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Un conflicto que no es menor | El trabajo policial

El control de los riesgos

La Unidad de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife adscrita a la Fiscalía identifica a quienes participan en las reyertas cuyos vídeos son subidos a internet

Un agente veterano de la Unidad de la Policía Local adscrita a la Fiscalía, sentado, y dos policías en prácticas. María Pisaca

Una subinspectora y dos agentes valoran el nivel de riesgo de cada desaparición, en función de la edad o de la frecuencia de las fugas de los adolescentes. La profesionalidad de los policías y su prestigio han contribuido a que. en muy pocas ocasiones, los chicos hayan adoptado actitudes violentas contra ellos. Este equipo, único en Canarias, actúa a las órdenes de la Fiscalía y los dos juzgados de Menores de la provincia.


La Unidad de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife adscrita a la Fiscalía de Menores se creó en el 2001 y es el único equipo de estas características que existe en Canarias. La subinspectora jefa manifiesta que, en los últimos años, no se ha producido un repunte significativo de los delitos violentos perpetrados por adolescentes. Y tampoco cree que haya un incremento importante de las desapariciones. Sí está convencida de que ahora hay una mayor difusión de cada episodio por redes sociales, whatsapp y medios de comunicación. Y advierte de que, a veces, en estos casos, «el exceso de información no es bueno».

Sobre las fugas, aclara que, cuando se marchan del domicilio familiar, en horas o en unos pocos días se resuelven. Los casos de abandono de centros de acogida son más habituales. Cree que hay que definir a qué llamamos «desaparición». Muchas veces, un adolescente puede salir a las 13:00 horas de su casa y no vuelve a las 21:00 horas, como le dijeron sus padres, sino dos horas después. Y un comportamiento similar se registra en centros de acogida, ya que el interno debe volver a las 22:00 horas y no lo hace hasta las dos de la madrugada. La subinspectora se pregunta si un menor que está en casa de una amiga o su novio puede calificarse como «desaparición o no».

Un agente, con 14 años de experiencia en el equipo, refiere que «nuestra unidad valora» cada caso, tanto si el adolescente se ha ido de su casa, de un centro de acogida o de un recurso de reforma. Y le otorga un nivel de riesgo: «alto, medio o bajo». Si el menor desaparece del hogar de sus padres por primera vez y estos no saben dónde está, el caso tendrá un «riesgo alto». Pero si se trata de un chico que se fuga todos los viernes de un centro y regresa la noche del domingo, al asunto se le otorga un «riesgo bajo». La reincidencia es un factor importante, pero no el único. Otro elemento clave es la edad. No es lo mismo un niño de 9, 12 o 13 años que un menor de 17.

Acoger a un menor fugado de su casa puede implicar un delito de inducción al abandono del hogar

Para la jefa de la Unidad, es importante que los ciudadanos sepan que acoger a un adolescente puede implicar la comisión de un delito de inducción al abandono del hogar y dar lugar a que se inicien diligencias previas. Para evitar tales situaciones, recomienda a la familia que lo recibe que contacte y hable con los padres del menor para confirmar que saben dónde se encuentra.

La actividad en la Fiscalía la inició el recordado agente Sosa, cuya habilidad para tratar con los adolescentes contribuyó a que, más tarde, se creara la actual Unidad, integrado por la subinspectora y dos agentes. Los policías trabajan la prevención de delitos y la protección de adolescentes. Según la jefa, «prestamos una intervención integral y para ello nos apoyamos en los compañeros de los grupos operativos de la Policía Local». «Cuando nos llega la información de la comisión de un delito o una desaparición, pasamos los datos al grupo que esté de servicio», indica, y «nos comunicamos cualquier novedad».

La Unidad también interviene a requerimiento de los dos juzgados de Menores de la provincia para hacer el seguimiento a aquellos con medidas impuestas, como un requerimiento, una amonestación o un ingreso en el centro de Valle Tabares. Un agente en prácticas recuerda que existen hasta quince tipos de medidas diferentes, como pueden ser una orden de alejamiento o la prohibición de acudir a espacios de ocio o centros comerciales en los que hayan cometido algún delito.

El grupo destaca la colaboración de todas las policías locales de Tenerife en algunos servicios

Otro elemento de información relevante para el equipo es el policía local que imparte charlas de seguridad vial en colegios o de redes sociales o acoso en los institutos. Los directores de centros informan a este agente de peleas en el exterior de los centros o casos de absentismo. La Unidad solo gestiona los episodios más graves de faltas. Todos los casos de absentismo llegan a los psicólogos y trabajadores sociales de la concesionaria de dicho servicio en el Ayuntamiento de Santa Cruz, Eulen. Y dicho recurso filtra los episodios más preocupantes a la Policía Local.

Según el agente consultado, «hemos visto que las faltas de asistencia a clase son un indicador relevante de la situación del menor, pues muchos adolescentes con un absentismo grave acaban con un expediente judicial de reforma». Y, como hasta los 16 años la educación es obligatoria, «se ha llegado a imputar a los padres o tutores legales» por no corregir tal conducta. El absentismo también refleja, a veces, la existencia de familias desestructuradas, de progenitores con antecedentes policiales y judiciales, o el consumo de drogas. El policía habla con la contundencia de haber trabajado mucho en la calle: «si se trabaja duro el absentismo, se podrían bajar aún más las estadísticas de menores en los centros de reforma», como son las instalaciones de Valle Tabares, en Tenerife, o La Montañeta, en Gran Canaria.

Sobre si detecta una mayor violencia en el comportamiento de los adolescentes cuando interviene con ellos en diferentes servicios durante los últimos años, este profesional aclara que «hemos tenido casos puntuales, muy pocos, en los que ha habido que emplear la fuerza». Matiza que «esta unidad tiene prestigio, saben cómo actuamos, los propios menores te conocen; no se rebelan». Sobre los vídeos de peleas multitudinarias o entre unos pocos menores, manifiesta que «todo el material que se cuelga en internet se analiza, se identifica a los participantes y se hacen los expedientes para la Fiscalía».

La subinspectora interviene para recordar que «son los padres los que deben educar y controlar las acciones de sus hijos». Es decir, que no toda la culpa hay que atribuirla a los adolescentes. E insiste en la importancia de vigilar los accesos a algunas redes sociales a través del móvil.

El agente recuerda que, «tanto mayores como menores de edad llevamos casi dos años con limitaciones para disfrutar de las actividades de ocio, mientras que por parte de las entidades públicas no se aportan actividades de ocio alternativas», por lo que muchos jóvenes optan por acudir a los «botellones».

Este policía local también destaca la coordinación que existe con todas las policías locales de Tenerife, «pues colaboran con nosotros y, gracias a sus profesionales, se llevan a buen término muchos servicios; y hay que agradecer cómo se implican y contribuyen a la eficacia de las actuaciones».

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