Después de crear en 2015 la Fundación Canaria Telesforo Bravo-Juan Coello, su director Jaime Coello no ha cesado en la denuncia de comportamientos irrespetuosos con el territorio, la flora y la fauna. Alega que parte del deterioro que sufren los paisajes protegidos se debe al postureo, el desconocimiento o prácticas incívicas. Asimismo, la organización participa activamente en la preservación del patrimonio científico natural, el acercamiento de valores mediante la educación o la realización de diversas actividades como rutas guiadas o visitas. De esta manera su lema “conocer para conservar” cobra sentido

La Fundación Canaria Telesforo Bravo-Juan Coello lleva desde 2015 ejerciendo una defensa a ultranza del entorno natural canario para su protección. Nieto del primero e hijo del segundo, Jaime Coello Bravo (1973, Puerto de la Cruz) es su director. Su labor y la de la entidad se centran en la preservación del patrimonio científico natural, la educación a través de diferentes actividades y, quizás la cara más visible, la reivindicación y denuncia de las agresiones que sufre el medio ambiente.

¿De dónde surge la necesidad de crear una fundación a nombre de Telesforo Bravo y Juan Coello? Más allá de honrar su labor investigativa

Mi abuelo, Telesforo Bravo, nos dijo con cierta sorna que hiciéramos lo que nos pareciera con su legado, pero los familiares estuvimos convencidos de que quería que estuviera al servicio de la gente. Tanto él como mi padre, Juan Coello, eran unos enamorados de su trabajo y del medio ambiente, por ello también estimamos necesario incluir esa defensa del entorno dentro de los objetivos fundacionales.

Participan activamente en la denuncia de comportamientos irrespetuosos con el medio natural, ¿cómo es ese proceso?

Recibimos mensajes casi a diario por diferentes vías donde nos informan acerca de infracciones. Nosotros tramitamos la denuncia si existe una infracción administrativa o penal y lo derivamos al Cabildo, Seprona o al órgano correspondiente. También procuramos hacer una publicación en redes que siente la base para hacer una reflexión ambiental y que la gente entienda qué comportamientos no se deben imitar por puro postureo.

¿Puede nombrar algunas acciones aparentemente inocentes que dañan o alteran el entorno?

Una es la intromisión en zonas protegidas de alto valor natural, donde la gente no se da cuenta que acceder y caminar en ellas es un problema que, como se copia, se va magnificando. Asimismo, la manía que hay ahora de sacarse fotos en determinados lugares, como el Arco de la Negrita en Izaña o el de Tajao, que son muy frágiles y se ponen en peligro. Por otro lado, encontramos dibujos o nombres en las propias plantas o en el patrimonio arqueológico, además del habitual abandono de residuos por parte de excursionistas. Hemos detectado un repunte de personas que se dedican a depositar escombros en áreas naturales cuando creíamos que ya estaban mentalizados sobre llevarlos a un punto limpio.

¿Han notado un mayor nivel de conciencia ecológica a raíz de las numerosas campañas surgidas el pasado año en redes sociales?

Por un lado, las actividades que hacemos suscitan cada vez más interés y parece estar aumentando la conciencia general, pero por otro hay un porcentaje de población refractaria que tiene la filosofía de “a vivir que son dos días”, pero mal interpretada. Estos comportamientos se reflejan en la naturaleza y nos terminan por afectar a todos. Por ejemplo, vemos en cunetas y áreas a las que solo se accede con vehículo mucha basura. Latas y botellas que se tiran por la ventanilla y se convierten en una trampa mortal para los animales que quieren beber algo de líquido.

¿De qué manera está afectando la pandemia a la gestión de los recursos? ¿Existe una política eficaz?

La ha agravado, al utilizar de manera constante plásticos de un solo uso y mascarillas desechables, lo que conlleva un gran retroceso. Importamos muchos envases, pero el porcentaje de reciclado es bajísimo y los complejos ambientales consumen cada vez más suelo. No se enseña a reutilizar, reducir o promover un consumo responsable. Tanto en energía, agua o residuos la primera regla es intentar no generar gasto y evitar su consumo en medida de lo posible, y más en un mundo totalmente finito y unas Islas tan pequeñas.

¿Por qué los canarios no tenemos un elevado conocimiento de valores históricos y ambientales autóctonos?

Creo que se ha fomentado mucho el sentido de la identidad de Canarias, pero solo en aspectos muy concretos como el folklore, las fiestas, la vestimenta... en ningún momento se ha asociado identidad con el entorno tan especial en el que vivimos. La gente no entiende que ser canario no es compatible con maltratar el medio. Vivir aquí es un privilegio, es un lugar muy especial y hay que cuidarlo. Nuestro lema es “conocer para conservar”. En mi opinión ha habido un error de base. Se creó un Servicio Regional de Educación Ambiental muy potente y se hizo un trabajo importante en los centros educativos, pero cuando las competencias pasaron a los cabildos empezó a tener siete velocidades diferentes según la isla, el interés y la orientación de cada grupo que gobierna.

¿Cuál es el mayor problema ambiental que atraviesa Canarias en la actualidad?

En cierto modo es la ocupación del territorio, la fiebre constructora de grandes infraestructuras. Hay que empezar a abrir el debate sobre la capacidad de carga de cada isla, cuánta gente es capaz de vivir en ellas. Se trata de la suma de la superpoblación, la ocupacion del territorio y los problemas añadidos. Hay que empezar a tratarlo, pero no desde la xenofobia, nosotros no compartimos un discurso de ese tipo, pero sí valorar cuántos pueden vivir aquí en condiciones óptimas.

Realizan talleres, cursos, actividades...¿Cómo se puede participar en ellas?

Se pueden informar a través de las redes sociales o escribiéndonos al correo de la fundación. Invitamos a la gente a que se haga colaboradora apoyándonos con una cantidad prácticamente simbólica de 2 euros al mes y 24 al año. Afortunadamente, tenemos un grupo cada vez más grande y las actividades tienen una aceptación muy elevada. También ofrecemos nuestra asistencia a los centros educativos o de cualquier tipo, siempre que nos llaman ahí vamos. A causa de nuestra vocación de servicios, tratamos de llegar a todos los lugares posibles.