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El equipo canario de First Lego League, Aldeatrón Robotix, cumple un sueño hecho de legos y ciencia

Aldeatron Robotics, se hace con el mundial de First Lego League en Houston con su depurado juego de robótica y su creativa solución para ayudar al medio ambiente

Los miembros del equipo Aldeatrón Robotix con los premios ganados en la mundial de First Lego League, celebrado en Houston. El Día

Los miembros del equipo de First Lego League, Aldeatrón Robotix han cambiado con los años, pero no por ello han dejado de cosechar éxitos. En su última aventura, el equipo canario de robótica ha cruzado el charco hasta Estados Unidos donde se ha alzado con varios galardones y han consolidado una trayectoria de diez años apostando por la estimulación de las capacidades científicas desde la juventud


En un austero local de San Miguel de Abona se gestan cada día cientos de ideas predestinadas a ganar premios. Mientras la sala principal Edukatrón Robotics se disfraza de aula para impartir clases particulares de robótica o informática; en el sótano se potencian las habilidades científico-técnicas de un grupo seleccionado de cinco jóvenes a través de los legos. 

Aldeatrón Robotix es uno de los equipos canarios de First Lego League más veterano. También uno de los que ha ganado más premios a lo largo de los diez años que ha venido participando en las competiciones preparadas por este programa de aprendizaje alrededor del mundo. Durante una década han conquistado Canarias –en varias ocasiones–, España, y ahora también el mundo. 

Sofía Filippova, Elisa Martín, Samuel Alemany, Kabir Motwani y Yazmín Gerldbod acaban de llegar de Houston (EEUU) cargando con dos flamantes trofeos (hechos enteramente de legos) que se unen a una amplia colección que muestran orgullosos sobre una larga repisa. También con el bolsillo más vacío, pues han tenido que costear todo el viaje –más de 14.000 euros– sin ningún tipo de apoyo institucional. 

Pese a haber aterrizado en las Islas hace unas semanas, el entusiasmo de estas jóvenes promesas de la ciencia no se ha disipado. Con pequeños brincos de excitación muestran el lugar donde pasan físicamente al menos dos tardes a la semana y al que la mente les lleva de vuelta cada minuto. 

En las entrañas del local ubicado en la Calle Tomás Cruz resalta una gran mesa en la que descansa el plano del último reto robótico que han tenido que completar. En un lateral disponen de una pantalla táctil que les ayuda a utilizar la aplicación para programar el robot y que durante la pandemia se convirtió en el único recurso para comunicarse con el exterior. 

Para los pequeños, esta actividad se ha convertido en parte de su vida y marcará su futuro

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Su emoción no extraña, pues han logrado lo que ningún canario había hecho hasta ahora, el tercer premio de una competición mundial. Lo han conseguido gracias a su depurada técnica de programación de un robot de lego para que siga los pasos necesarios en aras de cumplir los requisitos del «juego» propuesto por la competición. 

Pero la competición no solo se basa en aprender a programar un pequeño robot para que haga los movimientos adecuados, los jóvenes también deben buscar una solución para un problema social que dañe el medio ambiente. En este caso, Aldeatrón ha decidido diseñar un material, en base a cartón y almidón de plátano, que sirva como embalaje y protección para las mercancías que se mandan por correo. 

Para llegar a esta solución, tuvieron que hacer un amplio trabajo de campo que duró meses, preguntando a la población cuáles creían que eran los problemas más graves y, una vez escogieron uno, buscaron diversas soluciones para ello. «A la hora de hacerlo siempre tenemos en cuenta el Eco Design Thinking», resalta Filippova. «Tenemos tanto en cuenta el medio ambiente como aquello que pueda interesar, necesitar o gustar al comprador», indica, por su parte, Motwani. Para desarrollar sus trabajos también tienen en cuenta «los valores First» que la competición solicita cada año 

El equipo trabajando en el sótano del local Edukatrón Robotics, ubicado en San Miguel de Abona El Día

Cuando deben pensar en la clave de su éxito, los jóvenes lo tienen claro. «Siempre vamos a hacerlo mejor, no lo que nos da la gana», explica Filippova. Su implicación y forma de organización del trabajo les permite poder alcanzar los objetivos a tiempo. Pero la guinda del pastel es su entrenador, Tony Cuesta, que cada día les infunde el amor por la ciencia a través de la robótica y que se encarga de buscar nuevos talentos para rellenar los huecos que van dejando los que exceden la edad límite de la competición. «Alguno dice que tengo buena mano con los chicos», admite entre risas y una voz le interrumpe para resaltar lo que todos piensan: «es que es muy influyente».  

La First Lego League no es solo una actividad extraescolar para estos jóvenes; la mayoría lo consideran parte de su vida. La competición les ha abierto una puerta hacia el mundo de la tecnología y la ciencia a la que, de otra manera, nunca hubieran llegado. Hoy todos tienen claro que la ciencia conformará parte de su futuro y ya sueñan con ser ingenieros que encuentren soluciones a problemas cotidianos o grandes astrofísicos que consigan desentrañar los misterios del universo. 

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