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«El término ‘pesadilla distópica’ resumiría bien lo que he vivido»

«El problema lo tiene un sistema judicial colonizado y bloqueado por el ultra conservadurismo», afirma el músico y escritor

El músico y escritor César Strawberry.

El músico y escritor César Strawberry. E. D.

El músico y escritor César Strawberry, nombre artístico de César Montaña Lehmann y líder de la banda de rap metal Def con Dos, inaugura el ciclo ‘Palabra de rock’ en Gran Canaria la próxima semana, cuando descubrirá su doble vertiente musical y literaria con una charla acerca de su proceso creativo, moderada por el crítico Xavier Valiño, seguida de un concierto en acústico.


Este 2021 debuta como monologuista con el show Libertad de ofensión. ¿Cuáles son los mimbres principales de esta puesta en escena?

El parón de la pandemia me ha brindado la calma necesaria para poder madurar una reflexión en voz alta que combina un repaso a la trayectoria del grupo en relación con los acontecimientos que han llevado a los países occidentales a llevar a cabo el mayor recorte de derechos fundamentales durante los últimos 30 años. De eso va el monólogo.

Tras la música y la literatura, ¿por qué quiso dar este salto a los teatros?

Más que «tras», yo diría «además», porque, mientras ultimo mi estreno como monologuista, sigo publicando canciones, dando conciertos y escribiendo. Durante los cinco años de persecución inquisitorial que me ha tocado sufrir, he tenido la suerte de poder participar en diversas ponencias sobre derechos humanos en varias universidades y foros de debate dentro y fuera de España, con los que pude darme cuenta de que, aparte de mis canciones y libros, tenía algo más que contarle a la gente, esta vez cara a cara. En efecto, usted ha sufrido una persecución judicial sin precedentes por haber ejercido su derecho a la libertad de expresión en su cuenta personal de Twitter.

¿Cómo vivió los años de ese largo periplo jurídico hasta la anulación definitiva de su condena en 2020?

El término «pesadilla distópica» resumiría bien lo que he vivido y lo que significa verte envuelto en una lucha a lo David contra Goliat para defender tu derecho a ser un punk, un majadero, un relator insolente de la realidad que te rodea, un defensor de la creatividad crítica, marginal y desinhibida, sin temor a que las cloacas del Estado se movilicen para tratar de llevarte a la cárcel por ejercer tu legítimo derecho a la libertad creativa y de expresión.

¿Diría que su caso particular pone de manifiesto que el sistema democrático español tiende a emprender una caza de brujas hacia un perfil ideológico concreto?

Creo que son ya muchos los datos que alimentan la sospecha de que con Fernández Díaz al frente de Interior pasaron demasiadas cosas que no deberían pasar en una auténtica democracia, como la «Operación Cataluña» -y aquello de «esto la Fiscalía te lo afina»-, la «Operación P.I.S.A.» contra Podemos, o la «Operación Kitchen», que puede sentarle ahora en el banquillo. Creo que las llamadas «Operaciones Araña» desarrolladas bajo su mandato, en una de las cuales se me detuvo a mí, deberían investigarse también por si formasen parte de la misma trama.

¿En qué medida resulta particularmente peligroso que se criminalice a las voces disidentes provenientes del sector de la cultura, cuya esencia es promover el pensamiento crítico y libre?

Sin ir más lejos, en la medida en que vulnera de modo flagrante los artículos 16.1 y 20 de nuestra Constitución, el Convenio de Derechos Humanos de la Unión Europea y la Declaración Universal de Derechos Humanos, por poner solo tres ejemplos.

¿Cree que España sigue teniendo hoy un grave problema de libertad de expresión?

El problema lo tiene un sistema judicial colonizado y bloqueado por un ultra conservadurismo que pone en peligro el normal funcionamiento del Estado de Derecho.

Y a raíz de la pregunta anterior, ampliando el marco a cuestiones como la homofobia o el racismo, ¿España tiene un grave problema de tolerancia?

Nunca he considerado a España un país especialmente intolerante en el contexto de la Unión Europea. Los casos de racismo y homofobia son el resultado de la estrategia de una ultraderecha emergente que parece haber encontrado un nicho rentable en enfrentar a la sociedad alimentando el discurso del odio. El año pasado, Def con Dos publicaba el disco Gilipollas no tiene traducción, con el que la banda celebraba su trigésimo cumpleaños desde la publicación de su primera maqueta en 1989, con una vuelta a su sonido más punk-rap y la misma transgresión en sus letras, tampoco exentas de polémica.

Como compositor, ¿se reafirma en su derecho a escribir y cantar lo que les dé la gana?

Creo que esa pregunta queda inequívocamente contestada con el propio título del disco. Hemos querido celebrar el 30º aniversario de la banda con un trabajo que se entienda como un manifiesto a favor de la libertad creativa y el espíritu punk más gamberro, sin otra justificación.

¿Siente que aún pesa sobre su nombre la sombra de la imputación o ha podido retomar la normalidad en la vida cotidiana y profesional?

Como nos está demostrando esta pandemia, el término «normalidad» es algo que, lamentablemente, ya pertenece al pasado. Aunque profesionalmente vamos retomando poco a poco la actividad, después de 20 meses en dique seco, cuando me pongo paranoico he llegado a pensar que quizás este virus tan chungo fue creado por algún oscuro supervillano para lograr lo que no pudieron conseguir con mi persecución: sacarme de los escenarios. Por eso, entre otras muchas razones, seguimos y resistimos con más ahínco que nunca.

¿Cuáles son sus próximos proyectos, tanto en lo musical como en lo literario?

Pues seguir presentando el monólogo Libertad de ofensión, perseverar en la publicación de nuevos temas y remezclas regularmente, volver a girar con Def Con Dos sin mascarillas y terminar de escribir el libro, con el que llevo liado más de un año, para poder publicarlo a mediados de 2022.

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