21 de septiembre de 2020
21.09.2020

Un tinto de Taganana bate récords

Si en 2014 fue un blanco, el Táganan Parcela Amogoje, el que cautivó al mismísimo Obama, un hermano tinto, el Margalagua, rompe registros en la Guía Parker

21.09.2020 | 00:07
Un tinto de Taganana bate récords

El proyecto Envínate, una sociedad enológica que reúne a un grupo de personas que se conocieron durante su época de estudiantes en la Universidad Miguel Hernández de Alicante, vienen desarrollando un concienzudo trabajo desde la filosofía del terruño, dirigido a la búsqueda de cepas olvidadas y de otras que resultan totalmente desconocidas en zonas tan distantes y distintas como la Ribeira Sacra (Galicia), Extremadura, Albacete o en parajes de Santiago del Teide, el Parque Rural de Anaga o Los Realejos, en Tenerife. Hace ya años vienen recogiendo el fruto a un trabajo que de momento no tiene final.

En 2014, hasta el mismísimo presidente norteamericano Barack Obama se deleitó con unas copas del blanco Táganan Parcela Amogoje 2012 durante una velada en el restaurante neoyorquino Estela. Y quedó cautivado. No fue producto de la casualidad, tampoco del azar. La familia de los Táganan figura en las cartas de los más reputados restaurantes del mundo. Y es así porque los sumilleres han descubierto la excelencia de un producto diferente: único.

Ese blanco tagananero es un vidueño, fruto de cepas nativas centenarias, como la gual, forastera, malvasía, marmajuelo, albillo, listán blanco y otras, plantadas en terrenos del parque natural de Anaga, en unos suelos volcánicos orientados al norte, unas viñas abrazadas por las caricias de los alisios y humedecidas por el espray salino del Atlántico. A partir de un prensado suave de los racimos enteros y mediante una fermentación espontánea en barrica de 500 litros, donde se mantiene sin ningún tipo de trasiego durante 11 meses, se obtiene este tesoro.

Y de unas vendimias a esta parte, uno de sus hermanos, el Táganan Parcela Margalagua, ha ido creciendo por esos terrenos escarpados del macizo, madurando y forjando una personalidad propia que lo ha llevado a situarse entre los vinos más sobresalientes de la prestigiosa Guía Parker. Si el año pasado alcanzaba la calificación de 97 puntos sobre 100 para la añada de 2017, en el último listado lograba un récord: nada menos que 98 puntos. Extraordinario.

Los responsables de este milagro tienen nombres y apellidos: el proyecto Envínate, una sociedad enológica integrada por el tinerfeño Roberto Santana, junto a Alfonso Torrente, José Ángel Martínez Marchante y Laura Ramos, que se conocieron en la Universidad Miguel Hernández de Alicante y desarrollan su labor desde la filosofía del terruño, a la búsqueda de cepas olvidadas y de otras que resultan totalmente desconocida en zonas tan distantes y distintas como la Ribeira Sacra (Galicia); Extremadura, Albacete o en parajes de Santiago del Teide, Anaga o Los Realejos (Tenerife), a los que sumarán muy pronto otro cachito en Santa Úrsula.

"Aparte de las viñas antiguas, para nosotros es más importante la tradición vitícola mantenida durante generaciones", explica Roberto Santana. Y pone como ejemplo la listán blanco de la zona de Palo Blanco, en Los Realejos, también desdeñada por algunos entendidos al considerar que no es una uva que sirva de base para un "vino grande", pero que en el último listado de la Guía Parker se coronó con 97 puntos. Todo un hito.

"Si quiero plantar una viña, en ningún caso voy a comprarla en el vivero. O bien cojo la de un vecino o bien de una finca de mi propiedad". Esa práctica se ha venido haciendo así durante generaciones, de tal manera que el ADN del viñedo está adaptado a los microclimas. "Por eso, para el caso de Canarias preferimos hablar de la zona y de la tradición, de la gente que la cultiva, antes que de las variedades de uva".

Y aunque el término terroir a algunos les pueda sonar cursi, este enólogo destaca que tanto franceses como italianos "han sido los primeros que han empezado a estudiar factores como los tipos de suelo, la orientación e incluso la forma de cultivar, que produce vinos diferentes". También importante el carácter de le añada, pero lo es aún más "interpretar el alma del vino, una condición que transmite la gente que trabaja los viñedos". Y sostiene que no es lo mismo una persona que trabaje "por amor" a quien deba hacerlo por "necesidad y supervivencia". De ahí que uno de los objetivos que se plantean desde el proyecto Envínate es el de mantener el relevo generacional en la agricultura, "de forma que este sector esté bien remunerado y considerado socialmente, con gente formada, en el sentido de que no acabe convertido en el último recurso".

Como buen catador que es, no en vano su presencia resulta habitual de los campeonatos nacionales e internacionales de cata a ciegas, con galardones incluidos, el olfato de Roberto Santana le dice que "estamos yendo a un momento en el mundo vitivinícola que considero es muy bonito para España, sobre todo para Canarias, porque ya se están interpretando los vinos teniendo en cuenta las zonas, independientemente de las modas", concluye.

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