«Fue espectacular, una explosión de vida en el mar». El fotógrafo y profesor de Educación Física Teo Lucas sale muy a menudo al mar frente a las costas del sur de Tenerife para retratar y disfrutar toda esa vida de la que tan poco se ve, siempre con permiso de las autoridades. Pero con lo que no contaba era con encontrarse de repente con diez ejemplares de rorcual tropical en pleno festín de trompeteros y otras especies de peces pequeños. Ocurrió frente al litoral de Los Gigantes, esa zona que se extiende entre Teno (Buenavista del Norte) y Rasca (Arona) que el 27 de enero se convirtió en el primer espacio marino de Europa declarado Patrimonio de Ballenas, Zona Especial de Conservación (ZEC) y Punto de Esperanza Marina.

El festín de un gigante del mar

Los diez ejemplares de esta especie de ballena, uno de los gigantes del mundo, estaban de paso por la Isla –suelen visitarla a menudo– y aprovecharon para llenar las reservas de energías con las que recorren miles de kilómetros. El fotógrafo vio a algunos de ellos emerger de las profundidades, colocarse de lado, abrir sus enormes fauces y atrapar kilos y kilos de pequeños trompeteros, dejando tras de sí un remolino de espuma. Los rorcuales tropicales o Balaenoptera edeni suelen nadar en solitario por los mares más cálidos. Es un gran desconocido para la ciencia aunque los tinerfeños lo pueden encontrar a apenas unas millas de la costa del suroeste. Vidal Martín, presidente de la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en Canarias (Secac), explica que la desinformación que envuelve al rorcual tropical es la tónica de la mayoría de ballenas: “Tristemente hay poca financiación para la investigación de las especies marinas en Canarias”.

El festín de un gigante del mar

Fue una escena inusual, como explica Teo Lucas. Si bien es frecuente verlos por las aguas isleñas, no todos los años se puede contemplar una reunión con tantos rorcuales en esta zona del Atlántico. Gracias al encuentro, Lucas pudo contemplar la forma en que estos cetáceos cumplen su función en el ciclo de la alimentación: los delfines moteados atacan en las partes inferiores de los bancos de peces, con lo que van subiendo a la superficie y terminan convirtiéndose en presa de los rorcuales y las gaviotas, que luchan por hacerse un hueco y conseguir su parte.

El festín de un gigante del mar

La forma de alimentarse de estas ballenas es muy peculiar, ya que lo hacen mediante embestidas laterales, denominadas “engullidores” porque se abalanzan sobre los bancos de pescado. No se tiene clara su taxonomía, es decir, la clasificación de la especie en el mundo animal, por lo que no se puede saber si se encuentra en peligro. Sin embargo, Vidal Martín denuncia que en Canarias todas las ballenas están en riesgo de extinción y enumera los principales peligros. “La colisión con embarcaciones y la degradación del medioambiente por la contaminación a la que están expuestas las aguas canarias”.

El rorcual tropical es todo lo contrario a un animal sedentario y, aunque no se conocen exactamente sus movimientos, un estudio de Madeira comprobó que a estas ballenas les gusta desplazarse a diferentes zonas a través de largos viajes. Los rorcuales del estudio nadaron con rapidez desde Madeira a Canarias y luego de vuelta a las islas portuguesas. Martín aclara que seguramente hagan desplazamientos más extensos hasta el Golfo de Guinea. Antes de la pandemia la Secac realizaba investigaciones sobre las diferentes ballenas que tienen registradas pero con la llegada de la Covid-19 todo cambió. “Estamos faltos de fondos para salir al mar y la pandemia ha dificultado nuestro trabajo. Ahora subsistimos a través de donaciones”, detalla.

Ver a un rorcual es complicado

El rorcual tropical es un habitual en las aguas tinerfeñas pero conseguir verlo es una tarea ardua. Sus desplazamientos constantes y rápidos hacen que ver a esta ballena sea complicado. Esta subespecie de rorcual no es la única que habita en los mares isleños. En algunas épocas del año también se pueden observar ejemplares del rorcual norteño y el rorcual común, siendo este último el segundo animal más grande del mundo, con una longitud que ronda los 27 metros.

La zona en la que aparecieron los 10 ejemplares tiene una enorme y rica biodiversidad marina. De las 79 especies de cetáceos que habitan el planeta, ejemplares de 26 de ellas han sido vistos en la franja marina de Tenerife entre Teno y Rasca, y algunas viven de forma permanente. En estas aguas calmas y subtropicales sobresale la colonia estable de ballenas piloto –también conocidas como calderones tropicales–, formada por unos 250 ejemplares. Pero además de estos cetáceos sociables y habituados a la presencia humana también se pueden ver cachalotes, los comentados rorcuales tropicales, delfines, orcas o zifios. De ahí que la Alianza Mundial de Cetáceos eligiera a principios de año la franja de Teno-Rasca como el primer Lugar Patrimonio de Ballenas de toda Europa y el tercero del mundo, después de Hervey Bay (Australia) y The Bluff (Sudáfrica).