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DÍA CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO. La realidad de las afectadas

«Tras estar a punto de morir, ahora me siento una mujer libre»

Tatiana Dueñas sufrió un calvario durante ocho años por culpa de su expareja y ahora vive con incertidumbre por sus tres hijos

María Tatiana Dueñas Núñez Delia Padrón

No tiene miedo a dar la cara, «porque yo no he cometido ningún delito», argumenta. María Tatiana Dueñas Núñez es una santacrucera de mediana edad. Vivió una auténtica pesadilla durante ocho años, por los celos y el comportamiento enfermizo de su expareja. No podía ducharse cuando le apetecía, ni tardar un poco más de la cuenta al ir a comprar «porque estaba con otro hombre». «Dudar de ti misma, de lo que has hecho, porque lo dice otra persona, es lo peor», dice. «Yo me veía loca, en el Febles Campos, dándome golpes contra una pared», aclara. Ante el hombre que la intentó matar tenía que «pedir perdón por cosas que no había hecho, ni que habían pasado, pero debía llorar y decir lo que él quería oír para que se calmara», cuenta Tatiana. Lo define como un maltratador y un psicópata. Por eso, hoy cree que su decisión fue la correcta: no denunció, le dijo que quería separarse y él la apuñaló y cortó el cuello hasta casi matarla. Pero salvó la vida. «¿Cómo te sientes hoy, más fuerte o más vulnerable que antes?» es la pregunta. Y la respuesta: «Más que vulnerable o fuerte, me siento una mujer libre». 

Es consciente de que nadie le va a devolver su salud mental. Cada noche, al acostarse, cierra los ojos y recuerda todo lo que pasó aquel 3 de mayo del 2020. Para Tatiana, lo más grave fue que sus tres hijos lo vieron todo y ella no pudo hacer nada por evitarlo. La mujer y los niños acuden al psicólogo para tratar de superarlo.

Tras el brutal ataque, el brazo derecho le quedó mal y no puede desarrollar trabajo alguno. Esa incapacidad le preocupa. Vive con la incertidumbre de cómo sacará adelante a sus hijos en el futuro, a medio y largo plazo. Sobre todo por que, hasta ahora, las ayudas que ha recibido no son suficientes para que cuatro personas vivan con dignidad.

Percibe 451 euros por ser víctima de violencia de género y 108 por el ingreso mínimo vital. Ya recibió la única ayuda que hay del Instituto Canario de Igualdad (ICI) y, una vez al año, tiene derecho a la del Instituto de Atención Social Sociosanitaria (IASS) del Cabildo (un baremo en función de los gastos suyos y de sus hijos). Para comer, en meses alternos recibe de la trabajadora social de zona el bono para comprar en un supermercado. Y con frecuencia acude a una asociación que reparte alimentos. Está muy agradecida a las mujeres que la atienden en dichos organismos. Pero, en el plano económico, manifiesta: «vivo en negativo». Por ejemplo, la solicitud de ayuda al alquiler la presentó en junio pasado, pero a día de hoy todavía no la ha ingresado, señala. Tan solo por la casa, el agua y la luz, abona cada mes 509 euros. Sus preguntas son recurrentes: «¿Qué va a ser de mi vida? ¿Cómo voy a criar a mis hijos?». Admite que ni el Estado, ni el Gobierno ni el sistema son culpables de lo que le ocurrió. «Pero creo que las mujeres que han pasado por agresiones machistas estamos en desamparo; veo que no hay medios para ayudar a las víctimas», comenta.

Afirma que no quiere regalos, solo ayudas, como, por ejemplo, una vivienda por la que pague un alquiler acorde a sus ingresos. Acaba de presentar los papeles al organismo competente a ver si le reconocen la incapacidad para trabajar y así cobrar una pensión.

La vida sigue

Su juicio se celebró en octubre pasado. El acusado fue condenado a 14 años y 11 meses de prisión. Pero la sentencia ha sido recurrida por el implicado. En cualquier caso, el agresor carece de bienes o ingresos con los que compensar a Tatiana. «La vida sigue, más allá de que haya condena y de que pase 50 años en la cárcel», explica Tatiana. «Mi vida y la de mis hijos son las que han quedado truncadas», reconoce. Aunque se siente «libre», vive con inseguridades. Tiene miedo a estar sola de noche en la calle, así como a subir o a bajar escaleras desde que se pone el sol. «La tranquilidad no llega con una condena», señala. Y tiene la sensación de que «las mujeres estamos muy desprotegidas».

"A mí el 016 no me ayudó"

María Tatiana Dueñas Núñez afirma que el teléfono de ayuda a mujeres maltratadas (016) a ella no la ayudó. Después de siete años de terrible convivencia con la persona que casi la mata, un día se decidió a llamar. Fue el 2 de febrero del 2019. Recuerda que ese sábado estuvo llorando durante un buen rato, mientras se hallaba sentada en un banco del centro comercial Meridiano. Cuando hizo la llamada, le respondió una joven. La respuesta fue que denunciara a su agresor y, a partir de ahí, hablaría con una abogada «y ya veremos». Para María Tatiana, esa no era una opción. Pues la víctima creía que, si lo denunciaba, lo podrían detener, pero quedaría en libertad y la hubiera ido a matar. Y se pregunta: «¿Cuántas mujeres han muerto ya y tenían orden de alejamiento?». «Por eso volví a mi casa con la cabeza agachada» para seguir soportando el calvario, comenta.

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