estas llegaron después de la Cumbre de Río. Algunas protestas anteriores sí se dieron, pero nada comparable con lo que vino a partir de la cita de Brasil. No decir que había un problema de gobernancia internacional antes de Río es faltar a la verdad pero, creo, que a veces es fácil quejarse de un político, que al fin al cabo es una actividad como otras muchas ocupaciones laborales, cuando hay problemas que superan tus fronteras y no existe un órgano más alto que la ONU. Ahí es donde lo tienen que arreglar.

¿En tierra firme o en el océanos, dónde estamos peor?

En el mar se ve menos la contaminación que en la tierra, pero no sabría decirle dónde estamos peor. Eso sí, tenemos que pensar más en cómo nos afectan los cambios globales en lugar de centrarnos en una sola realidad climática. Lo global es lo que percibimos los seres humanos cuando vamos por una carretera recién hecha y nos encontramos con todo absolutamente destrozado a su alrededor, ese gran embotellamiento circulatorio que es fruto de un problema estructural o ese momento en el que te dan los resultados de estudio de alergógico y el especialista dice: es usted alérgico a los ácaros y, además, a unas partículas atmosféricas que están en la ciudad en la que vive o trabaja. Ahí es cuando te preguntas, ¿qué habrá ahí fuera tan extraño que los médicos no me saben decir?

Otros cambios los impone la naturaleza como la erupción del Tajogaite. Sé que no es su especialidad, ¿pero cómo vivió el proceso volcánico palmero?

Ese fenómeno se vivió y analizó por parte de la comunidad científica internacional con una excitación y curiosidad enorme... El científico que se pone en contacto con esa situación también es capaz de distinguir los problemas que no están relacionados con su actividad. Lo ocurrido en La Palma tiene un dramatismo incalculable, pero no por esa razón hay que obviar su belleza extraordinaria como fenómeno natural. La posibilidad de disponer de unos datos multidisciplinares en tiempo real es algo que la ciencia no puede rechazar por muy duro que sean las consecuencias para la población. Poner la ciencia al servicio del ser humano y del conocimiento es algo maravilloso por lo decidimos hacernos científicos.

Cuando habla de ciudadanía y conocimiento es inevitable pensar en espacios para la investigación nacionales –inteligencia artificial, vulcanología o espacial– a los que Canarias opta como sede oficial.

Canarias es un referente científico mundial, la ciencia mira constantemente hacia estas Islas por los méritos acumulados. Muchos de ellos los acapara el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), una institución modélica con una fama internacional que no ofrece dudas. El IAC no solo es una imagen poderosísima de la ciencia que hacemos aquí, sino el reflejo de lo puntera que puede llegar a hacer España cuando se ponen los medios adecuados en manos de los investigadores. Para una experta en biodiversidad esta tierra tiene unos matices que la convierten en un universo único, un pequeño continente para la investigación.

Para desarrollar esas investigaciones hace falta una buena financiación y, la ULL por citar un ejemplo cercano, lo está pasando mal para obtener fondos.

El mundo de la ciencia sufrió un estrangulamiento tan brutal con la crisis de 2008 que aún estamos pagando sus efectos. Sus consecuencias no solo lo notamos en el talento que se marchó de España, sino en el depresión que generó al colectivo de investigadores, profesores y alumnos. España resolvió esa crisis de una manera dramática para el mundo de la ciencia, mientras otros países hacían justo lo contrario. Ellos no recortaron en ciencia. Cuando realizas una poda tan cruel no puedes crecer luego de una manera violenta sin justificar los pasos que vas dando. Las inversiones en el segmento de la ciencia son muy complicadas.

¿Podría aclarar un poco más lo de las inversiones?

[ríe]. Sí, a eso siempre hay que darle un par de vueltas. Tú no puedes invertir una cantidad de dinero en ciencia y esperar respuestas de inmediato... De nada sirve realizar una gran aportación si la comunidad científica no tiene una capacidad de absorción. No se trata de hacer esto al lazo y esperar a ver qué pasa. Ahora vamos a dar un salto de calidad importante, espero que sea definitivo porque el retraso que vamos acumulando desde hace una década y media es enorme, con la aportación de los fondos europeos. Mi deseo es que el uso de esas partidas se haga de una manera racional y efectiva porque estamos hablando de mucho, mucho, mucho dinero...

¿Algunos gestores se las ven y se las desean para gastar bien y, sobre todo, en plazo los fondos que reciben?

Saber invertir implica conocer cómo y dónde se deben hacer esos movimientos. En España, y ahí incluyo a Canarias, hay un problema de inversión y otro de cómo recuperar el talento que se marchó por la crisis de 2008. ¿Qué medidas se pueden activar para ser competitivos con otros países? Igual no solo hay que rescatar a los nuestros que se fueron sino a otros que están dispuestos a venir. España tiene suficientes atractivos científicos para liderar sectores estratégicos a nivel mundial. Yo aún soy una ferviente defensora de la idea de que la ciencia no es un gasto, es una inversión.

Pero, insisto, todas las universidades –me refiero a las que están en el sistema público– siguen reclamando más fondos para investigar.

Yo trabajé durante unos cuantos años en financiación y, por lo tanto, sé que en este país hay una anomalía asociada a la ausencia de fondos para que una universidad oferte un elemento diferenciador en relación o otra universidad. Eso no existe en nuestro sistema educativo. La diferencia con otros países es que fuera de España el hecho de financiar un proyecto es algo muy competitivo, mientras que aquí pagar por investigar en muchas ocasiones supone una carga. En este punto es necesario decir que existen competencias transferidas a las comunidades autónomas con un resultado bastante desigual. Cataluña, por citar un ejemplo en clave positiva, invierte en investigación no solo lo que le toca en el reparto del presupuesto nacional sino otro porcentaje que sale de su propia redistribución financiera. A mí poco me importa el color de los gobiernos que haya en un lugar u otro, pero Cataluña compite con los Países Bajos en lo que es el retorno de productos europeos y eso sí que merece una reflexión. Estamos hablando del mismo país, ¿no? Eso significa que existen decisiones políticas que se pueden tomar en beneficio de la ciencia al margen de las que vienen dadas de Madrid.

Vamos, que no hay que esperar que todo me lo arregle papá Estado...

Esto no me lo arregla el Estado, esto necesita otras vías que al final van a resultar beneficiosas para toda la comunidad. A lo mejor lo que hay que hacer es aguantar un año los baches de una carrera y meter ese dinero en mis universidades. La política es un terreno por el que es muy difícil transitar y en el que no siempre las cosas son como las cuentan, unos y otros, pero la ciencia necesita hoy más que nunca políticas efectivas.

Cronología

1948

Nace en Santa Cruz de Tenerife, pero a los 17 años viaja a Madrid para estudiar Ciencias Biológicas en la Universidad Complutense.

1970

Acaba sus estudios de Ciencias Biológicas (UCM) y comienza a preparar una tesis doctoral que lee tres años después.

1983

Obtiene la cátedra de Botánica de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid.

1993

Recibe la Medalla de Honor a modo individual de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

2005

Investigadora asociada al Museo Field de Historia Natural de Chicago y miembro de la International Association for Lichenoly.

2010

Ingresa en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España, órgano en el que sigue como secretaria general.

2012

La International Association for Lichenology le concede su máxima distinción (Acharius Metal) en reconocimiento a su trayectoria.

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