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Diseños

Así será el templo de las baldosas de Barcelona

Es aún más inesperado que el PP votando la reforma laboral | Por esta antigua fábrica del Poble Sec campan 20.000 mosaicos hidráulicos | En primavera se convertirá en un museo único. Ya recibe a una veintena de curiosos al día

"Las baldosas vienen a mí": Joel prepara el primer museo de la baldosa hidráulica

"Las baldosas vienen a mí": Joel prepara el primer museo de la baldosa hidráulica

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"Las baldosas vienen a mí": Joel prepara el primer museo de la baldosa hidráulica Ana Sánchez

Es meter un pie aquí dentro y se te pone de golpe el rictus de Indiana Jones entrando en algún templo maldito. Esto es aún más inesperado que el PP votando la reforma laboral. Ni que hubieras abierto la cámara secreta de la tumba de un faraón modernista. Hay pilas y pilas de baldosas hidráulicas con capa blanquecina de casa encantada. Unas 20.000. “Faltan por traer muchas”, resopla el anfitrión con ilusión contagiosa. Joel acumula mosaicos hasta debajo del sofá de su casa. Tendrá 50.000 en total, redondea. El 70% los ha rescatado de sacos de escombros

“La Vilella”, anuncia con letras vintage la entrada de este edificio del Poble Sec. Paseo de la Exposició, 95. 500 metros cuadrados que supuran historia. Solía ser una fábrica de sifones. Ahora asomas la cabeza con disimulo de espía de serie B y acabas fabricando un mosaico hidráulico

Es “el templo de la baldosa”, así lo han bautizado. Hace honor a su nombre incluso a medio hacer. Aún es un potencial museo, no se inaugurará hasta primavera, pero ya recibe a una veintena de curiosos cada día. Si está Joel, te dirá que pases, que no te quedes en la puerta, mujer, y te hará un tour polvoriento con la misma diligencia que si estuviera en el Louvre.  

Montañas de baldosas, en la sala principal del futuro museo. ÁLVARO MONGE

The Tile Hunter (el cazador de baldosas), se bautizó en Instagram (@i_rescue_tiles). Nombre real: Joel Cánovas. 38 años. Va por el mundo con una mochila que soporta 35 kilos. Hace casi ocho años que rescata baldosas centenarias de las calles. Un Robin Hood de los suelos. Cada día callejea 30,40 kilómetros en bici. Media Catalunya tendrá ya su número de teléfono. Una red de espías que ni Putin. “Es un proyecto –dice- que se ha hecho a base de eso: de gente”. 

Una de las baldosas rescatadas de las calles.

Se estrenó en la prensa en esta misma sección en el 2017. Entonces acumulaba 6.000 mosaicos. Ya va por 50.000. A estas alturas ha salido hasta en 'The Guardian'. Ironías de coleccionista: su casa no tiene suelo de baldosa. ¿Que por qué sigue rastreando sacos de escombros? Es una adicción, asiente. “No me he diagnosticado -se ríe-, pero hay patología seguro”. Y una voluntad nivel Rafa Nadal. 

Joel sonríe con intensidad de final Disney. “Son muchas horas, es mucha pasión, mucho sacrificio. Muchos años”. Hace apenas seis meses que apareció el socio con el que ha podido materializar este museo único. “Solo tú lo vas a entender -Joel le mandó un mail de 4 páginas-. Esto es un delirio. No sé como ganaremos dinero”. Enric le respondió por Whastapp: “A muerte”. ¿Que cómo resume el socio el proyecto? “Dos iluminados que se han encontrado por amor a las baldosas”. 

Detalle de varios mosaicos almacenados en el futuro museo. ÁLVARO MONGE

Si dices “modernista” tres veces delante de un espejo, debería aparecer Enric Rebordosa, del Grup Confiteria. “Arqueólogo de bares”, lo llaman. Está detrás de La ConfiteriaParadisoDr StravinskyBar Muy Buenas y un largo etcétera de locales emblemáticos, además de la editorial Flâneur. Haría falta otra crónica solo para explicar qué está haciendo ahora. El miércoles abre La Xarcu de plaza Molina; a final de mes, el Café del Centre. “Yo hago las cosas por pasión –justifica-. Joel igual. Nos tiramos a la piscina sin tener ni idea de cómo se rentabilizará, solo por la belleza del asunto”. Se encoge de hombros. “Esto es patrimonio y lo tenemos todos en nuestros pies”.  

“¿Qué estáis haciendo aquí?”. Los transeúntes se paran en seco frente a la hipnótica pared junto a la puerta de la fábrica: hay 160 modelos de un vistazo. “Es como un anzuelo”, se ríe Joel. La estantería aún será más grande, promete. Como una biblioteca de 'El nombre de la rosa'. “Aquí no veis nada: hay 160 modelos de los 3.500 que tenemos”.  

Joel posa delante de la pared de baldosas que ha montado junto a la entrada. ÁLVARO MONGE

“Hola, bona tarda”. Joel saluda a Lisa, una italiana que ha venido expresamente a hacer el 'tour'. “Esta sala os la tenéis que imaginar totalmente vacía de baldosas”. El coleccionista empieza a detallar el futuro museo con nitidez de guía. Baldosas por las paredes, vitrinas, quizá una prensa hidráulica en medio, allí una barra de bar, “hola, bona tarda”. Acaba de pararse una pareja en la puerta.  

El templo de las baldosas

  • Paseo de la Exposició, 95.
  • Teléfono de contacto: 676070614.

Museo con bar y talleres

“La idea es que te puedas venir a tomar una copa –continúa Joel- y al mismo tiempo hasta hacer una baldosa, visitar la exposición, pasarte por la tienda. Haremos talleres de mil cosas: restauración, fabricación…”. Hoy mismo se apuntarán en la lista tanto la pareja como la italiana. El museo aún polvoriento ya tiene hasta teléfono. "El nuevo teléfono de la esperanza de la baldosa", se ríe Joel: 676070614.  

Otras de las baldosas rescatadas.

Cruzas la sala y te encuentras a Alicia Cifuentes frente a una prensa hidráulica. Es inevitable acabar con las manos llenas de cemento. Ella lleva 10 años haciendo baldosas. Tarda minuto y cuarto en hacer una; 15 minutos, una neófita que atina menos que el jurado del Benidorm Fest.

Eliges el molde, la trepa, la llaman aquí. Lo coloreas a chorros, espolvoreas cemento y arena, nivelas. Más cemento, nivela otra vez, móntalo todo bien y a la prensa. ¿Pero cuánto pesa esto? Unos movimientos de palanca y a desmoldar a lo tortilla. ¿Qué engancha? “Cuando ya está colocado –responde Alicia-. Dices: ‘¡Guau!’. Ves que va a quedar allí por tiempo”. 100 años. “O más”.  

Minería urbana

Aún queda otra sala de exposición donde se exhibirán las Giocondas de las baldosas, una tiendasuvenires –Joel señala sacos con piezas rotas-, la sala de limpieza con mosaicos a remojo. Y esa salita, para los de la universidad. Se ha sumado al proyecto la UPC. 

“Aquí tenemos una mina: minería urbana”, asiente Montserrat Bosch. Hoy también se ha pasado por el futuro museo la subdirectora de Política Científica, Responsabilidad Social y Promoción de la Escuela Politécnica Superior de Edificación de Barcelona (EPSEB), de la UPC. Aún está por concretar cómo colaborará la universidad. La idea –adelanta- es que los estudiantes a los que les interese el tema puedan catalogar in situ baldosas para sus trabajos finales de carrera, por ejemplo. En definitiva: “Ponerlo en valor. A partir de la investigación, de la museística y de la catalogación”.

“Pronto entrarán cinco palets más”, anuncia Joel entre montañas de baldosas. Quedarán 80 palets, calcula por lo bajo. “Aquí no has visto ni el 35% de lo que tenemos”. Acaba el tour polvoriento de vuelta a la pared hipnotizante. “A mí me gustaría hacerme un tatuaje”, concluye la italiana rebuscando modelos. “No me digas eso –responde él-, tengo un amigo que los tatúa”. Y asoma la cabeza por la puerta una señora. “¿Qué estáis haciendo aquí?”.  

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