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‘Sin filtros’, una guía para mejorar la autoestima en las redes sociales

La psicóloga Cristina Gil y la fotógrafa Asiria Álvarez plantean un manual para luchar contra la irrealidad de las plataformas | El libro ofrece ejercicios prácticos

Imagen incluida en ‘Sin filtros - Guía para un uso saludable de las redes sociales’, de Cristina Gil y Asiria Álvarez. | | ASIRIA ÁLVAREZ

Ojos delineados, labios gruesos, cutis inmaculado, cejas perfiladas, pómulos prominentes... El siguiente vídeo de TikTok entra en pantalla diciendo, «descubre cómo es tu yo adolescente», «mira cuál es tu cara perfecta», mientras Instagram tiene en tendencias plantillas para hacer un selfie con el nombre de «moreno con pecas», «perfect skin», «no filter nah», «sun kiss» o «baby dixie». Retoques que, tarde o temprano, pueden tener un efecto adverso en la salud mental de la juventud que crece con estos patrones de belleza irreales. Con el fin de construir una buena autoestima y, sobre todo, una mirada crítica, surge Sin filtros - Guía para un uso saludable de las redes sociales, un manual hecho por la psicóloga y educadora social Cristina Gil y la fotógrafa Asiria Álvarez con el apoyo del Gobierno de Canarias a través de la Dirección General de Juventud, el cual se presentó el pasado martes, día 8, en la capital grancanaria en el Centro de Cultura Audiovisual de Schamann, y ayer, a las 18.00 horas, en el Centro Atlántico de Juventud de San Cristóbal de La Laguna.

«Nos hemos enfocado en el uso de filtros para ver qué pasa cuando te acostumbras a verte con una cara totalmente distorsionada, lo cual puede afectar a la autoestima y el autoconcepto de tu persona, más en la adolescencia cuando estás definiendo tu personalidad», comenta Gil. La avalancha de «me gusta», halagos, comentarios o el aumento de seguidores son como los botones de una máquina tragaperras que induce al consumidor a querer más, lo cual puede provocar situaciones límite. «Los filtros empezaron con orejitas de perro, pero ahora la mayoría son de belleza que distorsiona la cara, por tanto, se ajustan a un canon de belleza artificial y reduce la visibilización de las bellezas del día a día, lo que puede provocar disforia al verte en el espejo y no gustarte», señala la especialista.

Sin querer dar lecciones, de manera abierta y transversal, plantean el diálogo tanto con profesionales del sector como con la juventud que puede realizar este aprendizaje en solitario o en grupo del que será un manual pionero en la temática. «Hay gente consciente de la situación, chicos y chicas que saben que es dañino y les sienta mal, y otras personas para quienes les es complicado dejar de usar ese filtro porque va emparejado a una aceptación de sí mismas», recuerda la fotógrafa Álvarez.

Este debate lo mantuvo durante largo tiempo con Álvarez, razón por la que decidieron dar el paso y buscar el apoyo de la administración pública para llegar a todos los ámbitos posibles. «Veíamos una problemática a tratar muy importante que se estaba debatiendo en las redes, pero no fuera.

Filtros en el Congreso

Este proyecto es una guía -impresa y en línea- muy fácil, con bastantes recursos y ejercicios, aparte de teoría, que trata lo que conlleva para la juventud y las personas adultas», indica. En términos estadounidenses, el fenómeno se conoce como «dismorfia del selfie» y provoca alteraciones en la salud mental de esta población que luego, por poner algún caso llamativo, lleva a los pacientes de cirugía plástica a pedir modificaciones de sus rostros con capturas donde llevan la máscara digital a cuestas.

La dinámica, cuyos orígenes se volvieron populares con la red Snapchat en 2011, ha saltado hasta el debate parlamentario debido a que Más País presentó en octubre de este año una iniciativa para que Instagram identificara las imágenes irreales al estilo de la publicidad, como ha hecho la británica Adverstising Standards Authority (ASA), «no se trata de prohibir, sino de concienciar y educar en que no eres menos capaz sin filtros», asevera Álvarez. Las consecuencias están por ver. Por ahora, la guía plantea a lo largo de cinco capítulos dinámicas saludables, consejos y también señales para percibir si las redes afectan más de lo debido, como el tiempo que le dedicamos. Por ejemplo, entre las pautas para mejorar rezan algunas sentencias como «rodéate de gente que te trate bien», «habla con tu voz interior» o «fíjate metas realistas y alcanzables».

Al respecto, la psicóloga mantiene que un ego excesivo tampoco es lo óptimo, ya que hay que ajustar expectativas, teniendo en cuenta el alud de notificaciones de estrellas del fútbol, modelos, es decir, personas influyentes que son capaces de borrar con Photoshop a los individuos de una playa para mostrar que están en un «paisaje idílico». «Esperamos que reduzca el malestar y que entiendan que la autoestima es variable, por lo que cuanto más te conoces, más realista eres y más te respetas, mejor eres». Además, ofrecen alternativas con cuentas que desarrollan su actividad en el campo del humor, del activismo o la divulgación, «hemos intentado que la guía no sea demonizadora, solo que seas consciente de que con quien te estás comparando no es real: la gente no tiene la cara, el cuerpo ni la vida perfecta».

No a la violencia

Asimismo, el texto incluye la perspectiva de género puesto que las autoras consideran que una buena autoestima es protección contra otro tipo de violencias, «esto no deja de ser un caldo de desigualdad que afecta más a las chicas», subraya. Ese es uno de los ejes centrales de la obra de Asiria, que retrata en sus composiciones las trabas físicas y psíquicas a las que están sometidas las mujeres. Conocedora de la necesidad de edición, realiza una serie de recomendaciones en uno de los apartados para mejorar de forma menos agresiva el posado o la posproducción, por ejemplo, con trucos de iluminación, el uso de objetos, espejos o desenfoques, el entendimiento de los colores, y la utilidad del autorretrato, «puede ser una herramienta muy potente de autoestima y autoconocimiento».

Incluso, retos para que se muestren sin filtros en la globosfera, como la campaña Filter Drop que lanzó en febrero del año pasado Sasha Pallari. «La belleza es un gran negocio», razona Cristina Gil. Al margen de lo que pretende ser lo establecido, dan otra perspectiva para luchar contra lo hegemónico. Aún queda camino, pero esperan que este sea el primer paso para una mejora social.

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