El H10 Costa Adeje Palace se convirtió durante dos semanas en el ‘hogar’ de 893 turistas, en una especie de burbuja para aislarse de un mundo que no dejaba de generar noticias nuevas alrededor de un virus de origen chino. Lo peor estaba por llegar, y las malas noticias comenzaban a ganar peso conforme avanzaba un ‘encierro’ que para muchos se convirtió en el banco de pruebas de lo que ocurrió cuando Pedro Sánchez decretó el estado de alarma.

Desinformación, intriga o incredulidad fueron los primeros sentimientos suscitados en la sociedad a raíz de la aparición de un nuevo virus, que difería de los conocidos anteriormente por no concentrarse en una determinada zona geográfica. Se extendía con rapidez y las medidas para su contención resultaban infructuosas.

En Canarias, el pequeño archipiélago que a pesar de recibir millones de turistas se creyó blindado ante peligro alguno, los eventos culturales como el multitudinario concierto carnavalero de Carlos Vives, la presentación de la serie Hierro o el resultado de encuentros deportivos ya se disputaban su predominante espacio en las portadas de los periódicos con otros titulares como “Mil aislados en un hotel por coronavirus” o “Golpe al turismo al aconsejar Sanidad que no se viaje”.

Marzo, el mes de la confusión

El 24 de febrero se anunció el primer caso de Covid-19 en Tenerife, importado por un médico lombardo, y la imposición del aislamiento del hotel donde se hospedaba, el H10 Costa Adeje Palace, circunstancia que dejó aislados a los 893 turistas que, como aquel sanitario, también pernoctaban en esas instalaciones. Para tratar de evitar una gran alarma social, y a causa del desconocimiento de los efectos que podría ocasionar este virus, se encadenaban unos mensajes contradictorios que derivaban en la normalización de lo que finalmente terminaría por dar forma a una pandemia mundial.

Mientras se creía que esta epidemia sería algo pasajero, varias campañas invitaban a los turistas a pasar la Semana Santa en las Islas. Ya por entonces se comenzaba a hablar de crisis del sector, pues los viajeros más cautos habían cancelado sus reservas previendo el aumento exponencial de medidas de contención en sus países de origen. Los hoteleros más ávidos, que eran testigos de cómo el 40% de sus clientes extranjeros desaparecían, hicieron del público canario su objetivo primordial para paliar la insólita situación.

El temor cogió protagonismo

A mediados del mes de marzo, las noticias se sucedían con rapidez, lo que terminó por infundir el miedo en los ciudadanos que veían cómo, poco a poco, las fronteras, cuyo propósito es delimitar físicamente los territorios, resultaban ineficaces a la hora de contener la propagación de un fenómeno intangible.

Portada de El Día sobre el inicio del cierre del hotel H10 Costa Adeje Palace. El Día

En el plano internacional, China confinaba la región de Wuhan e Italia aislaba el norte del país. Cuando el día 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló al brote de coronavirus con la denominación de pandemia, en la Península ya se comenzaban a cerrar colegios y universidades ante el riesgo de contagio. En Canarias, a medida que iban aumentando los casos positivos, el precio de las mascarillas se disparaba, llegando a costarle al Servicio Canario de Salud 12,75 euros un accesorio que antes adquiría por 0,97 céntimos.

Ya se empezaba a vislumbrar lo que ahora denominados “nueva normalidad” con la imposición de medidas como la suspensión de eventos multitudinarios, la prohibición de visitas a las residencias de ancianos y diversas limitaciones a prácticas de ocio y deporte.

A pesar de que la tasa de afectados por el virus en Canarias era del 0,002%, los rostros comenzaron a ocultarse tras trozos de tela sanitaria de color azul o blanco. Por entonces se desconocía el potencial de esta nueva prenda, que meses más tarde dejaría escenas insólitas como su venta por marcas de lujo a precios irrisorios.

Preparados para lo peor

El 14 de marzo, el presidente Pedro Sánchez declara la emergencia nacional ante el aumento incesante de casos. El Gobierno confina a los ciudadanos durante quince días, pareciendo esta cifra excesiva cuando era imposible prever su progresivo alargamiento. Comenzaba así una etapa marcada por la asfixia del personal sanitario, la expectación nacional ante las comparecencias diarias del experto Fernando Simón y la sobreexplotación de las plataformas virtuales de entretenimiento.

Portada de El Día sobre el final de la cuarentena en el H10 Costa Adeje.

Portada de El Día sobre el final de la cuarentena en el H10 Costa Adeje. El Día

En medio de esta amalgama de nuevos acontecimientos, en su mayoría impactantes por la crudeza que reflejaban, los canarios daban muestras de solidaridad, en auxilio a grupos de riesgo y aliviando la presión de los servicios asistenciales.

La elaboración de mascarillas solidarias, las recogidas de alimentos o la simple ayuda vecinal fueron algunas de las acciones que contribuyeron a la creación de incontables redes de apoyo ciudadano, sin las que numerosas personas se hubieran visto en situaciones de vulnerabilidad extrema.

Si algo ha aprendido la ciudadanía en este año, más allá de la necesidad de una buena higiene de manos y la utilización de medidas de protección, ha sido a valorar la importancia del personal sanitario, a respaldar al vecino que no puede salir a comprar sus medicamentos por encajar en los parámetros de riesgo o la solidaridad desinteresada a sabiendas del incremento de pobreza que va dejando tras de sí la epidemia.

Asimismo, la popularidad de la frase “el virus nos hará mejores” se desvaneció a la par que las medidas más restrictivas. Un año después de la cuarentena que se vivió en el H10 Costa Adeje, la sociedad sigue moviéndose a través de los mismos intereses, solo que ya la estabilidad en la vida no se considera una cualidad inamovible.