26 de junio de 2020
26.06.2020
Juicio por el triple asesinato de Guaza

El acusado reconoce ante el jurado que debió aceptar ayuda psicológica externa

La fiscal, el abogado de la acusación y el letrado defensor se reafirman en sus planteamientos iniciales | Ricardo pide perdón a las familias y dice que se arrepiente

25.06.2020 | 23:04
Ricardo Ortega afirmó que "una verdad a medio contar es peor que una mentira", pero insistió en reconocer los hechos.

El acusado de matar a sus padres y abuelo adoptivos en una vivienda de Guaza, en el municipio de Arona, en marzo de 2018, Ricardo Ortega, manifestó ayer que "me arrepiento y es algo que tendré en la cabeza hasta que me muera, pero también me arrepiento de volver a esa casa". Lo dijo en referencia a la vivienda de Llanos de Guaza en la que usó un cuchillo para acabar con la vida de Antonio Ortega, Carmen Martín Marante y Luciano Martín. El joven, de 25 años, reconoció que tenía que "haber aceptado ayuda externa" antes de llegar al extremo del triple asesinato.

El magistrado que preside el Tribunal del jurado en la Sección II de la Audiencia Provincial, Fernando Paredes, le otorgó la posibilidad de hablar después de que la fiscal, el abogado de la acusación particular y el letrado defensor elevaran a definitivas sus conclusiones, que coincidieron en lo esencial con sus planteamientos iniciales.

El procesado pidió perdón, otra vez, por lo que hizo en la madrugada del 23 de marzo del 2018 y quiso hacerlo "a la cara", cuando en la sala estaban presentes dos familiares de las víctimas. Buena parte de esa intervención la dedicó a matizar o desmentir algunas declaraciones realizadas durante la vista oral por testigos o peritos. Pero, en casi todos los casos, fueron asuntos de un interés relativo, muy concretos y que no afectan al fondo del caso que se juzga desde el pasado lunes. Un ejemplo fue que los guardias civiles que realizaron la inspección ocular no hallaron restos del porro que supuestamente se fumó antes de llevar a cabo los asesinatos. Ricardo afirmó que les dijo dónde estaba guardada la marihuana en su habitación a los agentes del Equipo Territorial de la Policía Judicial de la Guardia Civil del Sur de Tenerife. También cuestionó que el abogado de la acusación opine sobre si es bueno o no en baloncesto sin que lo haya visto jugar. Le molestó que se haya dejado entrever en alguna declaración que realizó favores sexuales a dos hombres con los que tenía amistad "y no es verdad". Además, no comprende "la inquina personal" que, al parecer, mostraron hacia él los investigadores de la Guardia Civil durante el proceso. En su opinión, pasó días muy malos en los calabozos del puesto principal de Playa de las Américas, en los que "no comía, ni bebía ni iba al baño".

La representante de la Fiscalía, María Isabel Oliva, indicó que hubo alevosía y ensañamiento por parte del joven hacia sus padres adoptivos, por lo que en ambos casos se trata de delitos de asesinato, para los que solicita 50 años de prisión en total. Así lo reflejan las decenas de lesiones de arma blanca que recibió la maestra en el colegio Pérez Valero de Los Cristianos, así como la quincena que le detectaron a Antonio, empresario agricultor. Además, la integrante del Ministerio Público recordó que el abuelo, de 87 años, era una persona especialmente vulnerable, que no tuvo oportunidad de huir y que fue apuñalado en la oscuridad. Luciano fue el último en ser atacado. Según el testimonio del acusado, se despertó y llamó por su hija. Ricardo Ortega bajó las escaleras con sus calcetines manchados de sangre y entró en el dormitorio del octogenario por la puerta del baño, que está en un lateral de la cama.

Gracias, entre otras, a la declaración de dos psicólogos del Instituto de Medicina Legal de Santa Cruz de Tenerife, María Isabel Oliva recordó en la sesión de ayer que el procesado no sufrió trastorno mental transitorio durante la comisión de los hechos ni en las horas posteriores, lo que hubiese borrado de su memoria buena parte de lo sucedido. Pero el único investigado relató con nitidez todo lo ocurrido esa madrugada y, de hecho, aseguró en la primera jornada del juicio que hubo un momento en que dudó entre "el bien y el mal", es decir, entre si tenía que evitar la brutal agresión o llevarla a cabo hasta las últimas consecuencias. Y, al final, escogió esta última alternativa. Los peritos también descartaron que padezca una enajenación mental, por lo que no hay motivos que impidan su imputación por el trágico suceso. Además, –recalcó– se trató de un acto voluntario.

"No hubo arrepentimiento"

Según el abogado de la acusación particular, Rubén González, n el procesado "no hubo arrepentimiento ni confesión". En esa línea, aclaró que llegó a reconocer lo que había hecho cuando se percató de que no tenía escapatoria y que los guardias civiles no se creían su versión de que fue una tercera persona la que llevó a cabo los asesinatos. El letrado defensor, Tanausú Martín, expuso que los padres de Ricardo "no estaban formados para saber tratarlo" y muchas decisiones que afectaban al joven las adoptaron de forma unilateral y sin contar con él; es decir, "por cojones", una expresión por la que el magistrado le llamó la atención. Planteó las conclusiones de forma vehemente y dijo que no hay pruebas para condenar al joven a prisión permanente revisable.

El camino que conduce a los hechos

La representante del Ministerio Público y el abogado defensor mostraron sus diferencias por los argumentos expuestos durante las conclusiones finales. A Martín Hormiga no le gustó que, mientras expresaba sus planteamientos al Tribunal de jurado, la fiscal gesticulara, supuestamente por la falta de fundamento de sus expresiones y al creer que no se ajustaban a las diferentes pruebas practicadas. El letrado defensor dijo que el acusado "no pudo autorealizarse" y eso no se puede compensar "ni con todo el dinero del mundo". Para la defensa, en la familia "no había feeling (sentimientos), cariño o calor humano". Y, a continuación, añadió que "esa es la tragedia, el camino que conduce a los hechos". También incidió en la contradicción que se produjo entre el primer policía local de Arona que llegó al lugar de los hechos y cinco guardias civiles. El primero de los agentes aseguró que encontró nervioso al presunto autor de los hechos, mientras que los miembros del Instituto Armado indicaron que lo hallaron "frío". También lamentó que la Policía Judicial no hiciera una recogida de cabello u otra muestra para probar o no que hubiera consumido droga antes de los asesinatos. El veredicto está previsto que se conozca en la jornada de hoy.

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