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Medio centenar de alumnos canarios crean satélites del tamaño de una lata de refresco

Cinco institutos de las Islas divididos en nueve equipos se juegan el paso a la competición nacional de la iniciativa CanSat, de la Agencia Espacial Europea (ESA)

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Concurso regional CanSat22 María Pisaca

Construir un satélite en miniatura para resolver un problema actual o del futuro. Bajo esta premisa, medio centenar de alumnos de cinco institutos de Canarias se han implicado en la construcción y desarrollo de un prototipo de satélite con objetivos muy diversos, como el seguimiento de la lava durante erupciones, la concentración de gases contaminantes o limpiar la atmósfera mediante la fotosíntesis artificial. 

El sol resplandece en el despejado cielo de La Orotava, en un día con sabor a playa e ideal para concluir con éxito un lanzamiento cercano a la estratosfera. En el Campo de Fútbol del Mayorazgo se congregan medio centenar de jóvenes promesas de la ciencia de cinco institutos de las Islas. Están afanados en ultimar los detalles de un satélite del tamaño de una lata de refresco antes de que sea enviado con un dron hasta la estratosfera. Intentan ocultar sus nervios tras la fachada de unos extensos conocimientos científicos sobre radiación, gases, desertificación y monitorización, pero lo cierto es que lo que se juegan es más que una buena nota. 

Han pasado ya seis meses desde que sus profesores de matemáticas, tecnología o robótica les animaron a participar en el desafío CanSat22, de la Agencia Espacial Europea (ESA). La iniciativa no solo trata de incentivar las habilidades científico-técnicas de los jóvenes estudiantes europeos, sino que también busca una forma de solucionar problemas reales con la premisa de hacerlo con un dispositivo reducido, barato y accesible. El desafío se desarrolla en varias fases eliminatorias (regionales, nacionales y europeas) en las que se decidirán qué estudiantes han planteado el mejor proyecto y desarrollado el satélite más completo. La Consejería de Educación y STEAM Canarias son las entidades colaboradoras de este desafío en las Islas. 

La prueba a la que se enfrentan los adolescentes consiste en dos misiones en las que deben demostrar la funcionalidad del satélite. En la primera, general para todos, tendrán que medir la temperatura, la presión y la altitud. Pero el mismo reducido equipo debe también cumplir una función que permita resolver un problema del presente o el futuro. Los jóvenes debaten entre ellos sobre sus ambiciosos proyectos de investigación que van desde la búsqueda de vida en otros planetas hasta la monitorización de la contaminación. El volcán de La Palma es uno de los temas estrella de este año. La erupción ha inspirado a tres equipos a buscar soluciones que resuelvan diferentes problemas. 

La erupción de La Palma inspira a los estudiantes de varios institutos a la hora de construir sus minisatélites

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Es el caso del grupo del IES Saulo Torón, que ha viajado desde el pueblo de Gáldar (Gran Canaria) para dar a conocer su proyecto para regenerar la flora en La Palma tras la erupción. «Nuestro equipo ha estudiado la viabilidad del uso del minisatélite de bajo coste con cámaras multiespectrales para calcular en el NVI de la vegetación», explica Marta Jordán, alumna de 1º de Bachillerato del centro. En otras palabras, su satélite es capaz de saber si la vegetación está viva, muerta o si tiene algún déficit. El proyecto está orientado a la recuperación del sector agrícola de La Palma dado que durante la erupción «muchas explotaciones agrícolas se vieron muy afectadas». Su implicación con el proyecto ha sido tal que incluso consiguieron el patrocinio de Tirma. «Buscábamos financiación y escribimos a la empresa, nos mandaron 500 chocolatinas para repartir entre los demás participantes», explica Jordán con entusiasmo. 

El equipo de Daniela Barroso, del IES Granadilla (Tenerife), ha pensado que un satélite de reducidas dimensiones como el que han diseñado podría servir para conocer el avance de la lava durante una erupción. «Nos inspiramos en el satélite del programa Copernicus que, con una cámara térmica, detecta las zonas con más calor en el suelo», reseña Barroso. Para garantizar que el satélite captara «una buena imagen» el equipo decidió utilizar pirotecnia para simular diferentes temperaturas generando, durante su lanzamiento, un espectáculo visual en tierra. 

Los del IES Viera y Clavijo de La Laguna (Tenerife), por su parte, han diseñado un satélite que, además de monitorizar, puede ser capaz de «prevenir y ayudar a la población en futuras erupciones», como insiste Silvia Suárez, miembro del equipo. En la pequeña lata de refresco han incluido sensores de gases, acelerómetros – para medir el tremor volcánico– y una cámara térmica «que puede avisar de las grietas donde puede emerger la lava». Además, el equipo ha creado su propio sensor de inducción electromagnética para alertar del nivel de magnetismo generado por el volcán. 

Cinco institutos compiten por representar a Canarias en la competición nacional

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Otros grupos han optado por buscar soluciones a la exploración espacial del futuro, ya sea con naves no tripuladas, robots o astronautas. Los alumnos de bachillerato y últimos cursos de la ESO les explican sus proyectos a los miembros del jurado quienes tuvieron que decidir ayer qué proyecto era lo suficientemente bueno como para representar a Canarias en la competición nacional que se celebrará la próxima semana en Granada. Uno de ellos es el astrofísico y director del Museo de la Ciencia y el Cosmos, Héctor Socas, que se pasea por las mesas donde los estudiantes trabajan en sus proyectos. Escucha con interés el proyecto de otro grupo de alumnos del IES Saulo Torón, autodenominado P.T.S, que le explican cómo con la medición de gases in situ podrán comprobar si es seguro adentrarse a la atmósfera de un objeto celeste. 

Esta también ha sido la temática elegida por los cuatro equipos que se han creado en el IES Cabrera Pinto de La Laguna (Tenerife), formados por estudiantes de 4º de la ESO y 1º de Bachillerato. «Nuestra misión está concebida para el supuesto de entrar en un planeta nuevo», explica Matthew Benítez. Su satélite comprimido en una lata de refresco es capaz de analizar, con dos sensores distintos, varios gases relacionados con la habitabilidad de los planetas: monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, el dióxido de carbono y los hidrocarburos volátiles. 

 El minisatélite del equipo de su compañero Pau Alemán, mide el metano, el monóxido de carbono y el dióxido de nitrógeno, «los gases que tienen relación con la vida». «Esto también podría ayudarnos a valorar la contaminación que existe en distintos lugares», explica Alemán. Aunque la mayoría de los equipos realizan esta actividad en las clases de física, matemáticas o tecnología, hay muchos, como este equipo del IES Cabrera Pinto, que no cuenta con horas lectivas específicas para desarrollar este proyecto. «Lo hemos tenido que hacer en los recreos y en algunas horas que quedaban libres», explican los alumnos. 

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Concurso regional CanSat22 María Pisaca

Oliver Santos, que se presenta como futuro ingeniero aeroespacial, se ha adentrado en un proyecto de satélite con el que conocer si la atmósfera de los planetas es «respirable». Para ello han dotado a su mini-aparato de todo tipo de sensores, de gas, GPS, acelerómetro, barómetro y hasta un lector miniSD. En su caso, el proyecto se empezó a gestar hace ya más de un año. «Nuestro profesor, Francisco Garrido, nos habló de esta iniciativa el año pasado y nos propuso cómo podíamos diseñar el satélite este año», asegura Santos. Del mismo instituto es el equipo en el que se integra Daniel Luca, llamado Apolo Canario VI. El satélite de estos jóvenes tiene un único objetivo y el más primordial dentro la exploración astronómica: la búsqueda de vida en otros planetas. 

Los más mayores, pero también los más nuevos son los cuatro miembros del IES Laboral (La Laguna), cuya misión secundaria se basa en crear una fotosíntesis artificial para evitar la desertificación. «Captará gases de la atmósfera y, al liberar oxígeno, limpiará el aire», explica Lucía Valero. 

Cuando el rumor de los árboles ha cesado, es el momento para hacer volar a las pequeñas latas de refresco. Los nervios entre los jóvenes se acrecientan tras un breve discurso de los organizadores del evento. El coordinador de la jornada, el astrofísico y divulgador científico Daniel Marín, les ha comunicado que los grupos que estén preparados podrán ir presentando su proyecto al jurado para, posteriormente, lanzarlos desde un dron a varios metros de altura. En las cinco carpas instaladas en el Campo de Fútbol los adolescentes empiezan a pasear con inquietud, tratando de recordar si todo está a punto y deseando que el satélite pueda cumplir las dos misiones para las que ha sido diseñado. 

Los primeros en probar suerte fueron los alumnos del IES Viera Y Clavijo. Su satélite empezó a volar hasta una altura casi imposible de seguir con la vista. Cuando ya estaba lo suficientemente alto, el dron lo soltó, iniciando el momento más estresante de los jóvenes en los últimos seis meses. Y en los segundos que tarda el satélite en descender es cuando se dan cuenta de que CanSat no es solo un proyecto extraescolar, sino que forma parte del inicio de una vida vinculada a la ciencia. 

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