Vivienda
"No puedo alquilar un piso, pero sí vivir en un local por 500 euros"
Ángela vive con su marido y su hija en un inmueble oscuro y estrecho de Palma que antes fue un comercio

Local donde vive Ángela con su familia. / Miguel Vicens
M. Elena Vallés
"Por un piso nos piden mínimo 900 euros y tres nóminas. No podemos pagar eso, es imposible", relata con desesperación Ángela (nombre ficticio), quien ha abierto las puertas del local donde vive a este diario pero con muchas restricciones. No quiere fotos por temor a que los propietarios puedan molestarse y la echen de allí junto a su familia, con quienes vive en un espacio con dos habitaciones, una pequeña cocina, un baño y un patio. Por la distribución, es en la parte delantera donde debía haber antes una tienda.
"Aquí estamos bien, mucho mejor que si tuviéramos que compartir un piso con otras parejas", explica. "Total nos pedirían 400 euros por una habitación y aquí pagamos 500, con los gastos aparte", detalla."«Tenemos un contrato, lo hemos hecho todo legal y como toca", aclara. Sin embargo, desconoce si el local tiene cédula de habitabilidad.
Ángela es de Sudamérica (prefiere no desvelar el país) y llegó a Mallorca hace quince años. Allí dejó a su marido y a su hija. "Vine aquí para trabajar y siempre les mandaba dinero", cuenta.
Hace unos tres años su pareja decidió saltar el charco y probar en la isla. "Trabaja en la construcción y mientras yo estaba de interna en una casa él vivía con mi hermana. Pero aquel trabajo se terminó y me salió otro empleo en el servicio del hogar como externa y nos pusimos a buscar piso. Una locura. Ahora en invierno quizá salgan al mercado más pisos, pero hasta ahora no había nada que bajara de los 900", asegura.
"Entre los dos ganamos unos dos mil euros. Mi hija pequeña está aquí con nosotros, está en edad de estudiar. Y todos los meses le envío dinero a mi otra hija, la mayor. Con todos los gastos no podemos invertir mil euros en una vivienda ni ahorrar para lo que te piden por anticipado", lamenta.
El espacio donde vive Ángela es oscuro y bastante estrecho. No tiene comodidades. Sólo una de las habitaciones tiene ventana, es la que da al patio. "Siempre la tengo abierta para que se ventile bien".
"Ya sé que esto no es un piso, pero estamos bien. Tenemos intimidad al menos. Por las mañanas trabajamos y mi hija va a estudiar. Después por las tardes nos reunimos aquí y estamos juntos. No me puedo quejar", confiesa.
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