La Universidad de La Laguna (ULL) expresó ayer su “enérgica condena” ante los incidentes que se produjeron el miércoles en el Rectorado. Así lo expresó ayer el equipo rectoral en un comunicado en el que informaron que, durante la tarde, una treintena de personas asaltó el edificio lagunero, rompió la puerta de acceso e irrumpió en el inmueble para unirse así a la decena de personas que están ocupando el espacio desde el pasado lunes. Estos jóvenes acampan desde comienzo de la semana en este lugar para exigir la dimisión de la rectora Rosa María Aguilar Chinea.

El equipo directivo recordó ayer que “esta es una universidad pública y respetuosa con los derechos y las opiniones de todos, pero no se pueden tolerar actitudes violentas que distan mucho de un comportamiento universitario”. Y es que recordaron que este grupo de manifestantes nunca ha mostrado la intención de “entablar un diálogo coherente” y ha forzado “a los profesionales del Rectorado a no poder ejercer su derecho al trabajo de forma presencial”.

Tras las denuncias realizadas por el grupo de jóvenes, la ULL afirmó ayer que “cualquier solución pasa por el previo desalojo del edificio” y añade que “todas las ideas son respetables y pueden ser legítimamente defendidas, pero nunca con violencia ni acciones intolerantes porque, además, buena parte de los concentrados no son siquiera personas pertenecientes a la comunidad universitaria”. Por último, en el comunicado emitido ayer lamentaron que en el edificio “no se están cumpliendo las preceptivas normas de distanciamiento social que marcan las autoridades sanitarias y existe por tanto un evidente riesgo de contagio”.

Estas movilizaciones encuentran su detonante en el incidente que se produjo la pasada semana en la Facultad de Bellas Artes, cuando la celebración de un congreso en el que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado realizaron un simulacro terminó con una carga policial y dos detenidos. Estos hechos, sumados a las quejas sobre cómo se está afrontando el inicio de este atípico año académico y el incumplimiento de la promesa de que se reduciría el pago para las segundas matrículas a partir de septiembre, provocó que el pasado lunes se organizara una concentración en el Rectorado de La Laguna para pedir la dimisión de Rosa María Aguilar.

Tras ser recibidos por la rectora pero no lograr su dimisión, una veintena de jóvenes decidió acampar en el aparcamiento del Rectorado en señal de protesta. Además, durante la noche se les dejó acceder a la planta baja para que tuvieran cobijo. Ante esta situación, el equipo rectoral decidió cerrar al público el edificio el pasado martes y que los empleados trabajaran desde casa. En el caso de las personas que no podían teletrabajar, han sido redistribuidas en otros edificios de la ULL. Así, el Rectorado ha permanecido cerrado durante todo este tiempo sin que accedan más personas que el servicio de seguridad de la ULL. Tras organizar varias concentraciones a lo largo de la semana, en la tarde del miércoles un grupo decidió saltar la puerta de acceso y unirse a los jóvenes que ya llevaban días pernoctando en el Rectorado. A pesar de todo, el equipo directivo precisó ayer que no se han producido grandes desperfectos en el edificio.

Hasta el momento, el equipo rectoral ha desestimado la posibilidad de acudir a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para desalojar a los jóvenes y espera que en las próximas jornadas recapaciten y abandonen el espacio para que este puede recuperar su actividad normal.