Hola. Tengo una sensación extraña cada vez que me siento a escribir para esta Gaveta de Astrofísica. Una sensación rara de familiaridad contigo, lectora, que no tiene mucho sentido porque lo más seguro es que no te acuerdes de mí o que estés pensando ya en pasar de página y mirar la sección del tiempo a ver si dan bueno, o en echar un vistazo a las esquelas, que nunca se sabe. Total, de alguna manera esto se ha convertido en una suerte de diario científico-personal que abro cada seis meses para contarte algo del trabajo que estoy haciendo aquí en el Instituto de Astrofísica de Canarias. 

La cosa es que mi investigación no es tan variada y dinámica como para preparar un artículo con resultados definitivos cada medio año. Una pena, pero es así. Podría ponerme a escribir sobre cómo dependen las bandas moleculares de dióxido de titanio de la temperatura y por tanto de la edad de las poblaciones estelares, y sobre los problemas que ello acarrea a la hora de determinar la fracción de estrellas gigantes que tiene una galaxia. Podría, pero sería un palo la verdad. Con tu permiso y el de la coordinadora de esta sección voy a dar un pequeño rodeo. Hoy toca hablar de cosas que no sabemos, de mis errores investigando, y de cómo todo esto me ha servido para navegar casi dos años ya de pandemia.

Allá por el año 2015 estaba acabado mi tesis. Eran buenos tiempos. No sé si te acuerdas pero ya hablamos en esta sección alguna vez de una idea llamada la función inicial de masa, o IMF por sus siglas en inglés. En resumen, la IMF es la receta que usan las galaxias para formar nuevas estrellas y por lo tanto es un concepto central en cómo entendemos el Universo. “No IMF, no estrellas, no fun”. Bueno, pues durante mi tesis nos dimos cuenta de que esta receta, la IMF, parecía depender de la cantidad de metales que tenían las galaxias (nota: los astrofísicos llaman metales a todo lo que no es ni hidrógeno ni helio, ¡como lo oyes!). Fantástico, revolucionario. Era la pieza que nos hacía falta para encajar muchas ideas hasta entonces inconexas. ¿Qué ocurre? Pues que ahora, más de cinco años después, nos estamos dando cuenta de que estábamos, en parte, equivocados. Así funciona la investigación. Llegan nuevos instrumentos, nuevos datos, y con ellos nuevas ideas y explicaciones.

Vuelvo a tirar de memoria. Es el verano de 2017, Universidad de Santa Cruz, California. Segundo día de una conferencia y salgo a presentar algunos de nuestros resultados sobre la IMF. Todo normal. Al final de la sesión, la persona encargada de dirigir el turno de preguntas se dirige hacia mí, me mira, mira al público, y dice en alto: “estos resultados que se acaban de presentar son mentira”. Bueno, más o menos, fue un poco más violento como ya comenté en otra entrada. ¿Por qué recuerdo todo esto? Porque esa persona que dirigía el turno de palabra es ahora premio Nobel. Y estaba equivocado. ¿Puede un muchachito de Tacoronte recién doctorado saber más que un premio Nobel? Sí. Por suerte, la ciencia no entiende de premios y no se basa en la opinión de individuos, sino en un consenso colectivo

Y dirás: Nacho, céntrate. ¿Qué tiene todo esto que ver con la pandemia y con esta sección que se supone que da a conocer la astronomía que se hace en Canarias? Bueno, pues porque los científicos no hemos sabido transmitir lo que es la ciencia. Usted, querida lectora, muy probablemente no sepa lo que es la ciencia porque nadie se lo ha contado. La ciencia no son resultados empaquetaditos y listos para el consumo. La ciencia es una actividad humana, política, y está atravesada por los vicios y virtudes de las personas que la desarrollan. Las grandes mentes de este país también van al Mercadona los miércoles por la tarde. La ciencia no es un libro de texto donde están escritas las respuestas a todas las preguntas, con las palabras clave destacadas en negrita. La ciencia no es tampoco la opinión de ningún iluminado por muy prestigioso que sea su nombre o la universidad en la que trabaja. La ciencia tampoco es, obviamente, un grupo de WhatsApp donde supuestos biólogos y expertos de laboratorio sientan cátedra. 

Cosas que sí son ciencia. La ciencia es incertidumbre y consenso, cambia continuamente al llegar nuevos datos, ya sean de galaxias o de vacunas. La ciencia no tiene la respuesta final a nada pero siempre tiene la mejor respuesta. La ciencia ES la mejor respuesta, aunque esta no sea la definitiva. Y, sobre todo, la ciencia es la única herramienta que tenemos para entender y adaptarnos al Universo que nos rodea. La única. Confiemos en la ciencia.

*Sección coordinada por Adriana de Lorenzo-Cáceres Rodríguez

La Galaxia de Andrómeda está a más de dos millones de años luz de la Tierra pero hasta hace menos de cien años pensábamos que era una simple nebulosa en la vecindad solar. Efectivamente, tus abuelos crecieron creyendo que el Universo era mucho (pero mucho mucho) más pequeño de lo que hoy en día sabemos. Ahí está la belleza de la ciencia.

La Galaxia de Andrómeda está a más de dos millones de años luz de la Tierra pero hasta hace menos de cien años pensábamos que era una simple nebulosa en la vecindad solar. Efectivamente, tus abuelos crecieron creyendo que el Universo era mucho (pero mucho mucho) más pequeño de lo que hoy en día sabemos. Ahí está la belleza de la ciencia. David Dayag

BIOGRAFÍA: Ignacio Martín Navarro nació en Santa Cruz de Tenerife. Tras licenciarse en Física y doctorarse en Astrofísica por la Universidad de La Laguna con un proyecto llevado a cabo en el Instituto de Astrofísica de Canarias, pasó cuatro años investigando a caballo entre la Universidad de California, Santa Cruz, y el Max-Planck-Institut für Astronomie, Alemania, estudiando la formación y evolución de las galaxias más masivas del Universo. En la actualidad es investigador Ramón y Cajal del IAC.

*Adriana de Lorenzo-Cáceres Rodríguez nació en Santa Cruz de Tenerife y es Licenciada y Doctora en Física por la Universidad de La Laguna, con un proyecto de investigación desarrollado en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), donde trabaja actualmente. Ha sido investigadora postdoctoral en la Universidad de St Andrews (Escocia), la Universidad de Granada, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente estudia la formación y evolución de galaxias como Investigadora Severo Ochoa en el IAC. Es miembro de la Comisión Mujer y Astronomía de la Sociedad Española de Astronomía y coordinadora de esta sección Gaveta de Astrofísica.