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Coronavirus | La opinión de los expertos
María José Pereira Rodríguez Jefa de Medicina preventiva y Salud laboral

«Sin las vacunas estaríamos ya en la misma situación que en enero»

«Veo difícil que las vacunas actuales no nos protejan frente a la nueva variante ómicron», confiesa la jefa de Medicina preventiva y Salud laboral

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«La vacunación infantil es segura y contribuirá a minimizar la circulación tan intensa del virus que estamos viendo entre los menores de 14 años”, sostiene. Desde el inicio de la pandemia se han contabilizado más de 3.000 ingresos infantiles por covid en toda España, algunos de ellos con cuadros clínicos muy severos y con posibles secuelas persistentes.

¿Cuál es su diagnóstico de la situación de la pandemia?

Desde noviembre, la incidencia del SARS-CoV-2 ha aumentado claramente y lo ha hecho a una velocidad importante, algo que nos produjo cierta sorpresa, aunque ya estábamos sobre aviso por la situación que se venía detectando en todo el norte de Europa. Pese a ese incremento de casos, parece que la mayoría de los afectados presentan cuadros clínicos con una sintomatología entre moderada y leve. La cifra de pacientes con covid grave que precisan hospitalización, o incluso atención en críticos, se mantiene muy contenida. Asumiendo el decalaje entre la incidencia del virus y los ingresos, llevamos varias semanas con los contagios al alza y, aún así, la patología grave se está controlando. Esto hay que interpretarlo como la mejor evidencia de que la vacunación tiene sentido. El sistema sanitario tiene que estar alerta, porque en una semana podemos pasar de una situación medianamente contenida a complicarse todo. El SARS-CoV-2 continúa entre nosotros, y aunque la vacunación está modificando claramente el devenir de la pandemia, no la va a controlar de forma total, y esto nos obliga a recordar las medidas de prevención que, a estas alturas, ya todos conocemos.

Con los datos actuales de contagios, y sin vacunas contra el covid, ¿cuál sería el panorama?

Estaríamos en la misma situación que el pasado mes de enero. Siempre he insistido en las medidas no farmacológicas, como el uso de la mascarilla y la distancia social, para cortar la transmisión del virus, pero la realidad es que la vacuna es una medida de fácil aplicación, segura, que se está administrando de forma masiva y que la población ha aceptado.

Las vacunas protegen de la enfermedad grave, pero no del contagio, y las mascarillas sí se muestran eficaces para prevenirlo.

Pero es difícil controlar el uso de la mascarilla en todo momento. Muchas veces ha habido recomendaciones en ese sentido, pero éramos conscientes de que no se estaban cumpliendo y, por tanto, no eran efectivas. En cobertura vacunal contra el covid, sin embargo, nuestro país está a la cabeza, y estudios de todo tipo han constatado que la vacunación ha impactado, de forma positiva, en la gravedad de la enfermedad causada por el SARS-CoV-2. Cierto es que, con el paso del tiempo, el nivel de protección puede ir descendiendo, y esto puede hacer necesario que se administren dosis de refuerzo en determinadas circunstancias, pero es algo que hemos ido constatando a medida que avanzaba el proceso. Si ahora estamos hablando de un aumento de incidencia, sin un incremento significativo de la gravedad, es porque se ha vacunado a la población que lo precisaba.

Acaba de comenzar la campaña de vacunación infantil. A los padres que puedan tener dudas sobre la conveniencia de inmunizar a sus hijos contra el covid, ¿qué les diría?

La incertidumbre y las dudas han acompañado a la vacunación contra el covid desde que se inició ese proceso. Cuando se empezaron a administrar las primeras dosis a los adultos, ya insistimos en que la eficacia, y sobre todo la seguridad de esas inyecciones, estaba garantizada. Con el paso del tiempo, hemos comprobado, además, que los beneficios de las vacunas en esa población siempre han estado muy por encima de cualquier efecto adverso, que evidentemente los pueden tener, como cualquier producto sanitario. Pues bien, a toda vacuna que se administre a los niños se le exigen garantías aún mayores de seguridad, y esta tiene las mismas que cualquier otra inyección de las que ya recibe la población infantil. Además, jugamos con una ventaja, y es que en Estados Unidos se han puesto ya más de tres millones de vacunas en niños y se continúan administrando porque no suponen un riesgo.

Habrá quien piense que para qué vacunar a los niños contra el covid si la mayoría son asintomáticos o pasan la infección con síntomas leves.

El balance riesgo-beneficio, lógicamente, va a ser siempre mayor en los adultos porque son quienes sufren más complicaciones al infectarse con el SARS-CoV-2. Y aunque la mayoría de los niños no van a padecer enfermedad grave, desde el inicio de la pandemia se han contabilizado más de 3.000 ingresos infantiles por covid en toda España. Algunos con cuadros clínicos muy severos y con posibles secuelas persistentes (long covid), que ya se están viendo. No sé si serán muchos o pocos. A mí, desde luego, me parecen suficientes para entender que vacunar a los más pequeños aporta.

La vacunación infantil llega con la incidencia del virus disparada entre los menores de 14 años.

Así es. Aunque habitualmente los niños no son grandes contagiadores del SARS-CoV-2, ahora mismo la incidencia de la infección en el grupo etario de menores de 14 años es claramente superior a la de otras franjas de edad. Y si los pequeños tienen en su entorno a personas especialmente vulnerables frente al virus, sabemos qué puede pasar. Además, una vez inmunizados, es posible que los niños pasen a estar exentos de realizar cuarentenas, como sucede con los adultos, porque la vacuna reduce la transmisión y evitará, por tanto, que sean un riesgo para otros. Creo que todas estas circunstancias deben ser consideradas, también, por los padres. Las vacunas, insisto, son seguras, siempre van a aportar beneficios y de alguna forma van a contribuir a minimizar la circulación tan intensa del virus que se está dando en ese grupo de edad.

¿Prevén que los contagios sigan al alza en los próximos días?

Tras periodos festivos y vacacionales siempre ha aumentado la incidencia del virus, y ahora no va a ser diferente. Es cierto que el puente de diciembre ha cogido a la población de mayor edad con la tercera dosis puesta, pero el resto de adultos no la han recibido aún y las interacciones sociales se han incrementado considerablemente. En octubre y noviembre no hubo restricciones a la movilidad ni en sectores como la restauración, por tanto, con independencia de los beneficios de la vacuna, que son evidentes, estamos seguros de que los positivos van a seguir al alza.

¿En el actual contexto es conveniente asistir, por ejemplo, a una cena de empresa?

No me atrevo a ser demasiado taxativa o exigente sobre esta cuestión en este momento, porque entiendo que a la hora de tomar una decisión entran en juego muchas cuestiones. Llevamos meses muy complicados, y otro tipo de condicionantes, como la salud mental o las relaciones afectivas, están ahí. Sin ánimo de responsabilizar a la población, creo que cada uno debe ser consciente de su situación. Asistir a una reunión con personas que no forman parte de nuestro grupo habitual, o en entornos de alto riesgo, donde nos quitamos las mascarillas sin tener en consideración las recomendaciones sanitarias y donde puede que haya mucha gente, es asumir un riesgo individual que puede tener consecuencias para los nuestros.

¿Qué aconseja?

Recomiendo a los ciudadanos que intenten buscar un equilibrio entre la seguridad y esa necesidad que todos tenemos de aproximarnos a otros. Minimizar las reuniones y, en caso de producirse, que sean en las condiciones más seguras posibles, al aire libre o en espacios con una gran ventilación. Puede que la enfermedad causada por el SARS-CoV-2 no sea un problema para la población joven y sin factores de riesgo, pero sí puede serlo, y muy grave, para otros. Tenemos que ser muy conscientes de que el virus sigue aquí y la pandemia no se ha terminado.

Moderna anunció hace unos días que la efectividad de su vacuna disminuye ligeramente frente a ómicron, sin embargo Pfizer aseguró esta semana que sus tres dosis garantizan la protección. ¿Con qué nos quedamos?

Inmersos ya en la administración de la tercera dosis para casi toda la población adulta, veo difícil que las actuales vacunas no nos sigan protegiendo frente a la enfermedad grave causada por esta variante. No obstante, hacer afirmaciones contundentes, en este momento, me parece un poco imprudente. Si finalmente se constata que ómicron tiene una mayor capacidad de transmisión, infectará a más población y, aunque la tasa de hospitalización no sea mayor, el número absoluto de ingresados se va a incrementar. Con este horizonte debemos trabajar, manteniendo los sistemas de vigilancia, anticipación y respuesta muy alerta.

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