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Colectivos vulnerables

"Con lo que cobro de la renta sólo puedo dar sopa o arroz a mis hijos"

Dos mujeres que perciben la Renta Garantizada de Ciudadanía comparten las dificultades para llegar a final de mes con la inflación desatada | "Es imposible vivir con este dinero, no llego: yo tengo que pedir dinero a todo el mundo", cuenta Isabel, madre soltera de dos niñas de 6 y 14 años

Maria Isabel Castillo, madre de tres niñas menores de edad y beneficiaria de la Renta Garantizada, en el barrio de la Salut Alta de Badalona. Laura Guerrero

"¡Mama, es que no hay nada en la nevera!", se queja a menudo una de las hijas de Isabel Castillo. "Y a mí cada vez que lo dice se me saltan las lágrimas", cuenta la madre. Esta mujer cobra cada mes 980 euros como beneficiaria de la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC), una ayuda social que no se ha actualizado a pesar de la inflación. "No me llega, es imposible pagarlo todo", se desespera, admitiendo que se ve incapaz de garantizar una alimentación saludable a sus hijos. Una situación que también afecta a Olga Fernández. Vive sola y cobra 664 euros al mes: "Con lo que ha subido todo... he dejado de comer a mediodía, solo desayuno y ceno", explica. Las ayudas que deberían sacarles de la pobreza, les perpetúan aún más en ella.

Isabel tiene dos hijas. La pequeña está a punto de cumplir siete años. La mayor tiene 14. Ella no puede trabajar, dice, por los dolores de espalda que tiene. "Me quedo clavada", cuenta. Además, tiene que cuidar a su madre, enferma de un ictus. "La ducho, la visto... se lo tengo que hacer todo", dice. Es por ello que hace años que es beneficiaria de las ayudas sociales: primero el PIRMI y ahora la Renta Garantizada de Ciudadanía de la Generalitat. Su pensión no llega a los mil euros, y ahora pone en jaque toda la economía familiar. Paga 554 euros de alquiler en un piso en el barrio de la Salut Alta (Badalona), después tiene que asumir los gastos de los suministros. Le quedan menos de 400 euros para pasar el mes. "¿Que cómo lo hago? Pidiendo dinero a mis hermanos y pinchándome a la corriente", dice tajante.

Comer sopa todo el verano

Los problemas económicos de esta madre le hacen muy difícil poder dar a sus hijos todo lo que necesitan. "En verano se nos estropeó la nevera, pues tuve que comprar otra, me costó más de 200 euros. Como el dinero de la renta no me llegaba... no podía darles nada de comer, sólo sopa", explica. Aún recuerda los sollozos de las niñas pidiendo algo distinto. Ahora la situación no ha cambiado mucho.

"La pequeña puede ir al comedor escolar. La mayor no... desayuna si hay algo, pero a los días se acaba y no puedo reponerlo hasta que cobro otra vez. El viernes no tenía pan, la niña se llevó dos salchichas de fránkfurt para desayunar en el patio. Hoy, hemos comido arroz hervido: nada más", describe la madre. La fruta la prueban cuando van al centro abierto de la fundación Salut Alta, que garantiza una merienda saludable a todos los menores. La carne es excepcional. "Para ellos comer albóndigas es una fiesta".

Luego está el drama del material escolar. La hija mayor trabaja de canguro: gracias a ello se pudo comprar todos los libros que necesita. La menor, ha estado yendo a clase sin libros. "No he podido, a ver si este mes puedo pagar 30 euros...". A la madre también le duele no poder comprar la ropa que quieren las niñas. "Tengo suerte que una vecina me dejó la que ya no usaban sus niños".

Venderlo todo y no poder pagar la luz

Ante esta situación desesperada, esta mujer ha tomado una drástica decisión: pincharse a la corriente eléctrica. "Claro que me da miedo un incendio, pero es la única forma que tengo de llegar a final de mes", suplica. Lo hizo después de vender todo lo que ha podido. Desde las consolas de las niñas hasta las joyas de su madre. Tiembla solo de pensar los 4.000 euros que cuesta el tratamiento del dentista que tiene que pagar a una de sus hijas. "Lo llevo fatal.... a veces me encierro en la habitación y me pongo a llorar. Es que no puedo hacer nada... y tomo pastillas para que me suban el ánimo".

Pero el de Isabel no es ni un caso extremo ni excepcional. Hay centenares de familias en la misma situación. Olga Fernández, una mujer sola que vive en el piso que compró con su difunta pareja en el Bon Pastor (Barcelona) también está en apuros. Antes de saber que tenía derecho a cobrar una ayuda social, vivía en las tinieblas. "Me cortaron la luz porqué no podía pagarla. Me alumbraba con velas e iba a comer a casa de mi hermana... ¿tú sabes lo que es no tener electricidad durante un año?". En 2017 accedió a la prestación social de la RGC: 664 euros cada mes.

"He dejado de comer"

Desde el pasado junio, lo que parecía su solución solo ha hecho que ponerlo todo más difícil. "Con lo que han subido los precios, no puedo pagar nada: estamos a día 13 del mes y sólo me quedan 80 euros", se sincera. Antes del verano, la compra del supermercado le costaba unos 50 euros a la semana. A partir del mes de junio ya se dio cuenta de que con ese dinero no podía comprar la misma cantidad de antes. "Pues que hago... dejo de comer... no hay otra", dice resignada.

Ahora ya tiene corriente en casa, pero apenas lo usa. "Me compré una lámpara a pilas para no gastar", dice. Y tiembla al recordar que tiene que reparar su estufa de gas. "No sé que haré este invierno... es que las otras estufas que he estado mirando cuestan 74 euros.... yo no me lo puedo permitir ahora", se sincera. Antes, podía ir a un comedor social, donde le daban lotes de alimentos. "Desde que cobro la RGC me lo quitaron, dicen que hay otra gente que lo necesita más que yo, que yo ya supero los límites de ingresos".

"Estos políticos que dicen que con esta renta podemos vivir dignamente: que vengan aquí y que lo vean. Que pasen el mes con lo que pasamos nosotras... es imposible, es un sinvivir. Por favor, súbanlo, con estos precios no podemos hacer nada", implora Isabel, harta de arrastrar a sus hijas en la miseria. Olga, se encierra en casa. "La puerta no funciona, tengo que repararla, cuando pueda", dice. Antes de cerrarla, hace una pregunta. "Espero que haber contado mis problemas sirva de algo, ¿tu crees que nos lo van a subir? Es que ya no puedo más", suspira.

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