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Un modelo de avión canario reduce el gasto de combustible en los vuelos ultrasónicos

Un grupo de jóvenes españoles, entre ellos un isleño, gana un premio de la ESA por diseñar un vehículo que permite volver a soñar con los viajes a la velocidad del sonido

El grupo de estudiantes españoles del Imperial College de Londres junto a David Parker, director de exploración humana y robótica de la ESA. El Día

Hace 50 años el Concorde sobrevoló por primera vez la Tierra. El primer avión de pasajeros supersónico era capaz de volar de a Nueva York en tres horas gracias a su capacidad para alcanzar velocidades cercanas al sonido (unos 330 metros por segundo). Pero el sueño de los vuelos rápidos pronto se vio obligada a caer en el olvido. El coste de quemar tal cantidad de combustible cuadruplicaba el de los viajes en aviones tradicionales, lo que los hizo inviables. Medio siglo después, un grupo de jóvenes estudiantes españoles de ingeniería, entre los que se encuentra en un canario, ha hallado una ecuación que podría hacer realidad la utopía de los viajes supersónicos. 

El grupo de cuatro estudiantes españoles de 2º de ingeniería aeronáutica y aeroespacial del Imperial College de Londres ha diseñado un prototipo de vehículo – en este caso suborbital– cuya aerodinámica es capaz de salvar los obstáculos que obligaron a abandonar los viajes supersónicos en el pasado. «Las alas tienen una geometría rara y diferente pero estos cambios permiten evitar el rozamiento con el aire y, por tanto, ahorrar combustible al viajar a la velocidad del sonido», narra el canario Joel Pimentel, de tan solo 20 años. Este novedoso diseño de vehículo orbital ha sido galardonado por la Agencia Espacial Europea en su Student Aerospace Challenge, lo que les ha permitido presentar su proyecto en el Congreso Internacional de Aeronáutica (IAC, por sus siglas en inglés) en Paris, pudiendo trabajar codo a codo con expertos y personalidades del sector. Su diseño fue tan novedoso que logró sorprender incluso al jurado de la ESA, hasta el punto de elegirlos por encima de otros trabajos de estudiantes de máster o posgrado. «Desde el principio tuvimos claro que en la competición habría gente que sabría mucho más que nosotros, así que decidimos aportar una visión más inusual», explica Pimentel. 

El avión supersónico Concorde El Día

Se sumergieron en la literatura para encontrar una teoría que pudiera servir para crear algo nuevo. Fue entonces cuando se toparon de frente con la configuración teórica del biplano de Busemann. El biplano original de Adolf Busemann consiste en dos placas de sección triangular separadas una cierta distancia, con los lados planos paralelos al flujo de fluido. La separación entre las placas es lo suficientemente grande como para que el aire no se bloquee y se mantenga el flujo supersónico entre ellas. 

Los estudiantes probaron la teoría en su vehículo utilizando un software que replica un tubo de viento. Finalmente, lograron su objetivo: un vehículo que pudiera viajar a la velocidad del sonido a bajo coste. «Podría ser un gran avance a la industria», replica Pimentel, que afirma que podría hacer los vuelos suborbitales –subir hasta el espacio durante unos segundos y volver a descender a tierra– «mucho más baratos». Hoy en día, las ofertas de viajes orbitales llegan a ser prohibitivos por sus altos costes. Es el caso de los de Virgin Galactic, que plantean vuelos para contemplar la Tierra durante unos segundos desde la órbita por más de 250.000 euros el viaje. 

El vehículo suborbital diseñado por el grupo de jóvenes estudiantes de ingeniería. El Día

Pero las aplicaciones de este descubrimiento son mucho mayores. «A día de hoy los aviones no han cambiado demasiado, siguen igual que hace 30 años», afirma Pimentel. Esto ha conllevado a que muchas posibles mejoras, como la que ofrece la teoría de Busemann, se pasen por alto cuando no entran dentro del diseño establecido. 

Pimentel se embarcó en esta aventura aeronáutica casi sin pensarlo, pues toda su vida ha vivido aprovechando las oportunidades que le ha brindado la vida. «Desde que estudiaba en Las Palmas sabía que quería salir de la isla para formarme», asegura. Desde que tuvo edad suficiente aplicó a universidades de todas partes del mundo, incluido Inglaterra y Estados Unidos. Finalmente fue la Imperial College de Londres la aceptó su solicitud. «Me fui el año de la pandemia y fue bastante duro», admite. Sin embargo, una vez hecho a Londres la experiencia ha sido muy gratificante. «Estudiar en el Imperial College que me ha permitido exponerme a muchísima diversidad y una gran cantidad de oportunidades por lo que se lo recomendaría a cualquiera». 

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