Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Radar Covid, luces y sombras de uno de los fiascos de la pandemia

Dos de los autores de un estudio piloto en La Gomera apuntan al sistema autonómico como principal escollo en su implantación

Una persona utiliza en su móvil la aplicación de Radar Covid | | E.D.

Imagine un virus nuevo del que solo se conoce que se contagia por el aire al contacto con otras personas. Imagine que en la primera ola de este virus hay casi 30.000 fallecidos y los hospitales se desbordan. Imagine que aún no hay vacunas ni test rápidos que avisen de un positivo. Imagine que dispone de una herramienta, en su teléfono móvil, para saber si alguno de los desconocidos con los que se ha cruzado está contagiado, si ha tenido un contacto de riesgo, si ha podido estar en peligro. Imagine cómo de útil podría ser esa herramienta. Imagine, porque la realidad de Radar Covid, la aplicación que nació para ayudar a la detección de contactos en la pandemia de covid-19, fue otra.

Tres meses después de que estallara la pandemia, el Gobierno puso en marcha en la isla de La Gomera la prueba piloto de una aplicación móvil que permitía notificar al usuario su posible contacto estrecho con un positivo por covid-19. Por la vía de emergencia, como la mayoría en aquellos meses, Indra fue la adjudicataria del contrato que ascendía a 330.537 euros.

Los resultados del piloto fueron «positivos», como concluyó el estudio que publicó la prestigiosa revista científica Nature, y justificaban su «despliegue a nivel nacional». A finales de verano, el Gobierno presentó en sociedad Radar Covid y adjudicó sin publicidad un nuevo contrato a la misma empresa para el mantenimiento y puesta en marcha de la que prometía ser una herramienta clave para ayudar a doblegar futuras curvas de contagios.

Dos años después, los positivos confirmados por la aplicación son poco más de 124.000, la secretaría de Estado de Digitalización ha sido apercibida por haber infringido ocho artículos del reglamento de protección de datos y la factura asciende a 4,2 millones de euros, unos 50.000 euros por código.

«Demostramos que, con un 30% de personas con la aplicación, éramos capaces de reconocer hasta 6,3 contactos por infección y eso es una barbaridad», señala Álex Arenas, doctor en física de la Universitat Rovira i Virgili y coautor del estudio de La Gomera. «Pero creo que el Gobierno tampoco insistió demasiado para que esta aplicación se estableciera», añade. Para otra de las autoras, la especialista en Medicina Preventiva y miembro de la Dirección General de Salud Pública de Canarias Eva Elisa Alvarez-León, «debería haber sido implantada de modo simultáneo y completo en todo el país» y esto no fue posible porque tenía que adaptarse a «17 sistemas de rastreo parcialmente independientes», uno por cada comunidad autónoma.

El estudio publicado en Nature ya señalaba que algunos de sus resultados tenían que tratarse con «cautela», y advertía de que para que Radar Covid se adoptara con éxito era necesaria «una importante campaña de comunicación». El Gobierno gastó unos 2,2 millones de euros en dar a conocer la aplicación. Una encuesta de la OCU en septiembre de 2020 señalaba que el 90% de la población había oído hablar de Radar Covid. Pero no fue suficiente. En La Gomera hubo voluntarios que explicaban a pie de calle cómo funcionaba la aplicación, algo que no se dio a nivel nacional.

Los dípticos informativos hablaban de que Radar Covid multiplicaba por dos la capacidad de rastreo manual y, con un 20% de usuarios, la pandemia se reducía en un 30%. La tasa de penetración sí ha sido del 21%, pero no es posible saber cuántas descargas son de un mismo usuario o cuántos han acabado por desinstalarla.

Competencias transferidas

«El sistema sanitario español está descentralizado y las competencias son transferidas a cada comunidad autónoma. En consecuencia, un adecuado despliegue requiere que cada comunidad autónoma integre su sistema sanitario con la aplicación». A esta conclusión llegaron los autores del estudio piloto de Radar Covid, que advertían de que se trataba de «un factor crítico que sustenta el éxito» y de que no había sido «validado en este experimento». Los dos coautores consultados coinciden en que ha sido el principal problema. El funcionamiento de Radar Covid es, a priori, sencillo. Pero el principal embudo del que ya advirtieron los autores del estudio piloto se producía a la hora de entregar los códigos. Dos años después, sigue sin haber datos de los códigos que las comunidades autónomas han entregado a sus contactos positivos. En 12 de las 17 autonomías, la ratio de códigos introducidos por casos confirmados es inferior al 0,5%, y en Extremadura, Comunitat Valenciana, Ceuta, Melilla o la propia Canarias es directamente cero. «Aquello era un Cristo, creo sinceramente que no se lo tomaron demasiado en serio», se lamenta Arenas.

«Cada comunidad autónoma debía integrar la herramienta de un modo diferente en su propio sistema de rastreo, y esto exigía una dedicación de medios humanos y técnicos del que no todas disponían en ese momento», explica Álvarez-León, que añade que Radar Covid llegó cuando arreciaba la segunda ola.

Poca preparación

«No todas las comunidades estaban preparadas, pero había prisa por ponerla a disposición porque la incidencia estaba volviendo a incrementarse. Las prisas y los medios insuficientes siempre dificultan la correcta implantación de cualquier herramienta novedosa», se lamenta Álvarez-León. Arenas insiste en que la tecnología en la que se basa Radar Covid es muy buena, pero el problema ha sido social: estamos dispuestos a instalar en nuestros teléfonos aplicaciones de terceros a las que cedemos datos que ni conocemos pero cuando llegó Radar Covid, surgieron muchas dudas.

El Gobierno dejará morir a Radar Covid, cuyo contrato de mantenimiento expira en noviembre de este mismo año. En respuesta a una pregunta parlamentaria, insiste en que este tipo de aplicaciones «mostraron su eficacia en fases anteriores de la pandemia», pero reconoce que «ya no resultan imprescindibles en el momento en que nos encontramos», aunque los datos siembran serias dudas de que, al menos Radar Covid, alguna vez lo fuera.

Compartir el artículo

stats