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Santiago Iglesias Pantín

De A Coruña al Capitolio de Estados Unidos

Los nietos de Santiago Iglesias Pantín, el único español que ocupó un escaño en la Cámara de Representantes de EEUU, visitan por primera vez la ciudad en la que nació su abuelo

Los nietos de Santiago Iglesias Pantín, Manuel y Haydee, junto a la placa colocada en la casa en la que se crió. Detrás, representantes de la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica y las parejas de los hermanos. Víctor Echave

Dice la canción que hay un gallego en la luna. A falta de explorar de forma más minuciosa la cara oculta de nuestro inseparable satélite, lo que sí se puede afirmar sin titubeos es que hubo un coruñés en la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos. Santiago Iglesias Pantín vivió muchas vidas, pero todas comienzan en A Coruña. En 1887, con 15 años, cerró por última vez la puerta de su casa en la calle Orzán y se embarcó hacia Cuba en busca de aventura, fortuna o una mezcla de ambas. Jamás regresó. Quienes sí lo hicieron, 135 años después, fueron sus nietos, Manuel y Haydee Iglesias Beléndez, nacidos y criados en Puerto Rico y que ayer visitaron, por primera vez en su vida, la cuna de sus raíces. De alguna manera, se sintieron en casa. “A Coruña es impresionante, no solo por la propia ciudad, sino por el modo de vida, la tranquilidad, la forma de disfrutar de la vida”, aprecia Manuel Iglesias. En el itinerario de su visita hubo muchas paradas, pero solo una imprescindible: la placa que conmemora, sobre la fachada de su casa natal, las aportaciones de Santiago Iglesias Pantín a la emancipación de la clase obrera latinoamericana.

Estos días, sus nietos tuvieron la oportunidad de recorrer la ciudad de sus ancestros de la mano de la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica y el historiador Eliseo Fernández, que investiga la figura y la trayectoria del coruñés devenido en político, periodista y figura fundamental del sindicalismo y el movimiento en pro de los derechos de los trabajadores de Puerto Rico. Así lo defienden sus descendientes, que dinamizan, desde la fundación que lleva su nombre, el legado de su abuelo, que se mantiene, no obstante, muy vivo al otro extremo del océano. “En Puerto Rico, en vez del Día del Trabajo, se celebra el día de Santiago Iglesias Pantín”, cuenta, con orgullo, su nieto Manuel.

Tal honor no es fruto del azar. Santiago Iglesias Pantín fue el fundador del Partido Socialista de Puerto Rico y el primer y único español en ocupar el puesto de Comisionado Residente en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Hasta ese momento, ocurrieron muchas cosas. Primero tuvo que huir de su destino inicial, Cuba, perseguido “vivo o muerto” por el general Valeriano Weyler, dada su implicación en movimientos huelguistas de la isla y su labor sindical como secretario del Círculo de Trabajadores de la Habana. “Antes de escapar, estuvo en Cuba diez años. Allí se desempeñó como corresponsal del periódico El Corsario, que se publicaba aquí, en A Coruña”, relata Manuel Iglesias.

Fue Santiago Iglesias Pantín el hombre de las mil nacionalidades: nació en A Coruña, vivió en la Habana, revolucionó Puerto Rico, representó al país en Estados Unidos y sirvió de puente diplomático oficioso entre este último y México, estado en el que finalmente murió, en 1939, tras la picadura de un mosquito de la malaria mientras resolvía unas gestiones por encargo de la Casa Blanca. Hasta ese momento, había tenido tiempo de fundar tres periódicos, Ensayo Obrero, Justicia Social, y Unión Obrera, de configurar la Federación Libre de Trabajadores puertorriqueños, de ejercer como senador en la isla y de liderar una coalición entre el partido Socialista y el Republicano.

“Como fundador de la Federación Libre de Trabajadores, se afilió a la unión más poderosa en Estados Unidos, la American Federation Labour, y comenzó a colaborar con su presidente, Samuel Gompers. Entre los dos consiguen el derecho a la ciudadanía americana para los puertorriqueños, y ofrecen la misma protección a los trabajadores del país de la que gozaban en Estados Unidos”, relata su nieto. Su influencia y pensamiento traspasaron incluso las fronteras boricuas, en su buen hacer como secretario de la Federación Panamericana de Trabajadores, desde donde trató de dar un giro al movimiento obrero latinoamericano. “Querían promover un sindicalismo que no buscase renunciar al capital, sino convertirlo en un reclamo. En cierta manera, funcionó, aunque hoy haya países en los que parezca lo contrario”, reflexiona Manuel.

Iglesias Pantín escaló en la jerarquía, pero nunca olvidó sus principios, hasta el punto de imprimirlos de forma imborrable en el libro de familia de sus descendientes. El coruñés tuvo once hijos puertorriqueños, y a las mujeres las nombró en honor a los valores que habían regido su vida: “Mis tías se llamaban Justicia, Igualdad, Fraternidad, Luz, Paz, Victoria y América”, recuerda su nieto. Los hermanos acudieron a la ciudad con sus parejas con el objetivo de pasar unos días agradables y adentrarse en el pasado de sus antecesores, pero también para profundizar y promover el estudio de la huella que dejó impresa, para siempre, su abuelo Santiago. “Hay que recuperar la memoria histórica de sus logros. La gente debe saber que el único español que ocupó un puesto en el Congreso de Estados Unidos fue un coruñés de la calle Orzán”.

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