13 de octubre de 2020
13.10.2020
Cómic

'Subnormal': un grito de guerra contra el 'bullying'

Un cómic narra el acoso que sufrió el exjugador de baloncesto de la ACB Iñaki Zubizarreta | "Quiero dar voz a todas las víctimas que están pasando por este drama"

12.10.2020 | 23:48
'Subnormal': un grito de guerra contra el 'bullying'

Un muchacho está en el acantilado de la Galea (Getxo-Bizkaia). Aprieta los puños y llora. Quiere tirarse y morir despeñado. Es un niño de 11 años encerrado en un cuerpo de gigante. Mide el doble que sus compañeros de clase. En su mente solo hay una palabra: subnormal.

Subnormal es el insulto con el que le escupen cada día en el colegio. Así le llaman los compañeros más mayores. También la profesora. Y hasta el psicólogo. Subnormal. El muchacho se llama Iñaki. Pero todos le llaman Jacobo. "Jacobo, cuanto más grande más bobo".

Iñaki estuvo a punto de suicidarse aquel día en la Galea. Por suerte no lo hizo. Y hoy puede contar su historia, el espantoso bullying que sufrió y que le convirtió en un niño roto y en un adulto roto.

Iñaki es Iñaki Zubizarreta. Exjugador profesional de baloncesto de la ACB, hoy tiene 48 años. Mide 2,07 metros y se le siguen escapando las lágrimas cuando recuerda su infancia. El baloncesto le salvó la vida. Ahora se dedica a recorrer toda España impartiendo conferencias a estudiantes, padres, madres y docentes. El acoso escolar está incrustado en las aulas, pero Zubizarreta sabe que hay salida. Tanto para los acosados como para los acosadores. Eso sí, hay que actuar y jamás quedarse de brazos cruzados o soltar el absurdo mantra de "son cosas de niños".

Subnormal: una historia de acoso escolar es el título del impactante cómic que narra con crudeza las humillaciones, las burlas, el aislamiento y las palizas que recibió el niño Zubizarreta. Editada por José Luis Córdoba en Panini, con ilustraciones de Miguel Porto y guion de Fernando Fernández Llor, la novela gráfica muestra sin paternalismos la salvajada que supone el bullying. "Quiero dar voz a todos los niños y niñas que están pasando o han pasado por este drama. Es una experiencia dura y traumática que muchas veces queda en el silencio", explica Zubizarreta desde su consulta de masajes en la localidad de Getxo.

Un niño


Con un padre que medía 1,98 metros y una madre de 1,82, Zubizarreta nació grande. Enorme. Pero solo era un niño. En 6º de EGB, el primer día de clase, la profesora, una persona tóxica, nociva y malvada, soltó: "Hay dos tipos de alumnos, los listos y los listillos. Los primeros me gustan. Los segundos, lo tienen claro". Acto seguido miró a Iñaki y le sacó de clase. "Me llevó al psicólogo del colegio, que llegó a la conclusión de que yo era retrasado mental porque mis actos no estaban en consonancia con mi estatura. A partir de entonces, la maestra me dejó sin salir al recreo. Me aisló. Y me fui quedando solo, sin nadie. Encapsulado", explica el exjugador.

En las páginas de Subnormal se muestra cómo Zubizarreta se convirtió en blanco de los acosadores, estudiantes de cursos superiores. Le quemaron colillas en el pecho, le destrozaron la cara, le hicieron comer mierda en el váter. Un día la paliza fue tan descomunal que acabó en un hospital, en estado de coma. Hasta entonces no se había atrevido a confesar nada a sus padres. A partir de ahí, su padre tomó cartas en el asunto.

Zubizarreta salió a flote. El baloncesto le dio felicidad, compañerismo y, sobre todo, le enseñó a pedir ayuda. A pesar de todo, seguía siendo una persona rota. Con 32 años, y un nivel de ira inimaginable, decidió seguir a la que había sido su martirio: su profesora. La siguió por todo Getxo y, en el paseo de la playa, estuvo a punto de partirle la columna para que se quedara el resto de su vida en una silla de ruedas. Poseía -y posee- la fuerza física de un gigante. Tuvo un momento de lucidez y pensó que pasaría demasiados años en la cárcel. Cogió su moto y dio media vuelta.

Convertido en una de las voces más autorizadas para hablar del bullying, el jugador vasco no se cansa de repetir que los protocolos antiacoso de los colegios no pueden ser solo papel mojado. Todos se tienen que implicar: las direcciones escolares, los docentes, los padres, las madres y, por supuesto, los políticos. Y lanza un grito de advertencia a los progenitores. "Cuidado con la sobreprotección. Cuidado con darle todo lo que quiere a tu hijo. Cuidado con comprarle el último modelo de móvil. Cuidado porque a lo mejor estás criando a un acosador. Tu hijo no necesita eso. Necesita tu tiempo".

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