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Arqueología

Los pastores guanches veraneaban con su ganado en Las Cañadas del Teide

Un estudio de la Universidad de La Laguna combina dos técnicas de análisis de sedimentos para reconstruir la historia de la única cueva habitada del Parque Nacional

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Laura Tomé y su equipo de investigación, quienes han estudiado cómo vivían los guanches en El Teide Carsten W. Lauritsen

Cuando el sol calentaba el negro picón del Parque Nacional del Teide y los vientos alisios separaban con un mar de nubes el mundo terrenal del de los cielos, los pastores guanches comenzaban su ascensión hacia la alta montaña. A primeros de mayo partían desde la costa con sus cabras y ovejas, cazos de cerámica y herramientas a hombros para mudarse a aquel enclave único que les aportaba recursos muy diferentes de los que podían disfrutar el resto del año en otras zonas de la isla.

Uno de estos grupos aborígenes hizo suya una singular cueva conocida como Tubo Volcánico de los Roques de García, en el tramo de sendero que lo separa de Pico Viejo. Allí aprovechaban el colapso de una colada de lava –estructura conocida como jameo– para adentrarse al tubo volcánico y pasar los días y las noches disfrutando de los recursos, el paisaje y la noche estrellada del Parque Nacional. Durante los meses de verano hacían vida alrededor de una hoguera que crepitaba al consumir madera de sabina (Juniperus thurifera) y en las frías noches, además, aprovechaban para acurrucarse junto a cabras y ovejas para guardar el calor. 

El yacimiento al que acudían los guanches se encuentra en el interior de un tubo volcánico cercano a Pico Viejo. El Día

Esta reconstrucción de la vida de los antepasados de Canarias nace de la información recabada por el grupo de investigación Archaeological Micromophology and Biomarkers (AMBI Lab) y varios miembros del área de Prehistoria de la Universidad de La Laguna (ULL), cuyos resultados han sido publicados en la revista Archaeological and Anthropological Sciences. Los investigadores, por primera vez, han llevado a cabo un extenso análisis de los sedimentos que han recogido en esta cueva, la única que tuvo pobladores en su interior y situada a 2.290 metros de altura. Esta investigación ha sido posible gracias a las intervenciones arqueológicas previas desarrolladas por la empresa PRORED en colaboración con la ULL. 

Este estudio arqueológico se basa en la combinación de dos técnicas: la micromorfología, que permite estudiar el sedimento arqueológico a escala microscópica, y el análisis de biomarcadores lipídicos, restos moleculares de la materia orgánica del pasado. La ULL, que es pionera en esta fórmula de estudio, ha podido ver, por primera vez en Canarias, un mundo que tradicionalmente los arqueólogos consideraban «invisible».

Los investigadores han utilizado una combinación de dos técnicas para analizar los sedimentos

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«En los yacimientos hay mucho que ver más allá de los colores de los sedimentos o los objetos que han permanecido enterrados, hay muchos restos derivados de la actividad humana a escala microscópica», reseña la autora principal de este artículo Laura Tomé, investigadora predoctoral de la ULL. Con estas técnicas de alta resolución geoarqueológica, los científicos han sido capaces de diferenciar las tantas ocupaciones que pasaron por la cueva así como indagar en el universo orgánico del pasado. «Son pistas sobre la vida de estos moradores que normalmente no se pueden obtener porque se degradan fácilmente y no suelen preservarse hasta nuestros días», explica Tomé. Sin embargo, hay un lugar donde esos restos permanecen: la escala molecular.

Varios arqueólogos de la ULL trabajan en el interior del tubo volcánico que habitaban los guanches. El Día

«Con estas técnicas podríamos saber lo que comían, las plantas que utilizaban y hasta qué tipo de ganado utilizaban», asegura. De hecho, gracias a eso y los datos obtenidos con biomarcadores lipídicos, han reconstruido algunas de las características más importantes de este asentamiento estacional. Lo primero que pudieron ver en sus análisis es que el asentamiento probablemente era estacional. «Había periodos de ocupación y otros de abandono, y lo sabemos porque observamos cambios en el registro microscópico y en la vegetación», resalta Tomé. Y es que, cuando los moradores de la cueva volvían a las cotas bajas de Tenerife, las plantas y flores endémicas del Teide crecían con mucha más fuerza. 

En un análisis algo más concreto, los investigadores identificaron la presencia de excrementos de ganado de cabras y ovejas en el interior de la cueva. «Los encontramos, además, asociados a restos humanos, por lo que creemos que también vivían con ellos en la cueva», destaca Tomé. Las técnicas biomoleculares le permitieron ver qué tipo de combustible utilizaban para encender sus grandes hogueras. 

La madera que quemaban para hacer fuego era de sabina, un árbol que hoy no crece en el Teide

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«Nos sorprendimos al encontrar que la madera utilizada era de sabina, porque no es un árbol que crezca actualmente en el Parque Nacional», reseña. Hasta el momento se trata de la primera evidencia del uso esta especie específica como combustible en Las Cañadas, aunque sí se había documentado su uso para otros propósitos como la confección de objetos. El hecho de que quemaran sabina puede significar dos cosas: o el árbol crecía en el Teide o los guanches trasladaban la madera desde altitudes medias, que es donde sigue creciendo ahora. «Esto abre la puerta a nuevas preguntas y nuestros datos podrían servir para conocer, por ejemplo, cuál era el paisaje de El Teide y cómo lo hemos modificado», insiste.

El Teide fue un enclave de gran importancia para los guanches. «Era un entorno riquísimo» donde se llevaban a cabo múltiples actividades, como pastoreo, ritos fúnebres o gestión de la obsidiana.

Este estudio forma parte de la tesis doctoral de Tomé, abre ahora nuevas posibilidades de estudio no solo para Canarias sino también para el resto del mundo. «Los yacimientos de alta montaña como el del Teide son interesantes». Quienes poblaron este tipo de asentamientos tuvieron que desarrollar mecanismos de supervivencia diferentes dado que vivían al límite, careciendo de muchos recursos naturales y, entre ellos, el agua. 

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