Los ingresos económicos han descendido de forma considerable, muchos trabajadores todavía siguen en ERTE y son pocos los turistas que caminan por las calles del entorno de La Caleta y de la iglesia de San Sebastián. Pero, por ahora, se mantiene cierto optimismo de que, poco a poco, la situación empiece a mejorar, de forma leve, a partir del próximo verano. Aún están cerrados numerosos locales comerciales y los negocios que continúan abiertos no tienen, ni de lejos, los recursos que facturaban hasta febrero de 2020. Las ayudas no llegan y persiste la incertidumbre. 

Un año después de que el positivo de un ciudadano italiano obligara a cerrar el Hotel H10 Costa Adeje Palace, en la zona de La Enramada, en Adeje, hay turistas, pero todavía son muy pocos para lo que eran los meses de febrero en el Sur de Tenerife. La actividad empieza a remontar, pero de forma muy lenta y con muy pocos clientes en los establecimientos alojativos del enclave situado entre el pueblo de La Caleta y la playa del Duque. Todas las personas consultadas coinciden en que la situación es muy complicada. Algunos pequeños empresarios se mantienen para intentar sobrevivir o con la esperanza puesta en que, algún día, todo vuelva a ser como fue hasta hace 12 meses. Otros lo han intentado, pero han vuelto a cerrar sus locales.

Hoy se cumple el primer aniversario desde que el edificio situado en la calle La Enramada se convirtiera en epicentro informativo europeo e, incluso, mundial. Un millar de turistas fueron confinados en su interior cuando aún se sabía muy poco del Covid-19. La prensa británica lo llamó el “hotel de la muerte”, en un nuevo alarde de sensacionalismo barato de rápido consumo. Pero la muerte llegó semanas después a todas las ciudades, pueblos, regiones y países, ricos y pobres; también al Reino Unido. Y con una fuerza que jamás se apreció en dicho complejo.

En la calle se ven pocos turistas caminando. Y, como es obvio, en horas diurnas el principal foco de animación está en las playas de la zona. Dos jóvenes de Europa del Este piden a un taxista que las lleve al Tenerife Top Training (T3), un centro de entrenamiento para deportistas, y otra pareja solicita a otro que la lleve al centro comercial Cosmos. A la parada situada ante el H10 Costa Adeje Palace, llega un tercer auto-taxi. El propietario de la licencia es Fidel Ramos, que reconoce que “ahora la cosa está muy complicada, pues están abiertos pocos hoteles”. En este sector de Adeje están funcionando el propio H10, el Sheraton La Caleta, el RIU Palace y parte del Royal Hideaway Corales Resort, que tienen turistas, pero que, como es previsible, “no están al 100 por 100 de ocupación”, apunta Ramos. Otros, como el Jardín Caleta o el RIU Arecas, carecen de actividad.

El cierre de la zona comercial situada en la Milla de Oro (Playa de las Américas, Arona) influye en que haya menos carreras y que una parte importante de las efectuadas tenga como destino el centro comercial Siam Mall. El parque acuático Aqualand abre de jueves a sábado, mientras que el Siam Park sigue con las puertas cerradas. “A veces, da miedo pasar por las noches” por la avenida Las Américas, donde se hallan espacios comerciales como el Safari y otros similares, cuenta Ramos, pues se ha vuelto un lugar sin apenas gente.

En estos momentos, desde hace tres meses, los taxistas de Adeje trabajan un día sí y dos no. Es decir, diez días al mes. Esa es la distribución que se ha hecho para que todos los dueños de licencia puedan salir adelante. Hay casos de taxistas que antes tenían un conductor asalariado, pero que han tenido que prescindir del mismo, porque ya los ingresos no lo permiten. Otro taxista, que prefiere mantener su anonimato, refiere que debe trabajar desde las ocho de la mañana a las diez de la noche para ingresar “40 o 30 euros”, cuando antes los ingresos diarios eran, al menos, de “80, 90 o 100 euros”. Tras el confinamiento, cada licencia podía operar un día de cada cinco. Y hubo un momento en que se decidió que una unidad funcionara un día de cada dos, pero esta alternativa tampoco resultó viable. Este autónomo aclara que “no da ni para pagar y las ayudas que prometen los políticos no llegan”. El abono de la Seguridad Social se afronta gracias al apoyo de las mutuas.

Judith Sándor es dueña de una parafarmacia en el centro comercial situado junto a la iglesia de San Sebastián. “Pasamos de trabajar y estar bien”, a que los ingresos hayan descendido en casi un 80 por ciento. Y, además, se queja de la falta de ayudas al sector. Ella, al menos, sigue con la actividad. Los dos locales que tiene a ambos lados de su tienda están cerrados. Uno abrió noviembre, diciembre y enero, pero este mes volvió a echar el candado. El otro negocio reabrió en agosto y paró en noviembre. Según Sándor, la mitad de las empresas del centro comercial siguen cerradas. El supermercado HiperDino Exprés ejerce de “locomotora” del recinto, en el que también intentan sostenerse una inmobiliaria, una tienda de ropa, una cafetería italiana y dos restaurantes. Las personas de vida alternativa o “hippies” que viven por la zona, tras ser expulsados de las playas de Diego Hernández y Los Morteros generan, algunas veces, algún contratiempo a los negocios. Sándor posee dos parafarmacias. Antes tenía cuatro empleados. Ahora, ella está en La Enramada y una trabajadora en el otro establecimiento. Los otros tres siguen en ERTE. “Los impuestos y la Seguridad Social no han bajado, mientras que el de autónomos ha subido”, explica la empresaria. En estos momentos, dice que “se vende lo muy necesario, lo más básico, como los protectores solares”. Lamenta la incertidumbre con la que se vive y critica varias medidas de las administraciones, algunas de las cuales califica de “incoherentes”.

Fabrizio es el encargado de una cafetería italiana en el mismo centro comercial. Tiene varias mesas ocupadas en su terraza y una más en el interior del local. Refiere que “en las últimas semanas parece que está mejorando un poco la cosa”. El establecimiento reabrió a principios de agosto. Estima que, según los días, la actividad ha descendido en un 80, un 70 o en un 65 por ciento. También cuenta con la ventaja de que posee clientela fija, como son vecinos de la zona o trabajadores, que acuden a tomarse un café o una pizza los fines de semana. Señala que “este es un local que siempre funcionó muy bien”. Hoy en día, en el negocio están activos cuatro trabajadores, mientras otros siete siguen en ERTE. Comenta que los ingresos han podido descender en una quinta parte o más, respecto a lo que era el funcionamiento cotidiano antes del 24 de febrero del año pasado.

Sin duda, uno de los lugares más concurridos de la zona es el quiosco Coqueluche, en la playa. Su responsable, Stéfano, se esfuerza por explicar las medidas de seguridad que posee este espacio, con cierre perimetral, entrada y salida diferenciada, separación de dos metros entre mesas y un máximo de cuatro clientes por mesa. No se permiten clientes en la barra. El encargado general de la compañía es Alejandro del Rosario Gorrín. Además de la proximidad del mar, el sol y el buen clima que suele haber en el lugar, una de las atracciones es el aterrizaje de parapentistas. De hecho, muchos familiares de estos últimos los esperan en el lugar. Casi todas las mesas estaban llenas pasado el mediodía de ayer. Además de los turistas procedentes de hoteles cercanos, al negocio también acuden residentes en los pueblos próximos.