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La investigación marina de las Islas agoniza sin un buque científico

Las Islas necesitan al menos 220 días al año de tiempo de barco para conocer las repercusiones que está teniendo el cambio climático en el Archipiélago

El buque oceanográfico Ángeles Alvariño atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. | | CARSTEN W. LAURITSEN

Si los oceanógrafos de Canarias fueran astrofísicos, habrían estado décadas escrutando el espacio sin telescopios propios. Casi diez años después de solicitar por primera vez, de manera oficial en las instituciones públicas, un barco que pudiera dar cobertura a las necesidades científicas de Canarias, los centros de investigación y universidades de las Islas siguen adoleciendo de una infraestructura que les permita salir al mar a tomar muestras, hacer mantenimiento de sus boyas o simplemente preparar a la población a los cambios que soportará el mar debido al calentamiento global.

Hoy en día la mayoría de los investigadores del Archipiélago cuentan con un tiempo de barco muy limitado. Dependen de las dos ocasiones en las que el Instituto Español de Oceanografía (IEO) cede alguno de sus buques oceanográficos a las Islas cada año. Sin embargo, cuando esto sucede, quienes tienen prioridad de uso son los investigadores del Centro Oceanográfico (CO) de Tenerife, lo que supone que el resto de científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la Universidad de La Laguna o de la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan) se encuentran al albur del tiempo libre que quede en los ajustados cronogramas que programa anualmente la Comisión de Coordinación y Seguimiento de las Actividades de los Buques Oceanográficos (Cocsabo).

Sin embargo, estos dos años, con los parones de actividad de la pandemia y la necesidad de utilizar el buque oceanográfico en otras tareas – como la búsqueda de las niñas desaparecidas Anna y Olivia o la toma de muestras durante la erupción de La Palma – han provocado que el tiempo restante tras las investigaciones del IEO sea, ya de por sí, muy ajustado. «Este año el barco estará cuatro meses y los días que permanecerá el barco en puerto serán mínimos», destaca Pedro Vélez, director del CO de Tenerife, que insiste en que «no sobran días».

Esta situación ha afectado especialmente a los investigadores de la Plocan, que admiten que «estos últimos años no hemos podido salir», lo que ha provocado que las boyas que siempre instalan para nutrir la Estación de Series Temporales en el Océano de las Islas Canarias (ESTOC) no se hayan podido instalar. Lo explica Joaquín Brito, director de la Plocan, que destaca que, incluso aunque este año tenían la posibilidad de disfrutar durante tres días del buque Ángeles Alvariño – así quedaba establecido en el calendario del barco–, dicha encomienda nunca se hizo efectiva. «No podemos trabajar con el desconocimiento de las características del mar», advierte Brito, que insiste en que, sin poder disponer de más tiempo de barco, «estamos desaprovechando el potencial marino de Canarias».

Ante esta situación, el centro de investigación ha optado por alquilar barcos que, en ningún caso, tienen la misma capacidad que un buque oceanográfico –y por tanto no permiten realizar las mismas investigaciones–. Además, supone un coste adicional bien conocido en las universidades canarias, que llevan años sufragando este recurso indispensable de su propio bolsillo. «Los barcos no son gratis; hay que recordar que su alquiler también lleva consigo el pago de combustible y personal, además de lo que cuesta traerlo a Canarias», relata la decana de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Miriam Torres, que admite que tienen que hacer verdaderos malabares para conseguir que los estudiantes puedan disponer de una formación completa, con prácticas en el mar. Según Aridane González, investigador del Instituto de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG), esta es la «única facultad de Ciencias del Mar de España que carece de un barco propio». Además de con fondos propios, el coste del alquiler de pequeñas embarcaciones muchas veces se financia a través del presupuesto de los proyectos de investigación.

Muchos investigadores, por esta razón, acaban optando por limitar sus trabajos a la costa. Por ejemplo, una investigación que estudia cómo el CO2 que emana de Fuencaliente alteran el medio marino, convirtiendo esa zona en un Observatorio de Cambio Climático, solo puede estudiarse cerca de la playa. Las universidades tampoco pudieron «utilizar el barco del CSIC durante la erupción de La Palma», como lamenta Ernesto Pereda, vicerrector de investigación de la Universidad de La Laguna (ULL), que insiste en que «si queremos tomarnos en serio las cosas, tenemos que tener un barco».

Los problemas que la falta de un buque acarrea en la investigación son claros. Las series temporales son pobres –pues a lo sumo abarcan dos meses al año– «lo que no permite entender las repercusiones del cambio climático», como resalta González. Tampoco se puede realizar seguimiento de los fenómenos naturales que afectan a Canarias, ni es posible saber cómo va cambiando la biodiversidad. Por otra parte, en lo que se refiere a la formación, tampoco permite a los nuevos investigadores formarse correctamente, dado que muchos egresados jamás han pisado la cubierta de un barco.

Pero los problemas van más allá, pues sin este recurso es imposible que Canarias tenga posibilidad de explorar alternativas económicas ligadas al océano, y que tienen relación con la medicina, las energías renovables o la búsqueda de materiales preciados que podrían colocar al Archipiélago en el mercado internacional, como es la búsqueda de tierras raras.

Oportunidades perdidas

Sin un buque, a los científicos se les hace muy difícil entender cómo las actividades humanas repercuten en los ecosistemas marinos para promulgar un turismo sostenible y sin él, es imposible que las Administraciones puedan realizar un seguimiento efectivo de los problemas que pueden afectar al litoral, como pudiera ser un derrame de petróleo cercano a la Islas. Además, disponer de este recurso también puede potenciar la propia investigación, pues, como destaca González, en otras comunidades que cuentan con un barco propio, como Vigo, «se ha demostrado que ha habido un crecimiento de la producción científica».

Los investigadores calculan que, solo para hacer campañas de tipo estructurante –es decir, para conocer a fondo las repercusiones del cambio climático en las Islas– Canarias necesitaría entre 220 y 252 días de tiempo de barco. A esto se sumaría tiempo para hacer investigación o formación de los nuevos investigadores. El buque oceanográfico Ángeles Alvariño –el único destinado a Canarias– pasará este año unos 90 días en Canarias y este será uno de los periodos en los que estará más tiempo. Su llegada se dividirá, como de costumbre, en dos períodos, a principios de año y a finales y será el único, en principio, de los 4 buques del IEO disponibles que atracará en las Islas.

Pese a los requerimientos, los investigadores creen que hay varias alternativas que podrían satisfacer sus necesidades y que no tiene que ser necesariamente la compra de un barco. «No hace falta que sea un buque nuestro, también puede ser un buque con base en Canarias», resalta Joaquín Brito, y su propuesta es respaldada también por parte de otros investigadores. Porque realmente lo que necesita el Archipiélago es poder disponer de un tiempo de barco, que se puede conseguir simplemente adquiriendo un buque oceanográfico nacional que tenga su base en las Islas. Miriam Torres, por su parte, hace hincapié en que «si no se ha hecho hasta el momento, es por algo», porque como resalta «no creo que sea falta de voluntad». Lo que sí tiene claro, al igual que sus compañeros, es que «estando en Canarias –que supone el 20% de la costa de España– necesitamos la infraestructura». «Si la tuviéramos sería maravilloso porque podríamos planear la actividad en función de las necesidades y proyectos de todas las instituciones de las Islas», concluye. «Canarias no está preparada para afrontar lo que va a venir del océano», sentencia el director del IOCAG, Alonso Hernández. Para él, el continuo retraso para solucionar esta situación a quien más perjudica es a los canarios. El investigador urge, por ello, al Gobierno a tomar cartas en el asunto, porque «no sabemos cómo se va a comportar el cambio climático y no lo sabremos hasta que se puedan ejecutar los proyectos estructurantes que se hacen en Canarias gracias a un barco».

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