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Con el trabajo a cuestas

La digitalización y las nuevas tecnologías han permitido que muchos profesionales puedan cumplir con su jornada laboral valiéndose tan solo de un portátil y una buena conexión a internet

Una joven teletrabaja. El Día

La digitalización y las nuevas tecnologías permiten a muchos profesionales cargar con el trabajo a cuestas hasta cualquier punto del mundo con solo dos elementos: un portátil y una buena conexión a internet. El teletrabajo aterrizó por obligación con la pandemia y en muchas de las empresas esta modalidad ha llegado para quedarse abriendo un abanico de posibilidades a los profesionales envueltos por la situación. Hoy se celebra el día del trabajador pero el perfil de los empleados ha cambiado y el concepto tradicional de oficina también. Trabajar en casa, en un coworking, una cafetería o un hotel. Las opciones ahora son infinitas.

Lo cierto es que cada vez son más los canarios que teletrabajan y los nómadas digitales que escogen el Archipiélago para desarrollar su vida laboral. Así lo reflejan los últimos datos del portal Nomad List que cifra en 3.852 mensuales los remote workers (trabajadores remotos) llegados a Canarias en 2021, con un acumulado de 46.224. Esta plataforma prevé, además, que 87.480 personas escogerán las Islas en 2023 para desempeñar esta nueva modalidad de trabajo, lo que significaría un crecimiento del 90% de este segmento turístico respecto a 2021.

Los profesionales que teletrabajan cuentan con mayor flexibilidad horaria y más facilidad para conciliar el trabajo con la vida personal. Los nómadas digitales que eligen las Islas aprovechan el tiempo libre para disfrutar del sol, la playa y el buen clima durante todo el año. Además, aquellos que utilizan coworking destacan que en estos espacios compartidos surgen más oportunidades laborales con compañeros en la misma situación laboral. Algunos hoteles de las Islas aprovecharon el tirón de la pandemia para crear espacios dedicados a este tipo de turismo con instalaciones y actividades específicamente para ellos.

Laura Cerpa

Laura Cerpa A. Saavedra

Laura Cerpa

arquitecta

La flexibilidad del teletrabajo permite a Laura Cerpa vivir entre Gran Canaria y Nueva York. Esta joven arquitecta probó suerte enviando su currículum a un estudio de interiorismo y diseño en Brooklyn hace más de dos años y tras varias entrevistas la empresa la contrató justo a las puertas del inicio de la pandemia. 

Los primeros meses en el otro lado del Atlántico fueron duros para la joven canaria. «Teletrabajé desde el principio, lo que complicó el proceso de enseñanza de los primeros meses», recuerda Cerpa, quien en un primer momento solicitó un visado de un año pensando que no podría estar más tiempo alejada de su familia y amigos. Pero la sorpresa llegó cuando tras la pandemia su empresa decidió continuar con el teletrabajo, lo que ha permitido a Cerpa pasar largas temporadas en Gran Canaria aunque vive con su marido en Nueva York. 

«No tengo horarios establecidos, tengo mucha libertad y mis jefes no están revisando mis conexiones siempre y cuando haga bien mi trabajo», asegura la joven arquitecta, quien adapta sus horarios a las circunstancias. «Si tengo que revisar una cosa con mis jefes y están reunidos aprovecho para salir y hacer deporte y más tarde recupero esas horas, de forma que nunca estoy perdiendo el tiempo», aclara. 

Sus superiores le permiten moverse por todo el mundo y solo le exigen estar presente cuando se convocan las reuniones de plantilla que suelen organizarlas seguidas para facilitar la conexión de los trabajadores. En su casa de EEUU cuenta con un espacio de trabajo y acude algunos días a la oficina para ver a los compañeros y recoger muestras necesarias para sus proyectos. 

En Nueva York Cerpa comienza a trabajar a las 9.30 horas pero cuando está en Gran Canaria su jornada laboral comienza cinco horas más tarde, a las 14.30. Esto le permite pasar las primeras horas del día con su familia, ir a la playa, desayunar con su madre o dar un paseo con sus amigas. El único inconveniente que encuentra Cerpa a sus visitas es que a última hora de la noche sus padres quieren dormir y ella todavía está en medio de una reunión. «Acabo tarde, pero vale la pena porque estar en casa me da la vida. Todo el mundo que sea de las Islas siente lo mismo», afirma. 

El teletrabajo también permite a Cerpa utilizar sus periodos de vacaciones para visitar otros destinos y disfrutar con sus seres queridos de los viajes alrededor del mundo. «Cuando vengo al Archipiélago puedo mantener mis rutinas y guardar los días de descanso para momentos especiales», aclara. La arquitecta se siente afortunada por su situación laboral y reconoce que el teletrabajo le ha facilitado mucho las cosas. Además no tiene problemas para relacionarse con sus compañeros ya que su empresa organiza cada pocos meses encuentros en hoteles con toda la plantilla y sus familiares para fomentar el vínculo entre empleados. «Es una manera de hacer amigos y conocer gente en un espacio relajado y sin las tensiones del trabajo con la seguridad de que vamos a seguir siendo productivos desde cualquier punto del mundo», afirma. 

Oussama Abdellaoui

Oussama Abdellaoui A. Saavedra

Oussama Abdellaoui

reclutador tecnológico

Oussama Abdellaoui nació en Marruecos, creció entre Francia y España y ha visitado decenas de ciudades, pero tiene muy claro que Canarias es la única respuesta a la pregunta ¿Cuál es tu hogar? 

Por eso no tuvo ninguna duda cuando decidió trasladarse a las Islas tras su época de estudiante para comenzar su vida laboral. 

Consiguió un puesto, a través de un aplicación de móvil, de IT recruiter -reclutador en el sector tecnológico- en una empresa española con sede en Gran Canaria que trabaja por todo el mundo. Los inicios fueron duros al tener que trasladarse cuatro días a la semana hasta el sur de la isla en guagua. «Perdía muchísimo tiempo en llegar al trabajo, llegaba agotado y no rendía», recuerda Abdellaoui. Pero llegó la pandemia y con ella el teletrabajo, lo que permitió al marroquí cambiar sus hábitos laborales y mejorar su rendimiento. «Me levantaba, me vestía y tenía mis rutinas para no amargarme en casa», afirma. 

La situación se alargó durante el confinamiento y cuando acabaron las restricciones y había que volver a la oficina su empresa ya había tomado la decisión de implantar el teletrabajo al 100%. «La pandemia aceleró mi cambio laboral, de un día para otro mi vida dio un giro», asegura. 

Abdellaoui continuó trabajando en casa y mantuvo un horario común al de sus compañeros en otras partes del mundo para poder celebrar reuniones y encuentros, pero al comienzo de 2022 descubrió que necesitaba un cambio. «Después de estar meses aislado en casa sentía que mi espacio de descanso ya no existía porque lo ocupaba mi vida laboral y tenía que cambiar el chip», recuerda. ¿Cuál fue la solución? El joven le presentó a su empresa tres espacios coworking de Gran Canaria para trasladarse allí durante su jornada laboral. La compañía no le puso ningún problema y desde entonces paga la cuota mensual de GoCoworking, un espacio en la capital grancanaria con diferentes salas interiores y exteriores e instalaciones preparadas para teletrabajadores como Abdellaoui. «Los servicios que ofrece, poder trabajar en una terraza con sol y crear vínculos con compañeros que se encuentran e la misma situación es lo mejor del coworking», afirma. 

Cuenta con un despacho que utiliza a diario en el que puede dejar sus pertenencias «sin problema» y asegura que su productividad y rendimiento han mejorado «mucho». Su empresa le ha permitido flexibilidad en el horario y su trabajo se basa en cumplir una serie de objetivos, lo que le facilita adaptar sus jornadas laborales. Solo le exigen unas horas comunes para estar presente en las reuniones que haga el equipo. 

Abdellaoui asegura que no «cambiaría» su forma de vida por nada del mundo. Teletrabajar en el coworking le otorga un grado de libertad que ningún otro empleo le había ofrecido. ¿Lo mejor? Según este joven, poder pasarse las tardes surfeando en la playa y disfrutando del tiempo «maravilloso los 365 días del año». Además, poder escaparse a otros destino y solo necesitar una buena conexión de internet para seguir trabajando. 

Marisol Araya

Marisol Araya A. Saavedra

Marisol Araya

gestora de proyectos

Tenerife cambió la vida de Marisol Araya, una joven criada en Tarragona pero de familia chilena. Tras dar saltos por nueve países diferentes acabó en Alemania y allí la contrataron de project manager, en una gran auditoria. La pandemia le encendió la bombilla y decidió pasar la cuarentena teletrabajando en un pequeño apartamento en el sur de Tenerife. 

«En principió fui a Tarragona con mi familia pero me agobié, necesitaba espacio y vida», recuerda la joven. Araya no conocía la isla personalmente pero tenía referencias porque sus padres viajaban a menudo e incluso tienen pensado jubilarse allí. Le atrajo el buen tiempo y la posibilidad de realizar actividades como el ciclismo, el crossfit o el kitesurf. «Todo lo que encontré aquí encajaba al 100% con mi vida», afirma. 

Pasó de una oficina en Alemania con horario fijo a trabajar desde un apartamento en Adeje a su ritmo, con el mar de fondo y buenas temperaturas durante todo el año. Pero esta vida idílica se tambaleó cuando sus jefes le dijeron que tenía que volver a la oficina. «No podía, era incapaz de abandonar esto y la calidad de vida que tenía aquí, por lo que decidí dejar el puesto», explica la joven catalana. 

El cambio la llevó hace unos meses a fundar su propia empresa vinculada a la externalización de servicios (Make it happen consulting) para tareas administrativas, sociales o de marketing y publicidad. Araya estaba familiarizada con el coworking porque en Alemania la compañía para la que trabajaba utilizaba este tipo de recursos por lo que no dudó en buscar un espacio similar en Tenerife para su nuevo proyecto. Y se topó con The Zen Den Coworking.

Allí pasa sus jornadas laborales, lo que le permite «aumentar los contactos de su agenda» y con ello incrementar sus cartelera de clientes. «Compartir espacio con trabajadores de perfil internacional beneficia a mi empresa», aclara. 

Araya asegura que no echa «nada de menos» de la oficina porque siempre ha sido una persona muy «libre e individual» y afirma que el coworking le permite relacionarse en el «punto justo». La joven siente que Tenerife es el destino de su vida, tanto que se ha comprado una casa en la isla. Pero el teletrabajo le permite viajar todo lo que quiera. «Las condiciones que tiene este empleo no tienen precio, puedo visitar a mis padres en Tarragona cuando quiero y moverme si problema», reconoce. 

La catalana, además, quiere «dejar huella en la isla e involucrarse en cuestiones «locales». «He encontrado un lugar que me aporta tanto a mi vida que los mínimo que puedo hacer es intentar aportar algo de vuelta», asegura la joven que, además de trabajar en su empresa, es voluntaria de la Cruz Roja y dirige un grupo de mujeres emprendedoras en el sur de Tenerife.

Para Araya las Islas solo tienen un problema: la falta de incentivos fiscales para las empresas que mandan a sus trabajadores a Canarias. «Las compañías extranjeras te piden que vuelvas al poco por las cuestiones fiscales, habría que revisar esto», plantea.

Karin Barbagallo

Karin Barbagallo A. Saavedra

Karin Barbagallo

gestora de calidad

Vivir en un hotel es la fantasía para muchos y Karin Barbagallo lo experimenta cada pocos meses en Fuerteventura. Esta italiana lleva más de siete años trabajando de test manager (gestora de calidad) para un banco de Madrid y la pandemia, como a casi todos, la obligó a teletrabajar desde su casa en la capital española. En marzo de 2021 decidió tomarse unas vacaciones de dos semanas por su cumpleaños en Fuerteventura y la experiencia fue tan positiva que lo alargó hasta los cuatro meses. 

A partir de ahí su vida cambió. «Me enamoré completamente de Fuerteventura, al volver a Madrid supe que eso era lo que me gustaba. Intenté teletrabajar desde otros puntos, pero no soy tan feliz como aquí», afirma la italiana. La flexibilidad de su trabajo le permite pasar largas temporadas en el complejo Surfing Colors Corralejo -un hotel especializado en coworking y coliving- y solo trasladarse a Madrid cuando tiene que acudir a reuniones o eventos importantes. 

La pandemia aceleró la proliferación de empleados en remoto y según Barbagallo, la isla se llenó de nómadas digitales. Una situación que llevó al hotel de Fuerteventura a dedicar parte de sus instalaciones a este tipo de turismo y adaptar sus precios. «Trabajas en el jardín, en el balcón, tienes servicio de limpieza y un tiempo increíble», explica la italiana. La jornada empieza a las siete y termina a las cuatro de la tarde por lo que Barbagallo tiene muchas horas para realizar sus actividades favoritas en un «entorno inmejorable». Ir a la playa, pasear, surfear o hacer kitesurf son solo algunas de las opciones. «En una gran ciudad terminas, coges el metro para tu casa, duermes y vuelta a empezar», recuerda. 

El complejo cuenta con una oferta de actividades específica para los remote workers. Organizan excursiones y eventos y planifican clases de yoga, pilates, salsa o bachata en distintas franjas horarias. Y aunque ahora comparten espacios con turistas tradicionales cuentan con salas privadas. 

«Es un lugar en el que se junta gente de todo tipo, conoces a personas muy interesantes y creas vínculos personales y laborales», reconoce la italiana, quien afirma que entre los nómadas digitales se organizan viajes a otros puntos del mundo como Madeira o Marruecos. 

Barbagallo asegura que el coworking le permite ser más productiva y perder menos el tiempo que en una oficina. «Cuando vas de forma presencial a una trabajo necesitas ducharte, vestirte, trasladarte e incluso tardas más en comer porque tienes que salir a la calle», afirma la joven, quien asegura que «jamás» cambiaría los pasos dados hasta el momento. 

«La vida es mucho más que el trabajo y hay veces que pasa el tiempo y no nos damos cuenta y cuando lo hacemos ya es tarde», apunta. Amante de la playa y de la fotografía, Barbagallo, disfruta de su tiempo en la isla canaria hasta tal punto que volver a Madrid le provoca «ganas de llorar». «Todos los nómadas digitales que conozco se van de aquí con lágrimas en los ojos», reconoce. 

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