Los niños y niñas con edades entre cero y cuatro años son el colectivo más afectado por la aparición de virus respiratorios en Canarias desde el fin de la obligatoriedad de portar mascarillas en espacios interiores, en consonancia con lo que sucede en el resto del territorio español.

La doctora María Esther Benítez, pediatra, pone el ejemplo clarificador de lo que pasa cuando se cría a un niño en casa durante sus primeros años: «Cuando llega a la guardería se pone malo de todo, porque el aislamiento al principio le ha servido de protección, pero ya cuando se socializa en la guardería o en el colegio, con el resto de sus compañeros, su inmunidad se pone en cuestión», explica.

Según los sistemas de vigilancia recomendados por la Organización Mundial de la Salud y que en España lleva a cabo el Instituto Carlos III, en Madrid, «los tres virus van a convivir, es decir, el covid, el virus respiratorio sincitial (VSR) –el más común– y la gripe. «Desde el pasado mes de febrero, es una tendencia que ha ido al alza y que, se supone, irá bajando con la entrada más avanzada del verano», vaticina Benítez.

En este sentido, la incidencia de otros virus se ha hecho notar, sobre todo, en la franja de los niños con edades entre cero y cuatro años, «porque ellos nacieron durante la pandemia y las restricciones a la hora de afrontar y luchar contra la covid, que los hicieron desarrollarse en una burbuja que ahora se ha roto, y que los está acercando a los virus respiratorios», añade la doctora.

«El primer año de la pandemia», recuerda, «los casos de virus respiratorios bajaron de forma muy significativa entre los más pequeños –yo, incluso, hasta lo calificaría de brusco–, porque se interrumpieron las relaciones sociales, se iba a todos sitios con mascarilla y era difícil contagiar». «Pero ya en 2021 empezaron a subir los casos de virus respiratorios, empezamos a ver a bebés de menos de un años con virus que provocaban bronquiolitis y esto ha seguido subiendo durante el verano», añade.

Inflexión

El relato de la pediatra vuelve a marcar un momento importante cuando «en las Navidades del 2021 se produjo el gran brote de covid y que duró hasta el mes de febrero, cuando ese sistema de alerta que supervisa el Carlos III empieza a detectar que empiezan a subir los casos de gripe y que se producen varias olas que transcurren entre los meses de marzo, abril y mayo que traen virus respiratorios y que afectan, muy por encima del resto de la población a este colectivo de niños pequeños».

Para la doctora Benítez, estas circunstancias que se están produciendo en el mundo sanitario después de la pandemia «nos debería hacer reflexionar mucho sobre cómo nos debemos plantear el futuro». A su juicio, la higiene de manos, el uso de mascarillas y la distancia interpersonal cuando se muestren síntomas de enfermedad debería ser siempre la norma. «Se trata de no echar en saco roto las experiencias que hemos vivido y lo que hemos aprendido porque hay pacientes, también niños, que tienen otras enfermedades asociadas que complican mucho su vida y hay que tenerlos en cuenta para que no añadan ningún problemas a los que ya tienen».

Coincidencias

Por su parte, el pediatra Luis Ortigosa coincide con su colega Benítez en que la situación actual de repunte de contagios de distintas virus requiere medidas. «Efectivamente», explica, «primero el confinamiento y después la larga pandemia del covid habían hecho que determinados virus dejaran de circular y, por tanto, desaparecieran, pero ya han vuelto».

Ortigosa también destaca el hecho de que «algunas patologías que eran típicas del invierno las estamos viendo ahora; los niños vuelven a tener catarros, febrículas y gripe, es decir, lo de siempre, pero que causa bastante preocupación en los progenitores porque nos ponen la vida un poco al revés si no aplicamos lo aprendido».

Para este pediatra también ha sido definitivo el hecho de «quitarnos las mascarillas» porque «hemos dejado abierto de nuevo el camino a los que siempre han estado, los virus, sobre todo, el virus sincitial, que es un poco más grave y afecta mucho a la infancia».

Asimismo, Benítez matiza que «la sanidad pública nunca ha dejado de atender a los niños. «Durante un tiempo», explica la doctora, «tuvimos que reducir la agenda de pacientes infantiles para que pasara un tiempo entre una consulta presencial y la siguiente. Atendíamos a uno, pasábamos una consulta telefónica y después volvíamos a ver a otro en la consulta».

Por fin, tanto el calendario de vacunas como las revisiones a pacientes menores han vuelto a la normalidad. «Desde que ya se han eliminado casi todas las restricciones, vemos a nuestros pacientes con total normalidad, incluso, con padre y madre en la consulta, que fue uno de los primeros elementos que se redujeron durante un tiempo», concluye.