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El teletrabajo ha venido para quedarse..., entre algunos

El catedrático de Derecho Laboral, Francisco Alemán, analiza los pro y los contras del trabajo a distancia

Cuadro | Maripaz Bernal

Millennians y nómadas digitales, parecían los únicos que se definían por hacer teletrabajo, sólo necesitaban las nuevas tecnologías y una conexión rápida a Internet. Lo demás, el lugar donde hacer la tarea dependía del gusto de cada uno, una playa, su casa, un jardín o el balcón de la casa de un amigo.

Llegó marzo de 2020 y de pronto un virus, y una pandemia mundial, nos encerró en casa. Nadie podía salir a la calle y el mundo empezó a cambiar de forma brutal. Había que trabajar y estudiar desde casa. ¿Cómo se hacía eso?.

«Es evidente que el teletrabajo no es la panacea», explica el catedrático de Derecho Laboral de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Francisco Alemán, que ha analizado esta situación en su artículo El trabajo a distancia en la postpandemia, «y a pesar de lo mucho que yo me alegré cuando el Gobierno central sacó un Real Decreto Ley de forma muy ágil para regular esta nueva modalidad, tener como principal objetivo el consenso entre las partes para contentar a todo el mundo, hizo casi inviable la interpretación práctica de esta normativa», explica.

«Antes de la pandemia, el teletrabajo era absolutamente testimonial, alrededor de un 4% de las personas lo practicaban; cuando estalló la crisis del Covid -19, y nos confinaron, el porcentaje subió al 20% y ahora estamos volviendo a un punto intermedio, que es alrededor del 10 o 12%».

Alemán Páez admite que «el teletrabajo es un punto de convergencia de intereses una medida de flexibilidad interna que le conviene a las dos partes» pero su conclusión final es que tiene «más sombras que luces y lo que más me conturba es el aislamiento social del trabajador, en una sociedad cada vez menos social, el teletrabajo se convierte en un nido de enfermedades psicosociales y, encima, trabajando más horas que antes de la pandemia».

«Las empresas tecnológicas», explica el catedrático de Derecho Laboral, «que son las que tienen mayor experiencia en este mundo del teletrabajo, sobre todo las americanas, sólo permiten como mucho un día y medio de teletrabajo, precisamente para evitar este tipo de riesgos».

Francisco Alemán, en su artículo, examina la dificultad que ha tenido aplicar, de forma práctica, la normativa que se ha elaborado en torno a esta nueva situación laboral, «porque cuando metes algo con calzador, siempre hay más dificultades; por eso creo», explica, «que una de las fórmulas que mejor se adaptan para pasar de la teoría a la práctica es que sean los comité de empresas, lo que regulen, junto a los dueños de las empresas, las fórmulas de trabajo. En el artículo de Francisco Alemán se advierte del peligro que tiene dejar sin control la aplicación normativa del decreto ley que regula el teletrabajo, «porque está claro que este río es muy caudaloso y hay que poner coto. De lo contrario, el empresario, normalmente, tiene más fuerza y el perjudicado suele ser siempre el trabajador».

Cuadro Maripaz Bernal

Otro de los ámbitos en los que se centra la publicación de este catedrático de la ULPGC es la sociedad de la que hablamos «porque en este país el concepto tradicional de ir al trabajo implica muchas otras cosas, tomarte el café con los compañeros de trabajo, salir a la calle para llegar a la oficina, todas las conexiones sociales que llevamos tanto años ejerciendo para ahora que te obliguen a aislarte, el cerebro no puede pasar instantáneamente de una fase de trabajo a otra de ocio. Para eso hace falta mucho entrenamiento y mientras que las personas que llevan toda la vida trabajando de forma aislada es lo normal, para los demás, metidos en las formas más tradicionales, es mucho más complicado».

También hay que distinguir, según el criterio de este profesor, entre el trabajo autónomo, «a mí me hacen un encargo, cualquier empresa, y yo lo hago y lo entrego y eso no tiene ningún control, salvo el del propio creativo, pero eso no es lo que regula la ley, que se centra en los trabajadores públicos y los que trabajan a sueldo».

«A medida que he visto», añade, «lo mal que se está haciendo todo lo que tiene que ver con la digitalización, he empezado, por de pronto, a salirme de las redes sociales salvo para temas de necesidad laboral; y ya no hablemos de lo que está ocurriendo con las personas mayores de nuestra sociedad, el nivel ético de un país se sustancia en cómo trata a los jóvenes y a las personas mayores, y a éstos últimos los estamos tratando de una manera indigna».

Francisco Alemán Páez cree que este mundo digitalizado y en un avance permanente de las nuevas tecnologías «necesitamos una regulación mucho más definida y que resuelva auténticas dudas sobre cómo aplicar y regular todos los aspectos que tienen que ver con otras formas de trabajar y relacionarnos». 

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