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Romper el canon estético

La tercera edición de 'Jornadas internacionales sobre Gordofobia y Violencia Estética contra las Mujeres' en Canarias reaviva el debate sobre la presión social que imponen los ideales de belleza

El arte de la visibilización

En 1954, la poeta argentina Alejandra Pizarnik inauguraba una semana cualquiera con la siguiente confesión en sus Diarios, reunidos en una edición mastodóntica de Lumen a cargo de Anna Becciú: «Lunes 9, 8.00 horas. Noche de insomnio, a pesar de que tomé diez pastillas. Lloré. Me odio más que nunca y odio mi cara y mi cuerpo, pues los miro a través de sus ojos».

Pizarnik, la extraordinaria voz poética de jaulas y alas, se recetaba anfetaminas para adelgazar, desahogando su angustia en los versos, desligándose de ese cuerpo que ejercía la escritura y otros placeres, porque su vocabulario comenzaba por el castigo: «¿Mi vida? Vacío bien pensado. ¿Mi cuerpo? Un tajo en la silla», reza el poema Yo soy.

En los años 60, la supermodelo Twiggy marcaba el delgadísimo canon femenino que, a lo largo de las décadas, ha seguido afinando el ideal de belleza para no dar cabida a otros cuerpos. «Nunca me odio tanto como después de almorzar o cenar. Tener el estómago lleno equivale, en mí, a la caída en una maldición eterna. Si me pudiera coser la boca…», siguió. «La única desgracia es haber nacido con este defecto: mirarse mirar, mirarse mirando».

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Este año 2022, en que se cumple medio siglo del suicidio de Pizarnik -«imposible vivir siempre en estado de catástrofe»-, los imperativos estéticos ejercen una presión aún más atroz sobre los cuerpos, que se agrava con la sobreexposición continua de imágenes idealizadas a través de las redes sociales, medios de comunicación y eslóganes publicitarios, irradiando valores normativos imposibles, como la tiranía de la delgadez y la juventud, pero también la hiperactividad e hiperproducción en el plano laboral, personal y de ocio, una gran vida social como Alaska o una supuesta felicidad a todas horas.

La socióloga Esther Pineda define la exigencia y presión social que ejerce la construcción de parámetros corporales como «violencia estética»

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Pero ningún filtro de Instagram puede maquillar una realidad manifiesta y es que los pilares que sustentan estos dictados son los mismos que sostienen el sistema patriarcal y capitalista, con sus distintas formas de discriminación y violencia contra los cuerpos, ideas y movimientos disidentes, críticos. Sobre todo, reales.

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TCA

Porque ahí reside el verdadero problema gordo, que cifra su peor rostro en una espiral alarmante de datos: los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se han triplicado durante la pandemia, según datos recogidos por la Asociación Gull – Lasègue para el tratamiento de la anorexia y la bulimia. La misma entidad que, al mismo tiempo, denunciaba la falta de recursos para poder atender a esta suma creciente de pacientes, cuya lucha fundamental es contra sí mismas, pero donde la grieta, ese mirarse mirando, procede de otra parte.

Se trata de una herida que afecta e interpela a hombres y mujeres, pero que aliena especialmente a estas últimas, como evidencian los estudios de las distintas plataformas locales contra la gordofobia erigidas en los últimos años, que sostienen que «las mujeres sufren más la gordofobia que los hombres» o que, en otras palabras «a la gordofobia se le añade, además, el machismo», como sucede de forma transversal en el resto de ámbitos sociales.

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En este sentido, una de las conclusiones principales derivadas de la última edición de las Jornadas sobre Gordofobia y Violencia Estética contra las Mujeres, impulsadas por el Instituto Canario de Igualdad (ICI), el pasado 2021, es que «la violencia estética está atravesada por el género», con consecuencias sobre los cuerpos y la salud mental, física y social de adultas y niñas.

«A las mujeres nos han lavado el cerebro toda nuestra vida para odiar nuestros cuerpos», manifestó la actriz británica Emma Thompson en la pasada edición de la Berlinale, donde presentaba la película Good luck to you, Leo Grande, en la que interpreta al personaje de Nancy Stokes, una maestra de escuela de 55 años, jubilada y viuda, que busca cómo lograr su primer orgasmo.

Actualmente, cada vez son más las referentes que militan por la diversidad corporal desde la dignidad, la rebelión y la serenidad del abrazo propio

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Sin embargo, en paralelo a la ramificación de trastornos de salud mental que proliferan en los últimos tiempos, también emergen con fuerza los discursos de sensibilización y denuncia formulados desde el activismo, la salud, la investigación, la estética, el arte o la literatura.

Estas voces tratan de desarmar el corsé interior que oprime e inhibe la libertad de ser bajo la lección aprendida de que nunca, por mucho que bordemos el patrón y el tejido del encaje, será suficiente. Y estas voces son cada vez más altas y más claras: la socióloga Esther Pineda define la exigencia y presión social que ejerce la construcción de parámetros corporales como formas de socialización como «violencia estética» y que, en concreto, en el caso de las mujeres, se trata de una de las problemáticas más acuciantes por discriminación de género junto con otras violencias, como la agresión sexual o vicaria.

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Pero el término que resume esta idea y que impacta de frente como un golpe en el centro del prejuicio es «gordofobia», porque arroja luz y pone letras a un rechazo estructural hacia la diversidad de cuerpos, representaciones y otras formas de belleza fuera del canon de la delgadez.

Cada vez son más las referentes que militan por la diversidad corporal desde la dignidad, la rebelión y la serenidad del abrazo propio, con una capacidad de convocatoria de millares de seguidores y seguidoras acérrimas en redes sociales, como la filósofa y activista feminista Magdalena Piñeyro, afincada en Tenerife, e impulsora de la plataforma Stop Gordofobia; la actriz y comunicadora Mara Jiménez, más conocida en las redes como «Croquetamente», gracias a sus exitosos vídeos titulados Gente gorda haciendo cosas; la educadora social Claudia Jimeno, la maquilladora Ceci Wallace o la poeta Aida González Rossi, también de Tenerife. «A mí atlas me repudiaron siempre. Por ser desmesurada y por ser», recoge uno de sus versos.

Orgullo

Asimismo, uno de los hilos compartidos que cose su militancia es la reivindicación y representación de cuerpos de todos los tamaños desde la positividad y el orgullo, pero también procuran poner sus voces a distintas situaciones de discriminación y violencia que han sufrido a lo largo de sus vidas por sus características físicas y el estigma del sobrepeso: el bullying escolar, el acoso callejero, la exclusión laboral, la infrarrepresentación cultural, la dictadura del tallaje, el rechazo en el deporte o la gordofobia médica.

Sobre todo, esta última constituye una realidad que sangra con frecuencia en las consultas sanitarias y que muchas activistas tratan de desenmascarar por los riesgos que comporta para la salud, y que obedece a que la norma médica es, por lo general, recomendar dietas a las personas gordas ante cualquier problema de salud física o emocional, sin profundizar en los motivos reales de esos problemas.

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– Hola doctora, tengo tos.

– Esto tiene toda la pinta de ser un típico caso de obstrucción pulmonar por exceso de grasa. Te voy a explicar qué es eso. Con toda la gordura de tu panza los pulmones quedan atrapados entre la grasa y cuanto más engordas, más difícil es para ti respirar. Toma esta dieta.

– Doctora, me he caído y me duele mucho el pie.

– No hace falta que te examine, no te preocupes, eso tiene fácil solución, toma esta dieta.

– Doctora, quiero abortar.

– Toma esta dieta.

– Hola, doctora. La semana pasada me hice un piercing y creo que se me ha infectado.

– … Si haces dieta, en cuanto adelgaces, todo volverá a su sitio y ya no sufrirás por ese problema.

Este es un extracto de la puesta en escena del montaje Kabaret gordx, representada por el colectivo catalán Komando Gordix, que puso el broche a las últimas jornadas de Gordofobia y Violencia Estética contra las Mujeres, en la capital grancanaria. A su juicio, «la gordofobia médica es uno de los prejuicios más peligrosos para la salud de las personas», puesto que blanquea la situación de discriminación gordófoba bajo la máscara de una supuesta preocupación sanitaria.

Y es que los espacios que conforman el mapa de nuestro recorrido vital, desde el aula hasta la calle, la consulta médica, el puesto de trabajo, el supermercado o el bar, conforman el espejo de las opresiones declaradas y disfrazadas que siguen cruzándose en la sociedad contemporánea: el machismo, el racismo, la LGTBIfobia, el capacitism o, la gordofobia. En este escenario, la lucha por un canon inclusivo donde quepan cuerpos de todos los tamaños, colores y vivencias pasa por romper ese espejo y recomponer con las piezas una relación sana(dora) con el cuerpo propio y de los otros.

La escritora estadounidense Naomi Wolf expuso en el ensayo El mito de la belleza (1991) que «la obsesión social por la delgadez de las mujeres poco tiene que ver con la belleza y mucho con la obediencia que el patriarcado espera de ellas». «Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres, está obsesionada con la obediencia de éstas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil».

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En esta línea, los cuerpos disidentes representan «un desafío para la sociedad», en palabras de Mara Jiménez, quien ya ha embarcado a casi 40.000 seguidores y seguidoras en su lucha contra la gordofobia, siempre envuelta en luz y en humor,y cuya historia, a sus 26 años, ha plasmado en el libroAcepta y vuela: de odiarme a amarme sin medida (Plan B, 2022). «Yo creo que nos llaman generación de cristal porque hemos dejado de normalizar el sufrimiento», manifiesta la activista, que recompuso su espejo «desde el amor a una misma». «Sólo así es posible sanar de verdad», revela.

Y como Jiménez, entre la luz y la ironía, la fotógrafa y artista visual grancanaria Asiria Álvarez posa en una de sus obras más icónicas, donde rotula en su característico estilo retrofeminista el siguiente consejo contra el yugo de la operación bikini:

How to have a beach body:

1. Have a body

2. Go to the beach.

Jornadas

Con todo, las tercera edición de las Jornadas sobre Gordofobia y Violencia Estética contra las Mujeres organizadas por el ICI tendrán lugar del próximo 29 de junio al 1 de julio en La Laguna Gran Hotel, en Santa Cruz de Tenerife, después de dos ediciones.

El arte de la visibilización

La directora del ICI, Kika Fumero, señaló en la presentación de la programación a mediados de esta semana que estas terceras jornadas gravitarán sobre la idea de «poner en cuestión la visión que se tiene en torno a los cuerpos, la gordura y el movimiento». A su juicio, las normas corporales «expulsan de la actividad física y del deporte a los cuerpos disidentes», sobre todo, a los gordos, que son señalados «como vagos y sedentarios y condenados a la quietud».

Por su parte, Magdalena Piñeyro indicó que la elección de la temática de esta tercera edición surgió de las respuestas de las personas asistentes a la segunda edición y anunció la inclusión en el programa de dos talleres de movimiento corporal.

Además, Fumero destacó que la segunda edición de las jornadas contó con más de 2.100 personas inscritas y llegó a todas las islas del Archipiélago, a 25 países a nivel mundial y a todas las comunidades autónomas españolas así como a Ceuta y Melilla. Pero la gran mayoría de personas inscritas en dicha edición, 1.241 (55,4%) eran jóvenes de 18 a 34 años, otro 38%, (858) personas de 35 a 50 años, 121 (5,5%) eran de 51 a 66 años, y el resto mayores de 66 años. Casi el 80% tenían estudios universitarios. Estos datos revelan que romper el canon estético es una cuestión que preocupa a las poblaciones más jóvenes, que el despertar de los cuerpos desde la libertad, el respeto y el disfrute es un horizonte del presente.

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El arte de la visibilización

La artista Elena Tarife Rodríguez, de nombre artístico BlueLeela (La Palma, 1990) es Licenciada en Veterinaria por la Universidad de León, y actualmente ejerce como tal. Artista autodidacta, siempre ha estado ligada al arte, que es un tema que le apasiona, pero no es hasta mediados del pasado 2020 que se lanza a la ilustración digital para, en palabras de la artista, «representar corporalidades gordas para darles una mayor visibilidad y denunciar la continúa opresión que han sufrido siempre los cuerpos

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