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Enseñanza

Vuelta al cole: el día más difícil

Padres y madres llevan a sus hijos e hijas a clase teniendo claro que, en algún momento, el covid entrará en casa

Un grupo de niños esperan para entrar en clase en el inicio de curso escolar después de las vacaciones de Navidad.

“Feliz y bendito día de cole. Que dure mucho”. Los chats de padres y madres dan pavor porque casi siempre son fuente de malas noticias. Hasta 2020, los piojos y la ropa perdida eran un clásico que ponía de los nervios hasta al más templado. Por cortesía de la pandemia, ambas cosas han pasado de tragedia a broma. Ahora, una vez pasada la Navidad, el hit de la temporada son los test de antígenos positivos, el caro e imprescindible kit médico de los hogares españoles.

Esta mañana, a las puertas de los colegios no se hablaba de otra cosa. Hay madres más preocupadas y otras que intentan fluir. Pero todas, absolutamente todas, están convencidas de que en algún momento algún miembro de la familia cogerá el virus. Pueden ser los padres o los niños. Pero la Covid entrará en casa. “Me da miedo el comedor del cole. Estoy convencida de que mis hijos se contagiarán ahí”, explica Teresa, administrativa y madre de dos niños, de 7 y 9 años. Su casa, hasta ahora, ha sido un fortín frente al coronavirus. Pero la altísima incidencia le hace pensar que ha llegado su momento. “Tenemos miedo, y es lógico. Pero los niños tienen que venir al cole. Si se infectan, lo pasarán sin muchos síntomas y ya está. No nos queda otra. Más complicada será la conciliación porque no hay bajas laborales para confinamientos preventivos”, añade María, madre de un niño de 7 años.

A falta de medidas adicionales como cribajes masivos y preventivos, están las de siempre: ventanas abiertas, toma de temperatura a la entrada, mascarilla (“estoy por ponérsela con grapas a mi hijo porque siempre la lleva por debajo de la nariz”, se queja María, madre de un niño de ocho años) y distancia social, una verdadera quimera si hablamos de niños pequeños. La vacuna es el gran arma del Gobierno y las comunidades para luchar contra el coronavirus. Casi el 35% de los niños y las niñas con edades comprendidas entre 5 y 11 años han recibido su primer pinchazo. La pauta completa se adquiere con la segunda dosis, así que en caso de que el padre o la madre se infecten, su aislamiento escolar sumaría unos 14 días (a no ser que que el niño tenga cero contacto con el padre o la madre). 

A la confusión no ayuda precisamente el baile de protocolos oficiales. Que si sempresencialidad, que si presencialidad, que si siete días de aislamiento, que si diez, que si confinamiento preventivo, que si no hace falta… Poca gente tiene claro qué va a pasar en realidad cuando empiecen a salir casos positivos en la clase. Ya sean de niños o de docentes. Sobre el papel, y según lo acordado por la Comisión de Salud Pública (formada por el Gobierno y las autonomías), hasta que no haya cinco positivos no habrá aislamiento global y preventivo del aula. Pero muchos padres aseguran que solo con tres casos ellos ya optarán por no llevar a los suyos al aula. “¿De verdad vamos a esperar a que haya cinco alumnos infectados? Me parece correr un riesgo innecesario”, asegura Miguel. Él lo dice, entre otras cosas, porque puede teletrabajar. Pero ¿cómo teletrabajan los médicos o los camareros?

En Madrid la confusión es mayor, dado que la Consejería de Educación ha asegurado que con tres casos en un mismo aula se dará parte a Salud Pública, que decidirá si confinar o no el aula. Nadie sabe nada. Y menos, en pandemia. 

Por más que la ministra de Educación, Pilar Alegría, tuiteé que las aulas son espacios seguros, las familias sienten miedo. La incertidumbre dispara los nervios. “Nosotros lo pasamos en Navidad, fuimos concatenando cuarentenas. Pero ahora, con la vuelta al cole, estamos mucho más tranquilos. Si no, estaríamos ansiosos”, explica María, madre de una niña de 10 años y un niño de 7.

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