Lleva 39 años en la Policía Local de La Orotava y es natural de este municipio. José Manuel Cabrera Dóniz habla con el agradecimiento de quien ha sobrevivido a la pandemia, tras estar a punto de morir tres veces en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Universitario de Canarias (HUC). Así se lo dijo la doctora que le hizo el seguimiento en los momentos más duros de su travesía por el calvario del covid-19, porque él, cuando su vida estaba a punto de acabar, se hallaba inconsciente.

«Estaba trabajando el 10 de marzo y un rastreador me llamó para decir que tenía que abandonar mi actividad, porque podía estar contagiado, ya que un contacto directo mío había dado positivo», explica este funcionario. Desde ese momento empezó a hacer la cuarentena. Solicitó cita para hacerse la PCR y le dieron para una semana después, el 17 de marzo, en un centro de Icod de los Vinos. Al día siguiente, le confirmaron que estaba contagiado. Relata que «una doctora se puso en contacto conmigo para decirme que siguiera en casa y que, si sentía malestar, que me tomara paracetamol, porque no había nada más».

«Durante dos o tres días me sentía horrible, especialmente por las noches, cuando estaba acostado; parecía como si me estuvieran cortando por la zona de las costillas», señala José Manuel. «Aunque de día aliviaba un poco, los dolores eran terribles», dice.

El 21 de marzo lo visitó un médico que hace el seguimiento de los casos positivos. Cuando comprobó su estado, avisó de forma urgente a una ambulancia para que lo trasladara al centro hospitalario de referencia para el Norte de la Isla. En Urgencias le dieron una información que no olvidará: «Me explicaron que iría directamente a la UCI y que estaría entubado», cuenta. Pero las siguientes palabras que escuchó no fueron menos preocupantes: «¿Quiere avisar a algún familiar?». En ese momento tuvo fuerzas para enviar varios mensajes a una de sus hijas en los que la advertía del lugar y la situación en la que se hallaba.

Avisó a una hija porque su esposa estaba ingresada en planta en el mismo hospital. La mujer también tenía el coronavirus y no lo sabía. Una mañana, esta se levantó para ir a trabajar, se cayó en su habitación y quedó inconsciente en el suelo. Fue llevada al citado recurso sanitario un par de días antes que su marido y, al realizarle las pruebas del coronavirus covid-19, dio positivo.

Cabrera Dóniz comenta que el momento de su traslado a la UCI «fue muy duro». «Yo era consciente de lo que me decían; por mi experiencia sabía que ese podía ser el final de mi vida», manifiesta.

Cuestión de días

Después del tiempo transcurrido, este policía local se muestra convencido de que si lo hubiesen llevado al hospital dos o tres días antes, la gravedad de su enfermedad podía haberse reducido a la mitad. Comenta que en las más de diez jornadas que tuvo el coronavirus y permaneció en su casa, sus pulmones se vieron muy afectados. Permaneció un mes y medio inconsciente en la Unidad de Cuidados Intensivos. Tiene claro que buena parte de ese tiempo lo mantuvieron boca abajo para que respirara mejor. En esas semanas también le practicaron una traqueotomía. «Cuando me desperté estaba amarrado y entubado», señala. Su esposa y sus tres hijos (dos mujeres y un hombre) recibían información diaria de su estado gracias a la llamada que la doctora les hacía de lunes a viernes. Los fines de semana no tenían datos sobre su evolución.

Una vez que recuperó la conciencia, pasó otro medio mes en la UCI. Reconoce que se daba «mil vueltas» en la cama para buscar una posición que le resultara cómoda. En su opinión, se dormía no porque hallara esa postura donde su cuerpo estuviera mejor, sino por el cansancio de darse tantas vueltas. Este vecino de La Orotava recuerda las palabras de la doctora que llevó su caso: «¡Usted es un valiente y, si no llega a ser por su valentía y su fortaleza, no sale de esta!». Tras dos meses en la Unidad de Cuidados Intensivos, debió pasar un tercero hospitalizado en planta del HUC.

Rehabilitación

Ya lleva más de un mes en fase de recuperación en su domicilio, aunque el proceso de seguimiento, revisiones y rehabilitación continúa. Admite que ahora «apenas puedo caminar y, desde que estoy de pie algún tiempo, me canso mucho». Durante 15 horas al día debe estar unido a una máquina de oxígeno, bien cuando está despierto o cuando duerme. Y, si sale, debe llevar un equipo portátil para ayudarle a respirar.

Durante estos más de cuatro meses, ha perdido buena parte de su masa muscular. De hecho, ha bajado 30 kilos de peso. Por el momento, tiene dolor en una mano y molestias en una rodilla. Estima que ambas dolencias son consecuencia de haber estado mucho tiempo boca abajo en la cama del hospital. Y para superarlas acude a un centro de rehabilitación. También piensa que no haber tenido historial clínico previo ni otras patologías crónicas le ha ayudado a salvar la vida.

Como ocurre con tantas otras personas que pasan o han pasado por esta pandemia, cuando observa los comportamientos irresponsables de personas de todas las edades en la medida en que no atienden a las normas para evitar los contagios masivos, este policía local de La Orotava afirma que «el ser humano no tiene miedo a morir». Aclara que las conductas incívicas que aparecen de forma diaria en los medios de comunicación «me dan muchísimo miedo, no las comprendo».

Las muertes

Lamenta que, entre otras cosas, los ciudadanos se acostumbran a contar a las personas fallecidas por la enfermedad y cada vez le dan menos importancia a esas muertes y lo que representan. También se muestra sorprendido por la falta de directrices claras por parte de las autoridades a la hora de transmitir mensajes eficaces a la población. Cree que, a veces, unos criterios se contradicen con otros que se lanzan al día siguiente.