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Carles Francino Periodista y presentador del programa ‘La Ventana’ de Cadena SER

«La sensación de los canarios es que España y Marruecos les ocultan cosas»

«No me importaría dejarlo hoy, pero cada día que sigo en la radio me lo paso de puta madre», asegura el periodista y presentador del programa ‘La Ventana’ de Cadena SER

Carles Francino (1958, Barcelona) dirige esta tarde, a partir de las 15:00 horas, el programa radiofódico ‘La ventana’ desde el Auditorio de Tenerife. E. D.

La última vez que abrió ‘La ventana’, espacio radiofónico que presenta en la Cadena Ser, en la Isla se encontró con una imagen fantasmagórica anudada a los peores días de la crisis sanitaria. Carles Francino estará hoy en el Auditorio santacrucero para ‘soplar’ las 88 velas que ha encendido Radio Club Tenerife desde su nacimiento. «Esto sí que es hacer historia», dice en el arranque de una entrevista sin censuras.

La última vez que abrió ‘La ventana’ en Tenerife se encontró un escenario apocalíptico reventado por la pandemia.

Hoy recordaremos ese momento; haremos una foto desde el mismo hotel en el que hicimos aquel programa. ¿Cuánto hace de eso?

¿Un año y pico?

Casi dos... Yo creo que recuperaremos algún que otro fragmento de lo que nos encontramos entonces, pero afortunadamente las cosas cambian aunque sea poquito a poco y con muchas dificultades.

¿Hay luz al final del túnel?

Hace unos días hablaba con un compañero en Córdoba y coincidimos a la hora de comentar que recuperar y reencontrarse son las dos actividades que más tenemos que reivindicar ahora mismo. ¡Joder, llevamos dos añitos que ya está bien!

¿Usted qué recuperó y con qué se reencontró tras superar el covid?

Eso sucedió hace un año y fue una experiencia que me ayudó a subrayar las cosas que considero importantes tanto en la vida como en mi profesión, que afortunadamente las tenía más o menos claras. Después de pasar por un trance en el que piensas «¡hostias, que a lo mejor esto se ha acabado!» ratificas que no estás para perder el tiempo en tonterías. Dedicar energías a cosas negativas, a gente tóxica y a problemas cuya solución no depende de ti es una tarea bastante absurda e inútil.

Bueno, la vida sigue y con ella los 88 años de Radio Club Tenerife.

Eso sí que es hacer historia. ¿Sabe para qué sirven esos 88 años?...

¡Dispare!

Para certificar que la radio es un medio de comunicación con mucha historia, pero también con un presente y un futuro acojonante. Seguró que usted también ha escuchado un montón de veces que la radio iba a desaparecer con la televisión, con la revolución digital, con los podcast. Pues no, eso aún no ha ocurrido. Al revés, las nuevas formas de escucha no hacen otra cosa que ayudar... Y la radio, que a mí me gusta decir que fue la primera red social de la historia, está más viva que nunca.

La radio salió muy reforzada de la pandemia.

El verbo más importante en el mundo de la radio es acompañar y en ese acompañamiento yo incluyo entretener, informar, divertir y polemizar. En este modelo social tan individualizado, la radio aporta un calor necesario. Yo tengo un lema para explicar todo esto: comunidad sí, secta no... A mí me parece que ese un matiz importante.

¿Por qué secta no?

Porque no, porque estamos en un mundo de sectas y de burbujas que nos empuja a lugares y espacios para interactuar con personas que piensan y sienten igual que nosotros. Cada vez somos más impermeables a lo que nos viene de fuera, al contraste de ideas, a escuchar argumentos distintos. La radio tiene que tener un campo lo más extenso posible donde se escuchen todas las voces, donde haya propuestas diferentes, donde confluyan ideas enfrentadas... Aquí cabemos todos y nadie tiene el derecho a redirigir nuestras vidas.

¿Podemos estar tranquilos de que Pegasus no se ha colado en medio de esta conversación?

¡Ah, bueno, que estén!.. A lo mejor sí que están, pero esto es como el que va desnudo, es decir, sufre más el que mira que el que enseña.

Todo esto de las escuchas, espías e intercambio de piezas en el CNI suena bastante raro, ¿no?

La realidad siempre ha superado a la ficción [sonríe]. La ficción es un espejo de la realidad y esto es una cosa tras otra: películas de espías, historias de chapuzas, un gobierno que intenta sobrevivir como puede al día a día, a la semana, al mes... En fin, no nos engañemos, el panorama político que vivimos no es el más ilusionante.

Tampoco lo son las noticias que llegan del norte de Europa. Parece que estaban esperando a que sacáramos un poquito la cabeza tras la pandemia para montar una guerra.

La historia es como la vida, que va por rachas, y llevamos dos años que todo es una puta mierda directamente. Bueno, de hecho no solo son dos años. Yo tengo 64 y todo esto empezó hace 15 con la gran recesión, la quiebra de Lehman Brothers, cuando descubrimos lo que estaban haciendo los bancos y, más tarde, en el momento en el que los rescatamos y a cambio no nos devolvieron nada... La precariedad y la desigualdad son los dos grandes enemigos de la convivencia y eso, a su vez, terminó desembocando en una pandemia que fue el fruto de la mala relación del hombre con su entorno natural y que según todos los que saben un poco de esto, eso supone abrir una puerta a futuras pandemias. Lo de la guerra es una enmienda a la totalidad del modelo geopolítico que había y los equilibrios están cambiando. Nadie tiene ni idea de cómo va a terminar esto, pero no podemos descartar nada. Sí. Estamos atravesando una mala racha desde hace bastante tiempo. Hasta yo, que soy un optimista antropológico, ahora mismo no tengo demasiadas esperanzas de mejora.

¿Esos 64 años se plantean cómo será el día después de abandonar la radio?

A mí no me importaría dejarlo hoy, pero cada día que sigo en la radio me lo paso de puta madre... Somos un equipo de buenas personas y eso es un regalo que hemos buscado entre todos. Si me dijeran que tengo que dejarlo ahora mismo, no me daría ninguna pena; le aseguro que sabría qué hacer con mi tiempo... Si tuviera que dejarlo ya, eso tendría su lógica porque estamos obligados a ceder el paso a los que vienen por detrás y a no perpetuarnos en lugares claves actuando como un tapón.

En esta vuelta a Canarias se va a encontrar con una sociedad expectante ante el giro que ha dado España en sus relaciones con Marruecos: el conflicto del antiguo Sáhara español, el problema de la migración, el reparto de las aguas territoriales...

No me extraña nada que existan esas incertidumbres porque en este asuntos, como en otros muchos, nos falta información... Hay algo en este proceso que desconocemos pero que podemos intuir en base al peso de la economía, el asunto de la inmigración o del gas. La sensación de los canarios es que España y Marruecos les ocultan cosas. Cómo no voy a entender unos problemas de vecindad históricos que ha tenido momentos de todo tipo. La sensación es que ahora todo está un poco más apaciguado, pero esa desconfianza está.

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