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El calor extremo afecta más a la salud de los habitantes de las ciudades

El estrés térmico causa desde calambres y náuseas hasta cansancio intenso y desmayos

Así será la segunda ola de calor en Canarias en este verano de 2022 EFE

El calentamiento global está generando, cada vez más, olas de calor más intensas y duraderas, y que están afectando tanto a la naturaleza, dando lugar a incendios, como a la salud de las personas, sobre todo en las ciudades, donde se produce el llamado «estrés térmico». En lo que a la naturaleza se refiere, los incendios se han cobrado en España solo en el mes de julio unas 70.000 hectáreas. Es el doble de la media de la última década y deja tras de sí un rastro de destrucción. En cuanto a la afección sobre la salud de las personas, baste decir que, según declaró ayer el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, las olas de calor del último mes han provocado 500 muertes en nuestro país: «El cambio climático mata».

Una de las consecuencias de las temperaturas extremas asociadas al cambio climático, y que sufre un alto porcentaje de la población, es el estrés térmico por calor que se da sobre todo en ciudades. Se trata de un fenómeno que produce una sensación de malestar que abarca desde náuseas, fatigas y calambres hasta agotamiento extremo y desmayos conocidos como golpes de calor.

Aunque en Canarias las olas de calor de julio no han sido tan extremas ni sostenidas en el tiempo como en la Península, en algunos puntos de Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, las temperaturas han rondado e incluso superado los 40 grados. Esto ha dado lugar a dos de las noches más sofocantes del territorio nacional, vividas en zonas de medianías y suroeste de Gran Canaria los días 10 y 17 de julio. Y todavía estamos inmersos en un episodio de subida del mercurio, que suponen un incremento del estrés térmico. Por eso, exponemos a continuación lo que nos espera y la mejor forma de afrontarlo.

Aumento de patologías.

Estos episodios son todavía más alarmantes en las áreas urbanas, donde la mezcla de contaminación por el tráfico, el asfalto y la escasez de zonas verdes convierten a las ciudades en «islas de calor». Este fenómeno es el culpable de un aumento en las patologías como los problemas respiratorios y cardiacos o las enfermedades cutáneas relacionadas con un exceso de calor y sudoración. Según datos del Ministerio de Transportes, aproximadamente el 75% de la población europea vive en ciudades. Teniendo en cuenta este dato, la construcción de más parques y edificios inteligentes y sostenibles que ayuden a regular la temperatura puede resultar decisivo a la hora de mitigar esta situación. Además, este tipo de acciones ayudarían a reducir el enorme gasto energético que se produce a diario por el uso de aires acondicionados o ventiladores.

¿Es posible prevenirlo?

Lo primero para combatir el estrés provocado por el incremento de las temperaturas es, según María Sánchez, e-Health Manager de Cigna, conocer los peligros que puede tener para la salud e implantar medidas que ayuden a combatirlo. «Prevenir sobre los peligros asociados al incremento brusco de temperaturas puede reducir el número de casos o episodios de estrés térmico, especialmente en personas de edad avanzada o con problemas cardiovasculares y respiratorios».

Síntomas del estrés térmico.

Los expertos en salud de Cigna quieren hacer hincapié en las medidas de prevención del estrés térmico y aportan unos datos importantes a conocer: empezando por conocer los síntomas que produce el estrés térmico, que son: aceleración del pulso cardiaco, elevación de la temperatura corporal, que puede llegar a alcanzar hasta los 42 ºC , exceso de fatiga, vértigos o mareos, náuseas, malestar general, desorientación o confusión, además de calambres y desaparición de la sudoración.

Adaptación en el trabajo.

Una de las principales medidas para minimizar el riesgo de padecer estrés térmico es aclimatar el lugar de trabajo, crear un espacio fresco y con bajos niveles de humedad a través de una buena ventilación o reducir la temperatura del interior. En el caso de que el trabajo requiera mucho esfuerzo físico, hay que establecer pausas frecuentes y buscar lugares frescos para descansar. También es importante llevar ropa cómoda, suelta y de colores claros, así como adaptar el ritmo de trabajo a la tolerancia que tenga cada empleado al calor.

Agotamiento físico y mental.

El calor provoca que el cerebro funcione peor, que estemos más lentos mentalmente y más cansados a causa del sobreesfuerzo que tiene que realizar este órgano para autorregular la temperatura corporal. El resto del cuerpo también se ralentiza. Y para detectar un golpe de calor es una de las variables que debemos vigilar, ya que un cansancio exagerado puede convertirse en un síntoma.

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