Los cuatro acusados de unos altercados en el campamento de migrantes de Las Raíces han negado las agresiones y las amenazas que les son atribuidas, al igual que los trabajadores de la ONG que gestiona estas dependencias, en contra de lo que sostienen los vigilantes de seguridad.

La Fiscalía pide para cada uno de los procesados, que se encuentran en situación de prisión provisional comunicada y sin fianza, 11 años de cárcel por un delito de desórdenes públicos con instrumento peligroso y otro de amenazas condicionales, y dos de ellos por cinco y un delito leve de lesiones.

Los hechos se produjeron el pasado 28 de abril en la zona de duchas del campamento, donde según sostiene el ministerio público y hoy en el juicio han corroborado varios vigilantes, uno de los acusados agredió a una trabajadora, tras lo cual fue reducido y llevado en volandas hacia otras dependencias del centro.

En el trayecto, los vigilantes afirman que recibieron patadas y alguna pedrada y fueron amenazados de muerte verbalmente, con gestos de cortar el cuello y con cuchillas y palos, y tuvieron que hacer un cordón de seguridad hasta la llegada de la Policía Nacional.

Estos han declarado en el juicio que sintieron miedo y vieron amenazada su integridad física, y han acusado a los trabajadores de la ONG ACCEM de ayudar a los usuarios del centro a ocultar las cuchillas con las que supuestamente los amenazaron.

Nuevos altercados en el campamento de Las Raíces Andrés Gutiérrez

Por contra, varios trabajadores de la ONG han negado que las esgrimieran para amenazar a los vigilantes, sino para autolesionarse, como una forma de externalizar su frustración y la tensión del momento.

E incluso han desmentido categóricamente que el origen del conflicto fuera la presunta agresión de uno de los acusados a una vigilante de seguridad en la zona de duchas; ni siquiera medió provocación alguna, ni el ambiente era agresivo y todos llevaban puesta la mascarilla, en contra de lo que afirma la acusación.

El presunto agresor también ha negado este extremo y ha asegurado que a la hora de abrirse las duchas hubo una especie de avalancha y chocó fortuitamente contra la vigilante, pero que no llegó a caer al suelo, como sostiene aquella y varios compañeros que han declarado en la vista oral.

Ha confesado que mordió a uno de los vigilantes que lo inmovilizó porque se estaba asfixiando y que luego no vio nada porque lo llevaron en volandas a otras dependencias con la cabeza agachada.

Altercados en el interior del campamento de acogida de migrantes en Las Raíces El Día

Los otros acusados han rebajado su participación en los hechos, bien porque se limitaron a pedir que soltaran a su compañero, porque no saben hablar español, con lo que no pudieron pronunciar algunas frases amenazantes que se les atribuyen, y uno de ellos dijo que cuando se produjo el incidente estaba durmiendo la siesta y que lo único que hizo fue grabar un vídeo cuando vio el ambiente revuelto.

Visiones antagónicas

A continuación han declarado los testigos, agrupados en dos bloques con versiones antagónicas: los vigilantes de seguridad por un lado y los trabajadores de ACCEM por otro.

La vigilante presuntamente agredida ha contado que los usuarios del campamento ese día "no estaban colaborando" ni querían esperar por su turno para la ducha, y estaban "bastante agresivos", en especial los cuatro acusados.

Ha dicho que uno de ellos, identificado como Tarik, fue el que peor se comportó, dirigiéndose a ella en actitud "vejatoria", tocándole la mano y subiéndose a la valla y escupiendo cerca de ella.

Luego aprovechó que hubo una suerte de avalancha para acceder a las duchas para pasarle por encima y pisotearla. Un compañero ha añadido que también le propinó un puñetazo.

Lo que sucedió a continuación, cuando éste y otro usuario se encerraron en un cuarto de mantenimiento, además de varios vigilantes, ya genera más confusión según la versión de las partes.

Los vigilantes han tenido dificultades para identificar en la sala quién se supone que agredió con una barra de hierro a un compañero bien por el tiempo transcurrido -siete meses- y porque los acusados han "cambiado mucho" de aspecto, o quiénes fueron los agresores durante el traslado de Tarik a unas dependencias más seguras.

Los trabajadores de ACCEM en ningún momento vieron golpes ni amenazas de los menores migrantes a los vigilantes, piedras ni palos

En cuanto al modo en que lo trasladaron, en volandas e inmovilizado de manos y pies, han esgrimido que en ese momento consideraron que era lo más adecuado y porque no paraba de lanzar patadas al aire, igual que el cordón de seguridad por fuera de la zona de oficinas.

Tampoco ha habido unanimidad entre los vigilantes en cuanto al grado de participación de todos los acusados en los hechos.

Menos dudas ha tenido uno de estos trabajadores, quien sin ningún género de dudas ha afirmado que los cuatro fueron "los banderillas", los más implicados en las hostilidades, dentro de la turba que se había formado en el campamento, en la que ellos estaban en inferioridad numérica.

Creen los vigilantes que su actuación fue proporcional a la gravedad de los hechos y ha añadido que ya estaban "en alerta máxima" por otros incidentes previos acaecidos en el campamento de Las Raíces.

El responsable del programa de intervención de la ONG en el centro ha indicado por contra que una actuación de los servicios de seguridad como aquel día "no la había visto ni la he vuelto a ver".

Ha considerado que se emplearon "muchos" vigilantes para inmovilizar y aislar a "un solo chico", lo que cree que "alteró bastante" los ánimos del resto de usuarios del campamento, ya de por sí alterados por el "alto nivel de frustración" de aquellos días por retrasos en las solicitudes de asilos o no poder viajar a la península.

El coordinador de la ONG ha negado que los chicos estuvieran agresivos, sino más bien exaltados, y lo que hacían era pedir a los de seguridad que soltaran a su compañero.

Varios trabajadores de ACCEM que han declarado en el juicio que solo presenciaron el tumulto que se formó cuando llevaban a Tarik en volandas, y en ningún momento vieron golpes ni amenazas a los vigilantes, piedras ni palos.

Sí vieron a algunos usuarios con cuchillas que estaban sacando de la funda de las hojillas pero para autolesionarse, según su versión.

Uno ha admitido que recogió una cuchilla del suelo y se la guardó en un bolsillo pero al final se la entregó a una agente de la Policía.

También han declarado otras dos trabajadoras de la ONG que estaban en la zona de duchas donde se desencadenaron los incidentes.

Han contado que, en tono de "broma", uno de los acusados le tocó el pelo a la vigilante de seguridad y ella no se lo tomó a mal, pero su compañero se lo reprochó.

Ahí hubo un momento de tensión con intercambio de miradas desafiantes y una de las trabajadoras pidió en voz alta que "se acababan las tonterías" y que, "por favor, se calmara el ambiente".

Luego, cuando se abrieron las duchas, según la versión de estas testigos, no hubo agresión de ningún tipo, solo que varios vigilantes "acorralaron" a Tarik y lo encerraron en el cuarto de mantenimiento, y al cabo de dos minutos abrieron la puerta, lo sacaron en volandas y se lo llevaron de allí.

El juicio proseguirá mañana en la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife con los testimonios de agentes de la Policía Nacional y las periciales de los forenses.