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Canarias es una de las regiones con más bacterias resistentes a los antibióticos

Estos microbios desarrollan defensas hacia los fármacos de amplio espectro | Este problema afecta a todo el planeta y lo está empujando hacia una nueva crisis sanitaria

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El área de microbiología del Hospital de La Candelaria es referente en detección de bacterias multirresistentes. María Pisaca

El abuso de antibióticos ha pasado factura a los canarios. Canarias es una de las regiones con mayores tasas de superbacterias o bacterias resistentes, lo que ha provocado que estos fármacos hayan perdido parte de su efectividad. 

Los mayores problemas se encuentran en los antibióticos de amplio espectro, los que se usan «para todo». El imipenem, meropenem o el ertapenem son algunos de los medicamentos más afectados por esta proliferación de bacterias multirresistentes en la población canaria. Se trata de unas bacterias mutadas, que han adquirido un trozo de ADN que les permite crear una enzima (carbapenemasa) capaz de destruir la acción de estos antibióticos en concreto. 

En el laboratorio de microbiología del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Canaria, el experto en resistencias antibióticas, Diego García, está rodeado de estas bacterias. Las guarda en placas de petri que, durante el día, se amontonan sobre varias mesas colmadas por otros tantos cachibaches científicos. En ellos duermen algunas de las bacterias más comunes entre los pacientes que acuden al hospital, como la Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa o el Staphylococcus aureus. 

Varias placas de petri con distintos cultivos de bacterias resistentes. María Pisaca

Desde que llegan al hospital, las bacterias infecciosas se convierten en un recurso único para la investigación. El objetivo es conocer su grado de resistencia a los medicamentos y caracterizar su genoma, para saber de dónde proceden. En uno de los primeros pasos, se les somete a distintas pruebas. Si bien hasta ahora lo más común ha sido utilizar antibiogramas –también conocido como método kirby-bauer–, que permiten saber a qué antibiótico es resistente una bacteria; en la actualidad se combina también con las pruebas de epsilometría (e-test) o la tarjeta de antibiograma, ambos para conocer qué grado de resistencia tienen. 

El Hospital de La Candelaria es el centro de referencia epidemiológico en bacterias resistentes

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Al final del laboratorio está la zona de epidemiología, un conjunto de tres cuartos donde los científicos identifican la matrícula de las bacterias, entre otros microbios. Aquí los científicos realizan dos tareas fundamentales: vigilar los brotes intrahospitalarios y aportar información para tareas de epidemiología del país. Con el ADN de las bacterias pueden saber cuáles son las bacterias resistentes que están causando problemas en su hospital, pero, al ser también unidad de referencia para toda Canarias, pueden aportar su granito de arena en la vigilancia epidemiológica de toda España. «Disponer de este recurso nos permite saber qué bacterias son más comunes en las Islas, pero también identificar cuándo alguien se ha contagiado fuera», relata García. De hecho, hace relativamente pocos meses descubrieron que una infección identificada en el hospital en realidad había ocurrido en Andalucía. Sin embargo, la red epidemiológica aún no está completa, pues la mayoría de comunidades están teniendo problemas para implantarlo. «Por ahora solo somos cinco comunidades las que emitimos informes de forma periódica», narra el microbiólogo. 

Pero Canarias solo es una pieza del gran puzle global al que afecta esta crisis sanitaria. El mundo microscópico de las bacterias está en pie de guerra con todos los seres humanos y los está conduciendo hacia una nueva crisis global. La humanidad ha logrado hacerle frente a los pequeños seres microscópicos que, con su carácter oportunista, creaban infecciones que, en ocasiones, podían llegar a ser fatales. Los antibióticos revolucionaron la medicina y consiguieron que cientos de infecciones mortales se convirtieran en enfermedades comunes. Pero con los años, su uso incorrecto y desmedido por parte de la humanidad, ha permitido a las bacterias evolucionar y mutar para acostumbrarse a este entorno hostil. 

Uno de los test utilizados para determinar la resistencia antibiótica es la prueba de epsilometría María Pisaca

A esto se une un obstáculo más; las bacterias se encuentran en todo lo que nos rodea. La naturaleza, los animales y los seres humanos compartimos las mismas bacterias, por lo tanto, las infecciones entre uno y otro se comparten, así como las resistencias. Por esta razón, para poder ponerle coto, los esfuerzos de países y comunidades deben tener una perspectiva global, en lo que se conoce como One Health. España es uno de los países que más ha avanzado en este sentido, tomando medidas en el mundo agrícola y en sanitario, en el marco del Plan Nacional de Resistencia Antibióticos (PRAN) y logrando buenos resultados iniciales. 

Aunque en teoría se están dando los pasos correctos para acabar con la resistencia antibiótica, a los investigadores se les antojan demasiado lentos. «Avanzamos en un Ford Fiesta mientras las bacterias se alejan en un Ferrari», destaca García. Este símil refleja muy bien la crisis a la que se está enfrentando la humanidad pues, mientras se necesita, de media, un lustro para poder revertir una resistencia antibiótica, las bacterias son capaces de mutar varias veces al año para conseguir resistencia no solo a uno, sino incluso a varios fármacos.

Pero no todos los países están tomando cartas en el asunto. «Es muy difícil parar esta tendencia en el tercer mundo», asegura el microbiólogo, que destaca que China es uno de los lugares en los que surgen «la inmensa mayoría de microorganismos resistentes». Y mientras la resistencia antibiótica causa más de 1,27 millones de muertes al año en el mundo, y los científicos buscan métodos para revertir el crecimiento de las bacterias que han mutado para sobrevivir a estos fármacos. Se espera que, para 2050, las bacterias provoquen más muertes que el cáncer. 

El microbiólogo, Diego García, compara los ADN de las bacterias para determinar su procedencia. María Pisaca

Lo positivo es que este problema se puede revertir, porque las bacterias mutadas tienen una capacidad menor de reproducción que las que convivían desde el principio con nosotros. Esto quiere decir que, en un entorno natural, serán las bacterias sin mutaciones –y por tanto sin resistencia antibiótica – las que colonizan más rápido el ecosistema. Pero para dejar que las bacterias vuelvan a su equilibrio natural, los antibióticos deben desaparecer, al menos en una proporción y durante un tiempo.

Causas de las resistencias

En humanos. Abuso en el consumo

El abuso o uso inapropiado de antibióticos deriva en la resistencia. Usarlos cuando no son necesarios (para dolores de garganta o resfriados), no tomarlos cuando se recetaron o no seguir la posología adecuada ayuda a las bacterias a aprender a defenderse. 


En animales. Para prevenir patologías

Las industrias agropecuaria, piscicultora y alimentaria han estado utilizando sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades en animales sanos.


En la naturaleza. Vertidos sin tratar

Las aguas residuales domésticas y agrícolas a menudo se infiltran directamente en el medio ambiente, con poco o sin ningún tratamiento. 

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