Los brotes de coronavirus irrumpen en diversos escenarios, desde la celebración de un cumpleaños multitudinario o una boda, hasta una reunión entre un grupo reducido de personas no convivientes en la que se incumplen las medidas de seguridad. Además, las ramificaciones a otros entornos son muy frecuentes por los movimientos que realizan los pacientes que han contraído la afección, lo que favorece la transmisión del microorganismo.

Canarias registró en noviembre de 2020 el foco más numeroso que se ha producido hasta el momento en la comunidad autónoma. Se originó en Tenerife, en la residencia de ancianos Hogar Santa Rita, y reunió 412 contagios entre usuarios y trabajadores –suman casi 750 entre todos–. Un total de 25 residentes falleció por las complicaciones provocadas por el virus. Meses antes, en agosto, el Archipiélago había detectado un brote en el ámbito del ocio nocturno en Gran Canaria, que fue el responsable de 127 infecciones. Este ha sido el segundo de mayor magnitud en las Islas.

Según los datos que maneja la Dirección General de Salud Pública del Gobierno autonómico, desde el inicio de la crisis sanitaria se han producido 4.836 focos, teniendo en cuenta los que agrupan un mínimo de tres casos, pues son los que se declaran al Ministerio de Sanidad. No obstante, el departamento incluye en su estadística a aquellos que engloban, al menos, dos cuadros clínicos, por lo que la cifra rebasa entonces los 7.600.

Ana Darias es la subdirectora médica de la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife y responsable de los equipos de rastreo, unos grupos que desempeñan un papel esencial en el control de la propagación del patógeno. Según relata la profesional, las labores de rastreo en la residencia de Santa Rita fueron “muy complejas”, no solo por el número de casos asociados, sino por las particularidades del centro. “Cuando saltó el primer paciente positivo, que fue un trabajador, iniciamos la búsqueda de todos sus contactos estrechos.

Seguimiento de los contactos

Para eso, tuvimos que averiguar qué parte del personal y de los usuarios había estado en contacto con él dentro de la residencia, pero la estructura que tiene Santa Rita hacía muy difícil el establecimiento de unas medidas de aislamiento adecuadas”, explica. A todo esto hay que sumarle que muchos de los residentes son personas con deterioro cognitivo, lo que ponía en peligro el cumplimiento de las medidas de distanciamiento, e incluso, el uso correcto de la mascarilla. «Todo esto influyó en el aumento del número de contagios», agrega Darias.

El rastreo y las tareas de seguimiento se prolongaron durante casi dos meses y, desde el 9 de diciembre, el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria asumió la gestión del espacio. En ese momento, ya sumaban 180 los pacientes positivos en la infección por SARS-CoV-2. «Fue muy complicado mantener durante tanto tiempo a los usuarios aislados en sus habitaciones. La Candelaria ofreció un gran apoyo y nosotros implicamos a médicos de Atención Primaria, pero fue una tarea muy difícil para todos», recuerda la facultativa.

Con el paso del tiempo, la cifra de afectados fue creciendo. «Hay que tener en cuenta que, cuando se detecta un positivo, es necesario realizar una PCR –o test de antígenos, si procede– a sus contactos estrechos a las 24 o 48 horas después de haberlos identificado. Si el resultado es negativo, hay que esperar nueve días más para practicar una segunda prueba y, durante ese tiempo, debe cumplir las medidas de cuarentena. Si el resultado de la segunda es positivo se repite el proceso», detalla.

En este sentido hay que señalar que, si se ha cumplido el período de cuarentena a rajatabla, no debería haber registro de contactos estrechos, pero las citadas complicaciones que sufrían muchos ancianos del Hogar Santa Rita interfirieron en algunos casos. Además, los rastreadores «sospechan» que algunos trabajadores que se encontraban asintomáticos no permanecieron en aislamiento domiciliario. Pero, ¿qué se entiende por contacto estrecho? Cualquier acción que implique haber estado durante más de 15 minutos y a menos de dos metros de distancia de la persona diagnosticada de la enfermedad en las 48 horas anteriores al inicio de los síntomas –en el caso de haberlos desarrollado–, o bien, de haber dado positivo en la prueba. También se tiene en cuenta el uso adecuado de la mascarilla.

Durante 2020 se produjeron 44 focos en centros sociosanitarios –la aparición de un caso en estos espacios ya constituía un brote–. Atendiendo al número de contagios, tras los contabilizados en el Hogar Santa Rita, los de mayor envergadura reunieron 61, 52, 46 y 43 contagios. Los usuarios y el personal de residencias fueron los primeros en recibir la vacuna contra el Covid-19 por ser el grupo más vulnerable. Gracias a la inoculación, en la actualidad, no hay casos de coronavirus en los centros de las Islas. Ya a principios de febrero comenzó a notarse el impacto del fármaco entre el colectivo, pues solo había 13 personas infectadas por el patógeno –ocho residentes y cinco empleados–, un dato que difería en gran medida del constatado hasta el 24 de diciembre, solo tres días antes del inicio de la campaña de vacunación, cuando había 187 usuarios contagiados en el Archipiélago y 83 trabajadores.

Un foco con ramificaciones

Armando Rivero es enfermero y uno de los tres coordinadores de los equipos de rastreo de la Gerencia de Atención Primaria de Gran Canaria. Este sanitario participó en el seguimiento del brote acontecido en el ámbito del ocio nocturno en la Isla, un foco que, en base a las palabras del profesional, tuvo ramificaciones en Fuerteventura y La Palma y que implicó casi un mes de intenso trabajo. «Todos los brotes numerosos son complicados porque requieren una extensa labor de búsqueda y asociación de contactos y, en este caso, algunos de los jóvenes afectados se habían ido de vacaciones. En ese momento, la segunda oleada estaba golpeando con fuerza a Gran Canaria y la capacidad de rastreo no eran tan potente como ahora, pero actuamos con la mayor rapidez posible», destaca.

Y es que todos los datos de los pacientes positivos se incorporan a la Red Canaria de Vigilancia Epidemiológica de Canarias (Reveca), por lo que a través de ella se van estableciendo vínculos. «Esto nos permite saber hacia dónde tenemos que dirigir la búsqueda», apostilla Rivero. «También es muy importante la colaboración», prosigue el enfermero, «que la gente a la que llamamos nos diga con quién ha estado las 48 previas y dónde».

A juicio del coordinador, la clausura de las discotecas fue «necesaria». La determinación la adoptó el Gobierno de Canarias el 20 de agosto, cuando la suma de positivos por este foco ya superaba el centenar. Solo una semana antes, el Ejecutivo había decidido reducir la actividad a los locales que contaran con terraza al aire libre, permitiendo ocupar el 75% del aforo y el consumo de bebidas en reservados nominativos. «Para la población es difícil entender las medidas de seguridad, pero en estos ambientes se relaja el cumplimiento y a este virus le gustan mucho las distancias cortas», sostiene con firmeza.

Este brote en concreto, se produjo en una zona de ocio de la capital y afectó a tres locales. Los primeros aquejados fueron personas jóvenes, pero el virus llegó también al ámbito familiar. «La mayoría no experimentaba sintomatología y no adoptaba las medidas de protección adecuadas. Esto hizo que aumentara el número de casos», añade Rivero.

Ámbito familiar y social

Según indica Salud Pública, los ámbitos en los que se origina la mayor cantidad de focos son el familiar (50%) y el social (25%). Si bien es cierto que también son habituales aquellos que se enmarcan en el entorno familiar-social. El 25% restante se asocia al contexto laboral, educativo y deportivo, siendo el primero de estos el que aglutina más contagios. Sin embargo, las ramificaciones al ámbito familiar suelen estar presentes en todos los brotes, independientemente de su origen. Actualmente, el foco abierto más numeroso tiene 98 casos asociados y se produjo en Tenerife, en el entorno laboral-familiar, lo que lo convierte en el tercero de mayor magnitud.

28 días inactivo

Un brote se considera cerrado cuando transcurren 28 días sin que se detecte un nuevo caso. Por el contrario, si continúan apareciendo, seguirá activo, lo que incrementa las posibilidades de que se constaten múltiples ramificaciones. De este modo, a pesar de que el foco se haya originado en el ámbito social, por ejemplo, puede extrapolarse al familiar, e incluso, al laboral y al deportivo. Según la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Canarias, los brotes que reúnen menos de una decena de cuadros clínicos asociados representan el 91% del total.