El catedrático de Historia de América en la Universidad de La Laguna Manuel Hernández González ha publicado un nuevo libro: "Los ocho monstruos de Monteverde. El destierro en Ceuta de dirigentes de la Primera República venezolana", de Ediciones Idea. En la obra también expone las vicisutes del gobierno de Venezuela presidido por Juan Domingo de Monteverde y Ribas, un marino nacido en La Laguna.

Monteverde llegó a unir a todos los sectores que estaban contra la Primera República de Venezuela, que se constituyó el 19 de abril de 1810 y que estaba sustentada en las élites de Caracas. El marino lagunero consiguió aglutinar sus tropas y los intereses de otros grupos, como las clases bajas, los llaneros, así como de las oligarquías de territorios como Coro, Maracaibo o Guayana, contra los poderosos de Caracas, que proclamaron la independencia de España.

Cabe destacar que era pariente de algunos dirigentes importantes del proceso independentista, como es el caso de José Félix Ribas, primo suyo y tío de Simón Bolívar. Hernández explica que tres hermanos Ribas estaban casados con otras tantas hermanas de la madre de Bolívar. Los tres eran hijos de Marcos Ribas, natural de El Sauzal y que fue regidor de Caracas. Domingo de Monteverde llegó a Caracas, acabó con la Primera República y se autoproclamó capitán general de Venezuela, a pesar de que la Regencia había nombrado a otra persona como gobernador en Maracaibo. Ante su ímpetu, las Cortes de Cádiz y el Gobierno español tuvieron que aceptarlo como capitán general.

Un elemento clave de este proceso fue la firma de la capitulación de San Mateo por parte de Domingo de Monteverde y Francisco de Miranda, otro hijo de tinerfeño precursor de la Independencia de América. Según dicho acuerdo, no se podía juzgar a nadie por lo que hizo en la Primera República (19 de abril de 1810 hasta el 25 de julio de 1812). Sin embargo, como recuerda el catedrático de la Universidad de La Laguna, Monteverde no lo cumplió, tras formar unas juntas que gobernaban de forma dictatorial, "desoyendo a la Audiencia de Caracas". Bolívar cogió preso a Francisco de Miranda y se lo entregó al nuevo capitán general de Venezuela, que lo deportó a Cádiz, donde falleció preso en la cárcel de La Carraca.

Advierte Hernández de que Domingo de Monteverde trató de forma muy distinta a Simón Bolívar y sus parientes, los Ribas, a quienes "les dio pasaporte para que salieran tranquilamente al extranjero", en el primer caso "por los servicios prestados (la traición a Miranda) y en los otros, por su parentesco". El autoproclamado capitán general hizo una lista de los enemigos principales y, de hecho, a ocho de ellos los envió presos a Ceuta. Y los llamó "los ocho monstruos". Cuatro eran americanos y otros tantos de la España peninsular. El catedrático señala que, entre los americanos, figuran el chileno José Cortés de Madariaga, canónigo de la catedral de Caracas; Juan Germán Roscio, abogado e ideólogo de la Primera República; así como los militares Juan Paz Castillo, hijo de un canario oriundo de Granadilla que llegó a alcalde de Caracas, y Juan Pablo Ayala, casado con una hija de Fernando Key Muñoz, quien llegó a ser el primer ministro de Hacienda venezolano y era hermano de Santiago, diputado en las Cortes de Cádiz.

Los "monstruos" nacidos en la Península son Francisco Isnardi, cirujano, secretario del Congreso y director del periódico oficial (La Gaceta de Caracas); los militares Manuel Ruiz y José Mires, que acabaron con los conspiradores contra la Primera República, así como José Varona, quien delató a los canarios que conspiraron contra el gobierno independentista. Afirma Hernández González que, en el episodio de la Sabana del Teque, 18 canarios fueron ahorcados por no querer ser gobernados por las élites de Caracas.

Los ocho "monstruos" fueron procesados y siguieron presos en Ceuta, a pesar de que "no habían cometido delito alguno después de la capitulación". De hecho, no tuvieron mucho tiempo. Fueron detenidos apenas un día después de la firma del acuerdo. Los cuatro americanos consiguieron en 1818 que un comerciante inglés los embarcara de forma clandestina a Gibraltar. Pero el gobernador de Gibraltar los devolvió a Ceuta. Entonces, reclamaron a Londres que, con su devolución, hubo una ilegalidad porque se atentaba contra los Derechos Humanos. Las presiones del Reino Unido surtieron efecto y el Gobierno los puso en libertad. En cuanto a los cuatro peninsulares, Mires se fugó, volvió a América y ejerció como militar, con el grado de capitán, en la independencia. Los otros tres, Francisco Isnardi, Manuel Ruiz y José Varona, fueron liberados antes de 1819. Ruiz y Varona regresaron a América, donde siguieron apoyando la separación de España.

El gobierno de Domingo de Monteverde duró un año, porque Bolívar, con un ejército formado por colombianos y franceses, invadió Venezuela y ocupó Caracas en 1813. El marino lagunero huyó a Trinidad (Reino Unido) y, desde dicha isla, regresó a España y murió en Cádiz. Bolívar publicó su manifiesto de "Guerra a muerte", por el que españoles y canarios tenían que apoyar la independencia o serían condenados a muerte.

Para el catedrático, el "libertador" intentó simular que aquella era una guerra entre americanos y europeos (españoles) e isleños (canarios). Cuando muchos canarios intentaron huir de la nueva república por el puerto de La Guaira, Simón Bolívar ordenó fusilar a más de 200 españoles e isleños.