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Cambio climático

Fantaciencia o panacea: Europa se moviliza para traer energía solar del espacio

Los ministros de ciencia de la UE se reúnen dentro de unas semanas para decidir si apuestan por el revolucionario proyecto Solaris

La historia empieza, como tantas otras, con un relato de Isaac Asimov. El autor de ciencia ficción publicó en 1941 un cuento que parte de una premisa tan sencilla, y al mismo tiempo novedosa, que parece una de esas preguntas con las que los niños pequeños desarman a sus padres. Por qué no traer energía solar del espacio, donde siempre es de día y nunca hay nubes, para sustentar la vida en la Tierra. Ocho décadas después, la hipótesis está más cerca que nunca de hacerse realidad. 

Los ministros europeos de Ciencia se reunirán en París a finales de noviembre para fijar las prioridades de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés). Uno de los asuntos a tratar será la posible construcción de gigantescos satélites que orbitarían a 36.000 kilómetros de distancia del planeta, muy por encima de la atmósfera, y captarían desde allí la energía solar, transmitiéndola después a la superficie terrestre.

El proyecto se llama Solaris. Si los gobiernos deciden seguir adelante, podría empezar a tomar forma en 2025. Pero no sería el único. En un momento de crisis energética, en el que Vladimir Putin amenaza con cortar el gas que llega de Rusia, y con el cambio climático sintiéndose en cada rincón del mundo, poniendo de manifiesto la absoluta necesidad de apostar por las energías limpias, tanto Chica como EEUU estudian iniciativas similares. 

Los defensores de la idea hablan de ella en términos casi milagrosos. Los críticos, entre ellos millonarios inmersos en la aventura espacial, como Elon Musk, consideran que el esfuerzo está abocado al fracaso, por la dificultad y los costes de ponerlo en práctica. 

El factor atmosférico

El mecanismo resulta sencillo de explicar. Los satélites capturarían la energía solar y después la trasmitirían a la Tierra a través de microondas, que serían atrapadas mediante antenas y convertidas en electricidad. Allí arriba siempre hace sol, y al estar por encima de atmósfera la luz no se dispersa, a diferencia de lo que ocurre en el planeta, donde este fenómeno provoca que el cielo sea de color azul. Por eso un panel solar genera en el espacio el doble de energía que en la Tierra. 

No es nada nuevo. El sistema se lleva aplicando desde hace décadas. Todos los satélites de telecomunicaciones desde los años 60 usan paneles solares para generar electricidad, que después envían a la tierra. Pero la escala de este proyecto es mucho mayor, no tiene nada que ver. 

Y aquí es donde empiezan las complicaciones. Las esperanzas depositadas en Solaris son enormes. Europa consume cada año alrededor de 3.000 teravatios/hora de electricidad. Los responsables del programa calculan que este podría satisfacer entre un cuarto y un tercio de esta demanda. Lo que de momento resulta imposible de calcular, sin embargo, es cuánto costaría llevarlo a cabo.

Las dificultades

Se necesitarían decenas de satélites para captar la luz a una distancia tan enorme de la tierra, pero no se trata solo de la cantidad. La dificultad, sobre todo, está relacionada con el tamaño de estos objetos. Cada uno de ellos debería tener una masa 10 veces superior a la de la Estación Espacial Internacional, que ya es más grande que un campo de fútbol, con 100 metros de largo y 80 de ancho, y pesa 455 toneladas. Son muchos los que consideran que el proyecto es una quimera.

Musk, por ejemplo. Tan poco dado a la contención verbal como siempre, el hombre más rico del mundo, fundador y consejero delegado de SpaceX, la compañía de lanzamientos de cohetes, dijo hace unos años sobre Solaris y el resto de proyectos similares: “Es una estupidez. Si hay alguien que defienda la energía solar del espacio, debería ser yo. Tengo una empresa de cohetes y una empresa solar. Pero obviamente no va a funcionar”. 

La ESA, sin embargo, tiene una opinión distinta. “La energía solar del espacio supondría un paso muy importante hacia la neutralidad climática y la independencia energética de Europa”, señaló en agosto su director general, Josef Aschbacher. Ante la inminente cumbre de los ministros europeos, la agencia encargó dos informes sobre el proyecto. Ambos concluyeron que Solaris “podría suministrar electricidad a precios competitivos en 2040, desplazando a las fuentes de energía de combustibles fósiles y complementando las energías renovables existentes”, señala la ESA. 

Faltan pocas semanas para conocer si la idea de Asimov comienza a cristalizar o todo queda en nada. 

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