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Día contra la Violencia de género | La labor de los cuerpos de seguridad

«Gracias a la prevención se logró salvar la vida de una víctima de alto riesgo»

El jefe del Emume de la Guardia Civil, el subteniente José Luis Seoane, explica que en su demarcación no se han detectado incrementos ni descensos bruscos de los casos

El subteniente José Luis Seoane en las dependencias del Emume de la Guardia Civil. E. D.

El subteniente José Luis Seoane lleva casi nueve años como jefe del Equipo Mujer Menor (Emume) de la Guardia Civil, la unidad encargada de abordar los casos de violencia de género. Una de sus funciones consiste en «fiscalizar» o supervisar el trabajo de prevención y seguimiento que se presta a las afectadas desde cada uno de los puestos del cuerpo de seguridad de la provincia, con el objetivo de que se desarrolle de la mejor manera posible. Pero los integrantes de dicho Equipo de la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ) se ocupan del seguimiento de aquellas situaciones de mayor gravedad, con el objetivo de que exista mayor calidad en el servicio, en la medida en que se trata de víctimas más sensibles. Estos asuntos «se estudian de forma más exhaustiva y estamos más pendientes», debido a su peligrosidad, en función de los indicios, apunta Seoane. Y la protección permanente continúa de forma ininterrumpida hasta que desaparece el riesgo extremo.

En estos momentos, se estima que en la demarcación de la Guardia Civil en las islas de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro existen unas 1.200 mujeres a las que se hace seguimiento con diferentes tipos de niveles de riesgo. Y cada mes se trabaja, de media, con uno o dos casos de riesgo extremo (el máximo fijado), que requieren de protección física las 24 horas.

Según el mando, en el ámbito de la Guardia Civil, en los últimos años no ha habido casos de mujeres protegidas que hayan sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Seoane aclara que las muertes por violencia de género registradas en la provincia de Santa Cruz de Tenerife se han producido como episodios espontáneos.

«Hace dos años tuvimos un asunto por el que estábamos muy preocupados, pues había una situación de riesgo cierto», comenta Seoane. De hecho, el agresor se hallaba en prisión, «pero temíamos que pudiera salir» y actuar de forma violenta. Una noche se le detectó cuando se había aproximado a un zona en la que tenía prohibido entrar. Desde el Equipo Mujer Menor se avisó a patrullas de la Guardia Civil de Seguridad Ciudadana. Y una de ellas lo pudo interceptar. Cuando los agentes de uniforme registraron el coche del individuo portaba suficientes herramientas para acabar con la vida de la víctima y para hacerla desaparecer. «Aunque parezca un servicio sin importancia, es un caso singular y ahí se evitó un desastre», apunta el subteniente. La intervención se pudo hacer porque el implicado llevaba una pulsera electrónica. Pero, a nivel judicial apenas tuvo trascendencia, puesto que no se le pudo imputar ningún delito de carácter grave, como homicidio en grado de tentativa, por ejemplo.

Todos los guardias civiles reciben una formación en materia de violencia de género. No obstante, en los dos últimos años, el Instituto Armado ha impartido una preparación más específica sobre la materia a lo largo de los dos últimos años a todos los agentes destinados en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, a pesar de la pandemia y de que la asistencia a las clases debía ser más reducida. Los agentes reciben nociones sobre protocolos de actuación, pero también en la sensibilización a la hora de tratar a las víctimas, a actuar con empatía y con un poco de psicología.

Para el subteniente, también hay que poner en valor que, desde el 2019, la Subdelegación del Gobierno ha firmado convenios con varios ayuntamientos para que sus policías locales se incorporen al sistema Viogen, por lo que los agentes municipales colaboran en la protección de víctimas con bajo riesgo.

El mando de la Guardia Civil señala que, aunque los guardias civiles no son psicólogos, en muchas ocasiones, el perfil del agresor tiene que ver con su educación, así como con el entorno que lo rodeó en su infancia y pubertad. Es decir, si de niño o adolescente observó en su casa agresiones a su madre o su abuela, pues lo ve como algo normal. «Son valores erróneos que ha recibido», apunta. También está el «machista», aquel que no tiene definidos unos criterios de igualdad entre hombre y mujer. Otro indicador del potencial maltratador se halla en el individuo «muy controlador» sobre lo que hace su pareja: «¿A dónde va?, ¿Qué hace?, ¿Con quien habla?». Y otro elemento a tener en cuenta se halla en los celos exagerados.

En cuanto a la víctima, según Seoane, también coincide muchas veces el perfil de aquella mujer que ha visto que su madre, su tía o su abuela también sufrieron violencia por parte de sus parejas y lo aceptaban o no se quejaban. Pero aclara que, en cuanto a las afectadas, los perfiles son mucho más amplios que en el caso de los varones.

En cuanto a las denuncias recibidas en la demarcación de la Guardia Civil, explica que buena parte de los casos se registran en los núcleos de grandes concentraciones demográficas del Sur de Tenerife. En el transcurso de los últimos años, en el Emume se aprecia, de forma general, que no ha habido incrementos ni descensos bruscos en la cifra de denuncias de agresiones en la demarcación de la Guardia Civil.

Recuerda José Luis Seoane que «todo el trabajo que se hace para valorar el nivel de riesgo de las víctimas (no apreciado, bajo, medio, alto y extremo) se hace mediante una macrobase de datos denominada Sistema Viogen, que se alimenta con todos los datos que se introduce de cada caso y que, mediante la aplicación de unos algoritmos complejos, nos aporta el nivel de riesgo potencial de cada caso». Según el subteniente, al manejar información de todos los episodios de España y estar en vigor desde hace bastantes, el nivel de calidad es tal que ya algunos países europeos, incluido alguno nórdico, ya lo han copiado, al valorar su eficacia para predecir el riesgo de las víctimas».

Aunque prefiere no concretar, el jefe del Emume reconoce que «hay unos cuantos casos que son especialmente dolorosos; hay asuntos que nos afectan psicológicamente y tenemos que convivir con ellos». De hecho, algunas veces estos investigadores deben recibir ayuda psicológica» para afrontarlos mejor, no hasta el punto de recibir tratamiento, sino en el sentido de poder relatar sus pensamientos y emociones a un profesional que los aconseje. A propósito, Seoane admite que, «a mí, particularmente, me afectan más los casos de violencia de género en los que hay víctimas menores de edad».

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