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Mayores | Alternativas a los geriátricos convencionales

«No queremos ir a una residencia ni ser una carga para nuestros hijos»

Teresa Trujillo, cooperativista en un proyecto de ‘cohousing’, defiende el concepto de un envejecimiento activo junto a otras personas afines en viviendas colaborativas

Actividad desarrollada por impulsores del cohousing en la Plaza del Príncipe, en Santa Cruz. | El Día

Teresa Trujillo es una vecina de Santa Cruz de Tenerife que quiere tener un envejecimiento activo y en comunidad. Pero, según manifiesta y tiene muy claro, no desea que tal periodo sea en una residencia geriátrica. Y tampoco pretende convertirse en una carga para sus hijos. Hace exactamente cinco años que se creó la Asociación Canaria de Cohousing para desarrollar este tipo de experiencia residencial en edificios en los que se combina la privacidad de las personas o de las parejas en sus respectivos apartamentos, con amplios y variados espacios comunes en los que comparten algunas horas del día, a la vez que se reciben diferentes tipos de servicios, gracias a la aportación de cuotas mensuales y un canon inicial. El objetivo de dicho colectivo es dar a conocer el proyecto, a través de voluntariado, a las administraciones.

La mencionada Asociación llegó a tener en algún momento más de cien socios. En base a una serie de ideas comunes o afinidades, de esa entidad matriz surgen diversos proyectos concretos, denominados comunidades colaborativas, para desarrollar acciones muy definidas acerca de su futuro, como la compra de un solar o planificar las características del edificio en el que quieren vivir, entre otras cosas.

En el caso de Teresa Trujillo, en el año 2019 fue una de las fundadoras de la cooperativa EntreAlisios Cohousing. Esta mujer, que es psicóloga, comenta que su comunidad se encuentra en negociaciones para adquirir un solar donde se construirá el residencial. En palabras de Trujillo, «el complejo tendrá pequeñas viviendas individuales, donde se sigue manteniendo la privacidad, pero con grandes espacios comunes».

Dicha vecina de la capital tinerfeña aclara que el recinto residencial funcionará de forma «autogestionada» y los residentes vivirán en el mismo con la fórmula de la «cesión de uso». Es decir que el proyecto «no es especulativo y se desarrolla sin ánimo de lucro». Uno de los elementos clave en este tipo de acciones es que los integrantes de cada grupo puedan llevar a cabo una convivencia sin excesivos conflictos. Trujillo aclara que, en principio, cada comunidad se constituye en base a unas «afinidades de valores e intereses». De la Asociación Canaria de Cohousing también han surgido otras dos comunidades: Tagoror y El Principio.

¿Qué les llevó a pensar en esta alternativa? «Lo que más nos preocupaba es que nos hacíamos mayores y estábamos próximos a la jubilación», señala. «Y veíamos a nuestros padres con una dependencia muy grande de la familia y no queríamos generar esa situación para nuestros hijos», apunta.

«Cada comunidad se constituye en base a unas afinidades de valores e intereses», manifiesta Trujillo

En esas circunstancias, acudieron a una charla de un arquitecto en Tenerife que planteó la opción de vivir en ese tipo de espacios y la idea entusiasmó a Teresa y a su marido. Para esta mujer, resulta fundamental que el recinto permita mantener contacto con los vecinos del entorno en el que se ubique y aportar «nuestra experiencia adquirida». Por ejemplo, señala que una maestra jubilada todavía posee capacidades para ayudar a niños en clases extraescolares; o, en su caso, como psicóloga, puede ofrecer apoyo a los padres a la hora de reforzar sus métodos de educación.

«Vamos a ser sesenta personas, como mínimo, que consumimos bienes y servicios; podemos participar en la comunidad y generar economía en nuestro entorno», señala Trujillo. Asume que, en la medida en que abren el camino, «tenemos que ser generosos, en tiempo y en dinero».

El arquitecto grancanario Ricardo García Molina, del estudio Arquitectos de Familia, explica que tomar parte en este tipo de experiencias «es un desafío, por lo novedoso». Dicho profesional recuerda que, a lo largo del último siglo, «las viviendas han tendido al incremento de la privacidad». Sin embargo, las personas que apuestan por las viviendas colaborativas o cohousing «van a compartir al máximo su vida con otros vecinos y eso supone cambiar la mentalidad, con viviendas y espacios comunes, donde todo el edificio sea tu casa». Según García Molina, «desde mi ventana debo poder ver al vecino para comprobar que está bien; quieren poder verse», lo que implica una nueva forma de diseñar los inmuebles. Este arquitecto manifiesta que se ha especializado en «diseño participativo», es decir, que los implicados en estos proyectos deciden sobre los planos del edificio o los materiales a utilizar, el tipo de energía, o la clase de reciclaje de aguas, entre otras cosas. Por eso, con carácter previo, se celebran talleres para facilitar que tales aportaciones se realicen de una forma racional y las personas entiendan «lo que se les pone delante».

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