La deficiencia del sistema y la mala gestión han sido determinantes en el abordaje de una crisis sanitaria que ha obligado a tomar decisiones apresuradas y ha puesto en evidencia el déficit de material y personal. Los trabajadores se han visto sometidos a una situación excepcional que sobrellevar sin directrices ni precedentes. Sobre este asunto reflexionaron ayer José Ángel Rodríguez, presidente del Colegio de Enfermería de la Isla y Levy Cabrera, secretario general del grupo sindical CESM Tenerife, en el debate Salud y Enfermería a un año de la crisis sanitaria, promovido por Prensa Ibérica a través de esta cabecera y con el patrocinio del Colegio de Enfermeros de Tenerife. En el encuentro digital, moderado por Verónica Pavés, redactora de EL DÍA, se realizó un recorrido y un análisis de la situación actual del Sistema Canario de Salud (SCS), después de haberse enfrentado a este reto de la pandemia.

La charla giró en torno a varios puntos claves que aglutinan las problemáticas del sistema, como son la falta de recursos humanos e infraestructuras, el reconocimiento de la categoría laboral A1 para el personal de enfermería, la teleasistencia y las listas de espera y la convocatoria de Oferta Pública de Empleo (OPE). El origen de todas las dificultades es que “el SCS arrastra las deficiencias y las estructuras del siglo pasado” y el aumento de la población imposibilta dar la cobertura sanitaria adecuada, en palabras de Cabrera. Esta afirmación se materializa, por ejemplo, en las listas de espera o en la falta de camas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), “que no son proporcionales a la cantidad de gente que atienden los hospitales canarios”. La falta de recursos y organización ha sido la tónica, según Rodríguez, para aumentar la gravedad de la situación, a pesar de la menor incidencia del virus en el Archipiélago. Además, el presidente del Colegio de Enfermeros, culpa al Gobierno de Canarias de la falta de “ganas de formar, de establecer guías de actuación, de negociar con los profesionales y de la carencia de una estructura directiva adecuada”. Un agravante de esta situación es el “cambio continuo de consejeros”.

El sistema sanitario se tuvo que enfrentar a una gran ola de contagios iniciales entre los trabajadores sanitarios, mientras “el Gobierno autonómico negaba las infecciones entre el personal y falta de material”, critica Rodríguez. “Las mascarillas quirúrgicas llegaban a usarse durante una semana, incluso en la UCI”, reconoce Cabrera. El presidente de CESM, hace una mención especial al Real Decreto Ley aprobado por el Gobierno de España, por el que se permitió contratar a médicos para trabajar en especialidades diferentes a las que habían estudiado e, incluso, a personas que aún no habían terminado su formación, medida que considera un “auténtico disparate”.

La insuficiencia de camas en UCI, además de personal, ha contribuido al engrosamiento de las listas de espera, un recurso que Rodríguez califica de “fraude, porque lo único que se quiere es operar más”. Sin embargo, una intervención quirúrgica necesita atención previa y post operatoria que se traduce, además de en camas, en enfermeros, anestesistas y todo un equipo de trabajo que “no se ha tenido en cuenta a la hora de elaborar esas listas de espera”. El número de personas que aguardan una operación no es lo único que se ha incrementado, Cabrera afirma que, también, “se han agravado las enfermedades crónicas por falta de control”.

La pandemia ha traído consigo la teleasistencia y el miedo o la imposibilidad de acudir al hospital, además ha afectado a las consultas, que cada vez distan más en el tiempo. Esto ha provocado una sobrecarga de las urgencias, ya que las personas que no son atendidas presencialmente o le dan cita para dentro de una semana, acude a este servicio. La consulta médica telefónica, según Rodríguez, debe ser complementaria y, en ningún caso, sustituir la presencialidad. Reconoce el beneficio de la función informativa y tranquilizadora en momentos de duda o ansiedad, pero destaca que no se puede “motivar esa cultura cortoplacista en la sanidad”. Además, incide en que “primero hay que potenciar la asistencia de contacto humano y, solo cuando esta sea excelente, pontenciar la otra”. Cabrera sabe ver el futuro en la teleasistencia y, por ello, recomienda “aprender a aplicar bien este recurso”, aunque mantiene que “la exploración del paciente es indispensable, y esta fórmula no debe mermar la calidad asistencial”.

Toda solución pasa por un aumento de la plantilla y de una dotación económica. Aunque, lo primero, es mejorar las condiciones de los que ya están empleados. Los contratos temporales, la carencia de OPE, y la desvalorización del personal de enfermería, al quedar relegado a la categoría laboral A2, precarizan el sistema y la vida laboral de los trabajadores.

“El sistema sanitario son recursos humanos, hay que tener los suficientes y, además, tienen que estar contentos”, son las palabras de Rodríguez antes de manifestar el malestar del colectivo por no ser reconocidos en la categoría A1, grupo en el que se engloba el resto de personal sanitario que está en posesión de un grado o equivalente. El presidente del Colegio de Enfermeros informó que, de no cambiarse esta situación, irían a huelga en los próximos meses, porque “la categoría A1 es necesaria, fundamental e indiscutible”.

Levy Cabrera también anunció su intención de convocar una movilización en contra de la excesiva termporalidad del personal. “Hay gente que lleva quince años trabajando y no figura en la plantilla”, recrimina. La propuesta del ministro de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta, para reducir la temporalidad en sanidad y estabilizar las plazas en un período de tre años fue duramente criticada por falta de inmediatez. “Dice que la ley se modificará en el segundo semestre de 2022, para ponerlo en marcha en 2023, y esto tiene que aprobarse ya”, insta Cabrera, a lo que Rodríguez añade que “deberían irse todos presos, no se puede hacer en tres años lo que no se ha hecho en diez”. En Canarias se agrava esta circunstancias, ya que según Cabrera, “somos de los territorios que peor ha gestionado las ofertas de empleo”.

Otro de los puntos a tener en cuenta son los conocimientos y la especialización. Rodríguez, desde el inicio de la pandemia reconoce haber propuesto un programa de formación para enfermeros que “no se tuvo en cuenta”. Ahora, la Organización Mundial de la Salud ha puesto el foco en este asunto y Rodríguez vuelve a destacar la importancia de la creación de cursos espcíficos o másteres que faciliten la asistencia en pacientes covid.

Además, es necesaria una reforma en la atención primaria para que se adecue a la complejidad actual y al número de ciudadanos. Actualmente, cada médico de familia atiende un total de 1.500 pacientes, Cabrera propone rebajar esa cifra a 1.200 y 800 en caso de pediatría. El presidente de CESM, también considera necesario añadir un tramo más de edad, el de más de 80 años, ya que este grupo requiere de mayor asisitencia y con más frecuencia, en muchos casos, incluso, domiciliaria. Para llevar a cabo esta reestructuración hay que aumentar la contratación de médicos y enfermeros, pero es indispensable porque “si la atención primaria funciona bien, el resto del sistema es más eficiente”, explica Cabrera, que añade que la sobrecarga de la asistencia hospitalaria muchas veces se debe a esta deficiencia.

Aunque Rodríguez reconoce que no estamos preparados para otra pandemia, ambos expertos aseguran que el sistema sigue en pie gracias a los profesionales que, día a día, lo sacan adelante.